Breve reseña de la actuación del Batallón Lincoln en el Jarama (16-27 de febrero de 1937)

 

Zona de actuación del Bon.Lincoln.

El Batallón Lincoln se formó en Albacete, base de las Brigadas Internacionales desde su creación en octubre de 1936, con un contingente de voluntarios estadounidenses, además de otros grupos de canadienses, cubanos e irlandeses.Este Batallón, integrado en gran medida por trabajadores portuarios y estudiantes, fue adscrito a la XV Brigada Internacional, bajo el mando del “Gral. Gal”, nombre de guerra del húngaro Jánosz Gálicz, con el yugoslavo Vladimir Copic, como comisario político, y el inglés George Nathan, como Jefe de E.M.

La XV BI la formaron durante la Batalla del Jarama los batallones: Abraham Lincoln, British, Six Frevier y Dimitrov. El George Washington y el MacKenzie-Papineau se crearon después de esta batalla, así como los bones.mixtos Spanish y Galindo.

Estas unidades fueron enviadas al Jarama a partir del 11 de febrero, siendo el Batallón Lincoln el último en incorporarse, desde su base en Villanueva de la Jara (Albacete).

Enero de 1937. Voluntarios americanos en Barcelona con destino a la base de BBII de Albacete.

El día 15 de febrero fueron conducidos hasta la Plaza de Toros de Albacete donde tras una alocución de André Marty y varios dirigentes, se hizo entrega a cada uno de ellos de un casco francés mod. Adrián, un fusil ruso mod. Mosin-Nagant cal.7.62x54R y 150 cartuchos.

La ruta de los brigadistas: París-Fort de Figueres-Barcelona-Valencia-Albacete.

Los voluntarios más antiguos habían recibido instrucción militar de poco más de un mes. Para los últimos en incorporarse, el tiempo de instrucción no llegó a una semana.

Entrada la noche partieron hacia Chinchón en camiones, pudiendo probar al día siguiente los fusiles, aprovechando unas canteras que aún existen en las afueras, camino del frente.

Este día, –16 de febrero-, cayendo la tarde, entre la luz crepuscular y la neblina, mientras el convoy de camiones se dirigía al pueblo de Morata de Tajuña, se produjo el primer incidente: Los dos primeros camiones siguieron la carretera cuesta arriba, camino del frente, en lugar de tomar el desvío a la derecha que conduce hacia el pueblo.

Iban cargados de voluntarios que acabaron abatidos en las líneas enemigas próximas a El Alto, sin casi tiempo para apercibirse de su tremendo error.

El resto de camiones siguieron su ruta hacia Morata gracias a que el Dr.Pike, médico del Batallón, que ocupaba el tercer vehículo de la comitiva, advirtió a tiempo el desvío correcto.

Representantes de todas las etnias participaron en las BBII.

Ya apeados en Morata y tras asistir a un repentino y breve bombardeo aéreo, fueron guiados a la meseta por un brigadista alemán, casi de noche, hasta la posición que se les asignaba.

Ésta se encontraba en el cruce de carreteras M-302 con M-311, sobre la loma donde la traza del ferrocarril describe una curva muy cerrada, pasado el Apeadero de El Alto, y antes del Cargadero de Cornicabra; traza hoy convertida en Vía Verde.

Delante de ellos, cubriendo la primera línea, sobre el Mojonazo, se encontraba el Bon. Dimitrov, de composición balcánica, con voluntarios búlgaros, rumanos, griegos, serbios, checos, etc., por lo que era llamado “de las Doce Lenguas”.

Todos los pueblos del mundo…

Una unidad de carros blindados rusos que regresaba por la carretera, atrajo disparos de artillería e hizo que todos a la carrera buscaran sin mucho éxito un agujero donde meterse.

Rápido se les ordenó cavar una trinchera pero carecían de picos y palas. Aún así trazaron como pudieron una zanja circular  “como esperando un ataque de indios”, y de poca profundidad, en lo más alto de la loma.

Pronto se percatarían de su error, ya que al día siguiente, sus siluetas a contraluz ofrecían blancos perfectos a los francotiradores enemigos, e iban cayendo los primeros compañeros bajo sus disparos. Y pronto también, bautizaron el lugar como Colina del Suicidio.

Nada que ver con la otra Suicide Hill, la de la Casa Blanca y el Cerro Cónico, donde el día 12 de febrero, -casi una semana antes- perdió el batallón británico la mitad de sus efectivos frenando a dos bandas la acometida de fuerzas coloniales indígenas de las brigadas de los coroneles Sáenz de Buruaga y Asensio.

Otra experiencia singular aconteció la noche del 19 al 20 cuando el jefe de la unidad, Cmdte. Harris, les condujo en marcha nocturna, sin rumbo, dos kilómetros por tierra de nadie, que más tarde bautizaron como la Moonlight March.

Harris, que al parecer sufría algún tipo de trastorno psíquico, fue evacuado en ambulancia y reemplazado en el mando por Robert Merriman, profesor universitario, economista, que dirigiría el Batallón hasta su muerte en la retirada de Aragón, -Corbera d’Ebre, abril.1938-, a quien sucedería Milton Wolf.

Compañía de Ametralladoras Tom Mooney (Batallón Lincoln).

La noche del 21 prestaron su compañía de ametralladoras, la Tom Mooney, al Batallón Six Frevier, que defendía una posición más al sur, pasada la carretera, donde vieron a los franco-belgas rechazar un ataque con cartuchos de dinamita lanzados al barranco por donde los Regulares trepaban.

Dos voluntarios del Batallón Lincoln.

De las cuatro Compañías, la 1ªCía era la de choque, formada por una sección cubana (Antonio Guiteras), una sección irlandesa (James Connolly) y una sección norteamericana.

El día 22 de febrero pasaron a ocupar la primera línea. En fila india abandonaron la Colina del Suicidio y tras cruzar la carretera ascendieron a las alturas del Mojonazo presenciando un paisaje fantasmagórico de olivares socavados por cráteres de obuses y trincheras semicubiertas por sacos terreros destripados a balazos.

Desde aquí arrancó el primer ataque del Batallón en conjunto, su bautismo de fuego del 23 de febrero, que en coordinación con el resto de fuerzas desplegadas por el sector y de cara a desbordar al contrario, solo supuso una sangría. Rodolfo de Armas, jefe cubano de la sección ”Antonio Guiteras” fue uno de los primeros en caer.

El enemigo, bien apostado sobre el terreno, se dedicó a ejercitar el tiro al blanco, ya que los medios de apoyo prometidos para el asalto, fuego de artillería, carros blindados, bombardeo desde el aire, fueron melifluos o fallaron.

En realidad, la situación de las posiciones propias y  de las contrarias tuvo muy poca o ninguna variación desde el día de su llegada al teatro de operaciones, y estos ataques se estrellaron contra las posiciones enemigas, que se mantuvieron sin cambios hasta el final de la batalla.

El mando nacionalista había decretado por agotamiento de recursos, el cese de la ofensiva y el pase a la consolidación del terreno conquistado, fortificando los islotes de resistencia creados a lo largo de la línea de contacto con el enemigo.

Por el contrario, el mando republicano persistía en un vehemente deseo de rechazar hasta el río a las fuerzas contrarias y en expulsarlos del Pingarrón.

Dos conductores de ambulancias del batallón

Todas las operaciones iban encaminadas a tal finalidad y el Bon. Lincoln, con el resto de unidades, volvió a verse implicado en un nuevo ataque, previsto para la mañana del 27 de febrero.

Esta vez se le asignó cubrir una línea de 500 metros, cruzando desde donde estaban, al otro lado de  la carretera de San Martín de la Vega.

Posiciones del Bon.Lincoln entre 16feb y 27feb de 1937: mapa parcial del frente del Jarama en el sector de La Jara

Desde la Loma de la Horca, la posición republicana más elevada junto a la carretera, donde se ha instalado un memorial al poeta irlandés Charlie Donnelly, desciende un camino hacia Valgrande, casi paralelo a la Senda Galiana, que se denomina Vereda de la Jara.

Este camino marcaba la alineación de las posiciones republicanas, que llamaron la Cota 700, confrontadas hacia poniente con las posiciones nacionalistas, encaramadas a los suaves altozanos que existen entre los olivares.

Todo el terreno ha sufrido un enrasado a lo largo de los años transcurridos tras la batalla y de aquellas posiciones contrarias quedan escasos restos, que se podrían contar con los dedos de una mano.

Desfile del Batallón encabezado por Milton Wolf. (Falset, 1938, eventos previos a la disolución de las BBII, fotografía de Robert Capa).

El ataque del día 27 de febrero quedó en la memoria de estos voluntarios como “La Matanza”.

Tal trauma generó que hasta dio lugar a motines y deserciones que supusieron un consejo de guerra colectivo y la aplicación de castigos ejemplares.

De hecho, Copic pedía la pena de muerte para uno de cada diez brigadistas, que sólo la intervención providencial de Paulov, “General Pablo”, jefe del batallón de carros, logró frenar.

El Voluntario: periódico del Batallón Lincoln redactado en su inicio en las trincheras.

A pesar de la falta de apoyos tácticos, aéreos y por tierra, el “General Gal” insistió en la maniobra, y el primer caído, con un  hombro destrozado a balazos, fue su propio comandante, el Capitán Merriman, tras saltar el parapeto de la trinchera encabezando el ataque.

La señalización a media mañana, de las líneas propias, para evitar daños durante el apoyo aéreo de los bombarderos, marcó el inicio del desastre. Comunicada la orden, tarde y mal, hubo que improvisar entrelazando piezas de ropa interior, una gran “T”, a colocar sobre el asfalto de la carretera.

Los dos voluntarios que la colocaron pagaron con su vida tal acción, tiroteados por el enemigo.

Fue un ataque de diversión, a plena luz en descubierta, absurdo. Desde las posiciones contrarias se entregaron a disparar a placer y muchos de los heridos no pudieron ser rescatados hasta el día después así como los muertos, que tardaron días en ser recuperados; entre ellos Charlie Donnelly, poeta irlandés,  que mandaba la sección irlandesa de la 1ª Compañía.

Un buen número fueron enterrados en un terreno próximo, tras las líneas, donde aún reposan al día de hoy, ochenta años después de la batalla.

De los 400 voluntarios que salieron de Albacete el 15 de febrero, quedaban 373 vivos antes del ataque del día 23.

El día 27 el Batallón lo formaban 263 voluntarios, pero tras el ataque, el día 28 sólo se contabilizaron 150 supervivientes.

El resto de los batallones y brigadas desplegados más al sur, corrieron igual suerte.

El Aura de la Causa.

Lo que pasó en el Pingarrón es harto conocido. Entre los duros ataques y contraataques, se sucedieron episodios de heroísmo tan épicos y sangrientos como inútiles, entre ambos bandos.

Con la ruptura de hostilidades a primeros de marzo en la zona de Guadalajara, por las Divisiones del Ejército italiano, se zanjó esta batalla, si bien las escaramuzas para rectificar algún punto del frente, etc., se sucedieron en el Jarama hasta el final de la guerra.

El Batallón Lincoln permaneció en este frente hasta el mes de junio, en que fue llamado junto con su Brigada (XV BI) a actuar en las operaciones previstas en el área de Brunete, iniciadas a primeros de julio de 1937.

Tumba colectiva en el Jarama.

 

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