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Vida y vicisitudes de un funcionario liberal en la España de Fernando VII: El caso de Antonio Ramonich Barceló (1790-1848)

RESUMEN: En este artículo se hace un repaso de algunos de los acontecimientos de la primera mitad del siglo XIX, que marcaron profundamente nuestra Historia, siguiendo los pasos de un funcionario de la Real Hacienda que, por sus ideales constitucionalistas y liberales, padeció la persecución desatada por el Absolutismo, régimen contrario a los planteamientos liberales de Jovellanos y las Cortes de Cádiz que quedaron plasmados en la Constitución de 1812.

INTRODUCCIÓN

Durante la primera mitad del siglo XIX, tuvieron lugar en España una serie de acontecimientos que marcaron profundamente los años posteriores y determinaron muy significativamente el devenir histórico de nuestro país, profundamente dividido en dos bandos irreconciliables que se fueron perpetuando durante décadas y de lo que aún nos quedan bastantes reminiscencias.

El salto histórico se dio tras el Siglo de las Luces con la abolición del Antiguo Régimen, pero quedó un rastro de los viejos privilegios en las nuevas clases emergentes, burguesía y nueva nobleza, en conjunción con parte del clero.

Hemos tratado de situarnos en la época a través de algunos personajes arquetípicos que aprovechando la coyuntura cosecharon grandes fortunas y posición política y social, y, por el contrario, aquellos otros que lo perdieron todo, cayendo en la bancarrota, el desempleo o el exilio, e inclusive la propia vida, defendiendo los ideales de un mundo mejor repartido e igualitario.

Personajes ilustrados, de ideario progresista y avanzado, tildados de afrancesados hubieron de partir a la zaga de la Grande Armée napoleónica en su retirada de 1813 tras la derrota por la fuerza militar conjunta anglo-española. El pintor Francisco de Goya o el Conde de Altamira, formaron parte de los precursores, a los que fueron uniéndose un tropel de familias tras la Restauración y el advenimiento de Fernando VII.

Este monarca inició desde el primer momento una tenaz persecución a todos los liberales defensores de la Constitución progresista de 1812 promulgada en Cádiz, que significaba un cambio de régimen y la abolición de los últimos resquicios del sistema de privilegios de la nobleza y clero arrastrados desde los siglos anteriores.

El bando absolutista no cejó en su empeño de reinstaurar el Antiguo Régimen, y para ello, el monarca consintió que, en 1823, se cerrara el Trienio Liberal (1820-23) por la fuerza de las armas, ayudado por un ejército francés que denominaron los 100.000 Hijos de San Luis, e inauguró un período de diez años hasta 1833, (año del fallecimiento de Fernando VII), que no en vano ha pasado a la Historia como Década Ominosa.

En este período fueron perseguidos sin cuartel todas las voces de la disidencia y reducidos mediante el encarcelamiento, la tortura o la muerte del adversario.

Mil familias se refugiaron en Inglaterra y otro número similar de opositores se repartió por los países europeos, formado por intelectuales, científicos, políticos, clérigos o nobles, cuya única aspiración era separar el pensamiento religioso de la política, y reducir las creencias religiosas a la práctica privada, aboliendo inclusive el Tribunal de la Santa Inquisición.

El hermano de Fernando VII, Carlos María Isidro de Borbón y Borbón, más papista que el Papa, abogaba por un régimen que impusiera con mayor dureza aún si cabe, sus sagrados principios. De aquí surgiría el germen del posterior partido carlista que dio lugar a un par de guerras civiles a lo largo de aquel siglo, llegando sus reminiscencias inclusive al siglo XX.

Frente a personajes que ya hemos tratado, como Clemente de Rojas, instaurador de la saga familiar del Condado de Montarco, que, sacando provecho de río revuelto, se hizo con multitud de negocios y propiedades, queremos contraponer otros, representativos del bando liberal, que sufrieron persecución y cárcel aún a pesar de haberse acogido a una pantomima de amnistías que sucesivamente se anunciaban y cuyo trasfondo era localizar y aprehender a los últimos evadidos de aquella persecución.

Constitucionalistas y liberales era la condición prohibida, si bien el propio monarca hubo de ir cediéndoles espacio a los más moderados, viendo que no conseguía sus propósitos de encarrilar el país hacia sus fines y que la economía iba cayendo en picado.

Tras su muerte, la Regente, María Cristina, trató de sostener aquel régimen entre luchas y pronunciamientos, pero no fue hasta el acceso al trono de su hija Isabel II, cuando finalmente pudo triunfar medianamente la causa liberal.

Buscando en los archivos hemos podido desvelar las peripecias de uno de aquellos personajes enredado en aquella tramoya, que fue sucesivamente padeciendo la guerra de Independencia y sus desastres, la lucha constitucional de resistencia frente a la causa dinástica absolutista, la revolución de 1820, el trienio liberal y su posterior caída, aparejando la huida y vida en clandestinidad tras la derrota, durante la Década Ominosa.

Acogido a una falsa amnistía fue sometido a las impurificaciones y encarcelado, y solo gracias a la reina Isabel II consiguió ser restituido en algún cargo de los que había ostentado, y sin ganancia económica más que la desprendida de su sueldo de funcionario, alcanzó casi la vejez solicitando una pensión que nunca le llegó pues la muerte le alcanzó bastante temprano.

Dedicamos esta breve memoria como postrer homenaje a Antonio Ramonich Barceló, cuya tortuosa existencia nunca trascendió entre sus descendientes, cayendo su pequeña gesta en el anonimato o el olvido, como suele acontecer en este mundo con la gente humilde.

DATOS BIOGRÁFICOS

Antonio Josef Vicente Sabino Ramonich Barceló, nació en Cartagena de Levante, a las 15:00 horas del día 27 de octubre de 1790, según consta en el Acta bautismal de la parroquia de Sta. M.ª de Gracia de esa ciudad, donde fue bautizado por D. Josef Escarlata, teniente de cura, al día siguiente de su nacimiento, 28 de octubre de 1790.

Sus padres: Antonio Ramonich, natural de Salás de Pallars, Urgell (Lérida), y M.ª Encarnación Barceló, natural de Cartagena (Murcia), vivían en esta ciudad, donde el padre ejercía el cargo de oficial del Ministerio de Marina y donde habían contraído nupcias un año antes, el día 11 de febrero de 1789, en la misma parroquia donde bautizarían a sus hijos.

Sus abuelos paternos, Antonio Ramonich y Gertrudis Balsebre, eran naturales de Salás de Pallars, Urgell (Lérida).

Sus abuelos maternos, Andrés Barceló Sastre y María Valero Jorquera, eran originarios respectivamente de Porreras (Palma de Mallorca), y de Mazarrón (Murcia).

Antonio Josef Vicente Sabino era el mayor de los hermanos de una saga de la que solo conocemos a Leandro Antonio, fallecido prematuramente en 1791, Josefa Margarita Polinaria, nacida en 1792, e Iginia Margarita Josefa, nacida en 1796.

Sabemos también que, tras enviudar, el padre de Antonio se casó de segundas nupcias con Thomasa M.ª Polo Soler, también viuda y de Cartagena; nacida en 1782 y fallecida en 1827, a la edad de 45 años.

Según el acta de defunción de Thomasa, cuando fue enterrada en Sta. M.ª de Gracia, era ya viuda de Antonio Ramonich Balsebre. Dejaba dos hijos: Gerónimo, de 22 años, y José de 26 años, fruto del primer matrimonio con Gerónimo Angulo, natural de Baza (Granada).

Se decía por entonces, Cartagena de Levante, para diferenciarla de la Cartagena de Indias localizada en el Virreinato de la Nueva Granada.

Esta ciudad atrajo a mucha población peninsular. A unos por razón de oficio, como los marinos y militares que cubrían la guarnición de esta importante plaza. A otros, como ciudad portuaria, por el comercio con el Mediterráneo y las Indias, algo así como acontecía con Cádiz y otros puertos.

Pero el hecho fundamental fue la construcción del arsenal militar reinando Felipe V.

La base naval y astillero fueron creadas por este monarca y su secretario, el marqués de la Ensenada, acometiendo la nueva política naval española que organizaba la defensa de su litoral dividiéndolo en tres departamentos dotados con sus respectivos arsenales: El Ferrol, Cádiz y Cartagena.

Aprobado el proyecto de construcción en 1731, se iniciaron las obras en 1732, dirigidas por el ingeniero militar, Sebastián Feringán. Tras su muerte en 1762, le sucedió otro ingeniero militar, Mateo Vodopich, que las concluyó en 1782.

Constituirán el complejo industrial más importante del litoral levantino, y se construirán, ya en época de Carlos III, 21 navíos, 17 fragatas, y más de medio centenar de bergantines, jabeques, urcas, galeras y otros buques menores.

La primera ampliación no se produjo hasta 1849, con el reinado de Isabel II.

Además de la mano de obra directa que se empleó en su construcción, a base de presos y esclavos, varios miles de personas de diversas regiones como la manchega, se dirigieron a este enclave incorporándose a la tarea constructiva y de mantenimiento de la flota. 

El Mediterráneo estaba por aquel entonces sometido a la inseguridad que los bajeles piratas berberiscos y turcos sembraban por todo el litoral, asediando con sus incursiones las costas; saqueando pueblos y tomando cautivos que luego había que redimir pagando grandes sumas de rescate en los presidios de Argel, Orán y otros enclaves norteafricanos.

Uno de los marinos que descollaron en esta lucha contra la piratería fue D. Antonio Barceló y Pont de la Terra (1717-1797), marino mallorquín de origen humilde que alcanzó el grado de teniente general de la Real Armada española, tras años de dirigir sus navíos contra los piratas a los que hundiría de entrada 19 buques, sólo en siete años, luego de ser nombrado alférez de fragata con 21 años, y contando desde los 18 años con antecedentes en estas escaramuzas a bordo de los jabeques mallorquines que unían Baleares con la Península.

Inventor de las lanchas cañoneras usadas en el sitio de Gibraltar, y participante en los diversos ataques contra Argel y bombardeo de la ciudad, recibió en recompensa a su valor la Gran Cruz de Carlos III.

Finalmente, se alcanzó un tratado de paz hispano-argelino, firmado en 1786.

Admirado por las gentes de la época como héroe popular, recibió cariñosos sobrenombres, como “Capitán Toni” y “Pirata Barceló”.

Dado que Antonio Ramonich Barceló, era descendiente por parte de madre, de tatarabuelos mallorquines naturales de Porreras, localidad próxima a Palma de Mallorca, corría un dicho en la familia, muchos años después, y quizás más en tono de fantasía que como realidad, de decirse descendientes del “pirata Barceló”.

Desconocemos los datos biográficos de los primeros años de Antonio Ramonich en la ciudad de Cartagena como hijo de militar, hasta el momento de su alistamiento al Ejército. Este ingreso se produjo en el año 1807, como soldado de Húsares Españoles, desde donde pasaría a Coraceros Españoles tres años después.

El cuerpo de Caballería conocido como Húsares fue creado en el año 1795, en Sarriá, Barcelona, siendo su jefe el coronel D. Luis Creef, constituyendo el Regimiento de Húsares de Cataluña que se componía de 800 caballos agrupados en tres escuadrones, de tres compañías cada escuadrón.

El cuerpo de Coraceros fue fundado el 24 de mayo de 1810 por el jefe del 1er. Ejército de Cataluña, D. Enrique O’Donnell, Conde de la Bisbal, denominándose 1er. Regimiento de Coraceros Españoles. Fue su jefe el coronel D. Juan Maltaz, e intervinieron en numerosas acciones como la del ataque al puente fortificado de Molins de Rey, donde tomaron 200 prisioneros franceses destrozando una columna de ese ejército. Terminada la guerra en 1813 casi desaparece esta unidad por las cuantiosas bajas sufridas, teniendo que someterse a una profunda reestructuración.

De su hoja de servicios, recogemos los siguientes datos:

1.IV.1807: sentó plaza en Cartagena, firmando por ocho años.

Oficio: escribiente.

Estatura: cinco pies y una pulgada y seis líneas.

Religión: católica apostólica romana.

Señales: pelo y cejas negro, ojos pardos, nariz regular, color blanco, barbilampiño.

13.X.1807: prestó juramento a los estandartes en Palma de Mallorca.

1.X.1808: cabo 2º – 5ª compañía Regimiento de Húsares españoles.

21.VII.1809: cabo 1º – 4ª compañía Regimiento de Húsares españoles.

17.VI.1810: pasó al Regimiento de Coraceros españoles.

24.X.1810: sgto 2º – 2ª compañía del 2º escuadrón.

1.VIII.1811: alcanza grado de sgto 1º en Ripoll.

Se anota, textualmente: “Durante la Guerra de Independencia se ha hallado en muchas importantes acciones de guerra en Cataluña por las que disfruta de varias cruces de distinción, así como de un escudo de valor por el arrojo en batirse solo con una guerrilla de caballería enemiga el día 16 de diciembre de 1808”.

Acciones de guerra: contra la Francia en el Ejército de Cataluña (sic).

12.X.1808: San Cugat.

8.XI.1808: ataque de Sarriá y bloqueo de Barcelona.

26.XI.1808: toma de San Pedro Mártir.

20.II.1810: batalla de los Llanos de Vich. Le hirieron el caballo de metralla.

7.VIII.1810: reconocimiento de Puigcerdá. Acción de guerra de Sallagora.

Siguió lucha hasta la rendición de Tarragona y finales de diciembre de 1812.

14 a 18 de febrero de 1812: expedición a Francia.

23.IV.1812: reconocimiento de la plaza de Tarragona.

26.V.1812: acción del puente de Molins del Rey. Arrollaron infantería y caballería francesa y obstáculos.

24.VI.1812: acción y retirada en Mazana (Massanes).

23.VIII.1812: acción de Sant Feliu de Llobregat.

11.XII.1813: Tratado de Valençay, final de la Guerra de la Independencia.

Finalizada la guerra pasa a escribiente de la Sargentía Mayor.

Medallas concedidas:

-Escudo del Valor (se batió solo contra una guerrilla enemiga)

-Cruz a la Constancia

-Medalla de Vich

-Cruz Batalla de Valls

-Cruz 1er. Ejército

-Cruz Campañas 1813-1814

28.I.1815: sgto 1º graduado – concesión de licencia absoluta y seguro pasaporte.

(Cuando se licencia es sargento mayor interino en Rgto. Coraceros españoles – 5ª compañía).

El 20 de febrero de 1817, se redacta su Hoja de Servicios Militares firmada por el Comisario de Guerra de los Reales Ejércitos, D. Manuel Zizur de Arama, aludiendo ya a Antonio Ramonich, como Interventor de la Real Aduana de Rosas, de 27 años, originario de Cartagena de Levante, de buena salud, servicios y circunstancias.

Desde su licenciamiento absoluto con fecha 7.II.1815, había pasado a desarrollar funciones como Oficial Auxiliar de la Secretaría de Rentas del Principado de Cataluña (1.IV.1815), y posteriormente, como Oficial temporero facultado en Reales Órdenes, en la Contaduría Principal de Provincia, en Barcelona (1.VIII.1815), reafirmado en el cargo el 1 de noviembre del mismo año.

El licenciamiento del Ejército le sobrevino al ser declarado inútil por enfermedad. El licenciamiento lo firmó el marqués de Campo Sagrado, en Barcelona, con fecha de 28 de enero de 1815, y decía así: “Se concede Licencia Absoluta a Antonio Ramonich, Sargento 2º Graduado a 1º, del Regimiento de Coraceros españoles, por padecer afonía por vicio del pulmón, complicado con escorbuto, y manifestación de palpitación del corazón, y ser declarado Inútil para Servicio de Armas. Se le otorga ración de pan diaria por dos meses y asistencia y alojamiento durante el viaje para llegar a su lugar de residencia”.

Tras desempeñar los cargos antedichos, en la Hacienda de Barcelona, fue nombrado Interventor en la Real Aduana de Rosas (Gerona), (26.I.1817), con un sueldo anual de 2.200 reales de vellón.

Una Real Orden de 17.VIII.1818, lo destina a la Real Aduana de Bosost (Lérida) por permuta, siendo nombrado como 2º Oficial Interventor.

En esa época, España vive momentos convulsos, inmersa en constante pugna entre absolutistas y liberales. A la guerra contra Francia le siguen seis años de guerrilla interna, desencadenada por los monárquicos, para la restauración del absolutismo (1814-1820).

El 7 de marzo de 1820 continuaba en su puesto de la Aduana de Bosost, cuando, desplazado a Barcelona, le sorprenden en esta ciudad los sucesos del 10 de marzo de 1820.

Estos hechos supusieron un levantamiento general en contra del absolutismo. El rey Fernando VII recupera el trono, pero se ve obligado a jurar la Constitución de 1812, la de las Cortes de Cádiz. Entre 1820 y 1823 se va a producir el intervalo constitucional llamado Trienio Liberal, iniciado por el pronunciamiento de Rafael de Riego.

No obstante, Fernando VII terminará imponiéndose a sus adversarios con la ayuda de los Cien Mil Hijos de San Luis, ejército francés de intervención, al mando del duque de Angulema; desatando a continuación una feroz represión sobre el bando contrario, fusilando, ahorcando o condenando a prisión a un gran número de liberales a lo largo de una década, que será llamada Década Ominosa o Restauración del absolutismo, y abarcará desde 1823 hasta 1833, año de la muerte de Fernando VII e inicio de la 1ª Guerra Carlista.

Sabemos por informes posteriores, que Antonio Ramonich ha abrazado la causa liberal y desde el primer momento colabora con ese gobierno constitucionalista.

En la primera fase es nombrado Oficial 5º jefe de sección, con sueldo anual de 10.000 reales de vellón (11.III.1820), y a continuación, se le nombra 2º Oficial en la Junta superior de sanidad, para establecer el cordón sanitario en los cantones de Levante y Poniente con puntos para las comunicaciones telegráficas, cuando el pueblo de Son Cervera y otros de la costa de Mallorca, fueron atacados por la peste africana.

El 20 de diciembre de 1820 pasó a igual destino en el Gobierno Superior Político de Aragón, para desempeñar tareas de policía, sanidad y demás ramos. Se le nombra entonces Oficial 2º del Gobierno Político de Zaragoza (30.XII.1820), siguiendo en el cargo hasta la extinción del sistema constitucional.

Este cargo, según otro documento, lo desempeñó con celo, aplicación, inteligencia y probidad, especialmente en los ramos de instrucción pública y fomento, de los que estuvo encargado desde finales de 1820 hasta inicios de 1822, cuando, con motivo de la división del territorio, pasó a servir la plaza de Oficial 2º de la nueva provincia de Calatayud.

En el Trienio Liberal aparece documentado como capitán, interviniendo en los combates contra los absolutistas, hasta que, finalmente, tras caer prisionero, fue conducido a Francia en 1823.

Cotejando documentos de esa época, vemos con el final del trienio, que el nuevo régimen le declara cesante, preso y emigrado (1.X.1823).

Este nuevo régimen, el Absolutista, le procesa declarándole Impurificado en 1ª Instancia (11.X.1824) e Impurificado en 2ª Instancia (17.III.1825).

Un documento recogido en su expediente de Clasificación de Jubilación dice lo siguiente:

“Certifico que: Antonio Ramonich, Contador Real de la Aduana de Bosost, se hallaba en 1820 en Barcelona y fue uno de los primeros en alzar el grito de la Constitución del 10 de marzo de 1820, y seguido por el vecindario excitó (sic) a sus seguidores a seguir tan solemne voto, desempeñando comisiones del mayor interés a la causa de la libertad y tranquilidad. Fue nombrado capitán, participando infatigable en muchas acciones. Coordinó igualmente el cordón sanitario con motivo del brote de peste surgido en Mallorca, etc.”.

Para conocer mejor lo acontecido en este período existe otro testimonio, que, a modo de aval, firmará el juez de primera instancia D. Bernardo de la Torre y Peña, años después, en Madrid. (7.I.1837).

Dice así: “Conocí al capitán Antonio Ramonich, impurificado de segunda instancia, en esta Corte, adonde llegó de Valencia por las pesquisas que allí sufría de la policía por sus opiniones liberales y procedencia de su emigración en Portugal, y no pudiendo garantizar la identidad de su persona, por haber tramado pasaporte como tratante de un pueblo de otra provincia, vivía como un forajido mudando frecuentemente de domicilio con la mayor cautela hasta que fatigado de tan triste posición y sin otros recursos para sobrevivir que los cortos sufragios de algunos amigos a cuyo estado también dejó a su numerosa familia en Valencia, se determinó a acogerse al indulto dado por el feliz alumbramiento de nuestra reina Doña Isabel Segunda (10.X.1830), lo que originó ser descubierto y de Real Orden fue conducido a un calabozo de esta Cárcel de Corte sin comunicación, en 10 de diciembre de 1830, cuatro meses y medio de prisión, permaneciendo preso con los temores consiguientes a las tropelías que se usaban en aquella época con los esclarecidos patriotas, y transcurridos cuatro meses y medio de prisión, y a beneficio de los buenos influjos fue liberado, fue puesto en libertad, echándosele de la Corte. Así mismo, como hombre pronunciado por la libertad de su Patria de un modo bien público, no perdonaba medio en difundir sus doctrinas en todas sus conversaciones, para conseguir ver restablecida la Constitución, lo que originó ser delatado por las que tenía en el Café Nuevo y ser conducido otra vez, incomunicado, a otra cárcel, a fines de enero de 1834, y al ponérsele en libertad fue despojado del destino que acababa de obtener en policía un mes antes. Me consta así mismo sus esfuerzos por la libertad desde 1820 y su noble orgullo en medio de su extrema miseria, y aún en la prisión, de ser conocido por hombre libre de todos los deslices del despotismo, de cuyo Gobierno también me consta no solicitó gracia ni percibió de sueldo ni pensión un solo real desde que se abolió el sistema constitucional en 1823 y en que fue hecho prisionero batiéndose y conducido a Francia hasta que se clasificó como amnistiado. Se pronunció por la legítima sucesión de la Reina cuando la rebelión de los ex – guardias, y acudió al llamamiento para la formación de milicia urbana en la Corte. Madrid, 7 de enero de 1837. fdo. Bernardo de la Torre y Peña”.

Gracias a estos dos testimonios hemos sabido que, a pesar de acogerse a la amnistía proclamada por el nacimiento de la Infanta Isabel, de fecha 10.X.1830, Antonio Ramonich fue encarcelado el 10.XII.1830 en la Cárcel de Corte (Madrid), donde permaneció incomunicado durante cuatro meses y medio.

E igualmente, que, a finales de 1834, delatado por manifestar sus ideas liberales en el Café Nuevo de la calle Alcalá, fue nuevamente encarcelado e incomunicado, perdiendo el empleo de policía que había conseguido.

Gracias a la documentación conservada en el Expediente de Clasificación de Jubilación, podemos seguir los distintos puestos laborales que fue ocupando en los años que siguieron a la muerte de Fernando VII (1833), hasta su fallecimiento, en 1848.

17.VII.1833: Antonio Ramonich alega en una carta dirigida al Pdte. de la Junta de Clasificaciones de empleados civiles del Reino, que se encuentra en Oviedo, trabajando en la Empresa de servicio de Derechos de Puertas, clase de Fiel, (los antiguos fielatos de las entradas de las ciudades), y que fue impurificado en 1ª y 2ª Instancia por servicios anteriores, de 1820. Solicita disfrutar gracias del Real Decreto de Amnistía.  

8.VII.1834: La Reina le concede plaza de Guarda Mayor en el Resguardo Militar de Valladolid.

El Resguardo Militar de Hacienda fue creado en 1820 para dar eficacia a los antiguos resguardos cuya finalidad era combatir el fraude aduanero, la corrupción, el contrabando y el bandolerismo. Los casos de soborno y omisiones, unidos a mala organización, mostraron su ineficacia, y motivaron la depuración de parte del personal civil, cubriendo con mandos del Ejército y soldados veteranos estos puestos, con armamento, disciplina y jerarquía militar, aunque bajo las órdenes de los Intendentes provinciales.

En 1823, el régimen absolutista derogó lo aprobado por los liberales, pero reconocieron su error respecto a restituir el antiguo Resguardo civil, y en 1829 se crea el Cuerpo de Carabineros de Costas y Fronteras, fuerza especial que se mantuvo independiente hasta 1940, cuando fue integrada en la Guardia Civil.    

Año 1835: En la Relación de Carabineros de la Real Hacienda de España, provincia de Valladolid, figura como guarda mayor, el capitán de Caballería Antonio Ramonich. Sueldo 12.000 reales.

15.VIII.1836 (Motín de La Granja de San Ildefonso) Publicada la Constitución de 1812, la Reina Regente María Cristina, forzada por el motín de los Sargentos, se ve forzada a otorgar nombramientos y habilitaciones, certificando en este caso: Que estando Antonio Ramonich en Barcelona, siendo Oficial Interventor de la Real Aduana de Bosost, fue uno de los primeros en alzar el grito de Constitución el glorioso 10 de marzo de 1820. Constando como Oficial de la Contaduría de Cataluña.

30.XI.1836: Por una disposición emitida en Valladolid se le deniega el traslado solicitado al Resguardo de Madrid, y se le declara cesante en su plaza actual.

Año 1837: Emitida clasificación como guarda mayor y cesante del Resguardo de Valladolid. Le corresponden 5.270 reales de vellón, mitad del haber que disfruta, descontada la gratificación del caballo.

(Datos de la Contaduría Gral. de Distribución)

29.IV.1837: Consta como Oficial Aux. en el Ministerio de la Gobernación.

16.XII.1837: Es nombrado secretario del Gobierno Político de Álava.

16.II.1838: Es reemplazado en este puesto.

22.III.1838: Cese en el cargo.

22.V.1838: Clase de cesante.

Antonio Ramonich, expone en otro escrito: Que, cesado como secretario, quiere acomodarse al anterior destino de guarda mayor del Resguardo de Valladolid hasta que tome posesión del cargo de Interventor de Carabineros. Solicita también habilitación para cobro de haberes que como cesante del cargo de secretario le correspondan.

31.VIII.1838: Pase a Interventor de Carabineros de Hacienda Pública de Zaragoza.

6.IX.1838: Nombramiento de Interventor de 3ª clase en la Comandancia de Carabineros de Hacienda Pública de la provincia de Zaragoza. Sueldo 8.000 reales anuales. Plazo presentación de un mes.

1.X.1838: Toma de posesión del cargo de Interventor en Comandancia de Carabineros de la Hacienda Pública en Zaragoza.

Año 1839: En la relación de Carabineros de la Real Hacienda, provincia de Zaragoza, aparece como capitán interino. Sueldo 8.000 reales.

4.IV.1839: En el Diario de Madrid de esta fecha, es convocado D. Antonio Ramonich, con grado de comandante, y cesante del antiguo Resguardo, para entrega de documentos de su interés, en la secretaría de la Capitanía General de Castilla la Nueva, sita en Madrid.

Había solicitado la jubilación en la Comandancia de Carabineros de Zaragoza alegando motivos de salud, pero, habiendo mejorado de sus dolencias, será nombrado para nuevos cometidos, tras ser declarado inútil para el servicio en el puesto anterior.

Tiene lugar por aquel entonces la Revolución de 1840, que puso fin a la Regencia de Dña. María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, asumida por el general Espartero, abriendo paso a una nueva etapa política que dura tres años y culmina con la proclamación de Isabel II tras ser declarada mayor de edad recién cumplidos los trece años.

21.VI.1841: Antonio Ramonich se desplaza a la Corte (Madrid).

28.XI.1841: Es nombrado Interventor de Arbitrios de amortización y de los bienes del clero secular de la provincia de Almería.

9.XII.1841 a 30.VI.1842: Ejerce siete meses como Interventor de Arbitrios de amortización y de los Bienes del clero secular de la provincia de Almería.

1842 a 1848: Trasladado a Barcelona. En esta ciudad ocupa sucesivamente diversos cargos:

-Contador diocesano de Barcelona hasta su supresión.

-Agregado a la Contaduría de la provincia de Barcelona hasta su extinción.

-Contador de Bienes nacionales en Barcelona.

-Agregado a la Administración de Contribuciones de Barcelona.

Año 1848: Solicitud de jubilación y fallecimiento en la Ciudad Condal.

En carta autógrafa fechada a inicios de 1848 y dirigida a la Reina Isabel II, solicitando la jubilación, manifiesta:

“Que viene padeciendo diversas afecciones, por lo que, siendo Interventor de Carabineros en Zaragoza, ya solicitó jubilación por motivos de salud, y la Dirección Gral. de Aduanas y Resguardos le declaró inhábil para el servicio por esta causa. Que como Contador renovó su petición desde Almería. Que aliviado de sus dolencias ha continuado como Contador Diocesano de Barcelona hasta la supresión de esta Clase, siendo agregado a la Contaduría de la Provincia hasta su extinción, trabajo ininterrumpido desde el reinado de su Augusto Abuelo (sic) Don Carlos 4º, no quedando más recurso que aspirar al descanso por medio de la jubilación para atender a sus achaques adquiridos por guerras, heridas en ellas e infortunios, que a enumerarlos enternecerían el sensible corazón de Vuestra Majestad (sic), defendiendo la independencia de su Patria y el Trono.”

Antonio Ramonich falleció al poco tiempo, a la edad de 58 años, y fue su viuda, Josefa Miró Perich, quien, con fecha 21.XI.1848, solicitó la pensión de viudedad, según comunica el Pdte. de la Junta de Calificación de empleados civiles.

Su matrimonio había tenido lugar el día 14 de enero de 1813, siendo Sargento de Coraceros, en la iglesia de Santa María de Vilafranca del Penedés, provincia de Barcelona, cuando contaba 23 años y su pareja, diez años más que él.

Su suegro, Joseph Miró de Vitali, era abogado-procurador en esa ciudad, hijo de Geroni Miró Sanci, doctor en Medicina, natural de Gerri de la Sal, Lérida. Había tenido diez hijos junto a su esposa, Rita Perich Deop.

Un cuñado, Pere Joan Joseph Miró Perich, afincado en Barcelona, fue también capitán del Ejército.

Una cuñada, Francisca Raymunda Miró, se había casado en Vilafranca (1812) con un militar, Caetano Rotu Perlasca, procedente de Cremona (Italia).

Otra cuñada, Rita Josepha Miró, se casó igualmente con otro militar (1812), trasladándose a Gerona, llamado Carlos Brulich Cohenz, procedente de Ferlach, Klagenfurt (Austria), y de ascendencia judía.

Desconocemos a qué ejército pertenecieron ambos soldados, pudiendo haber sido integrantes de alguna de las fuerzas aliadas o auxiliares de la Grande Armée napoleónica.

Del matrimonio formado por Antonio Ramonich y Josepha Miró nacieron al menos cuatro hijos: Gabriel (ca.1813), Joseph M.ª (1814), Antonio Christofol (1815) y Francisco de Paula (1818).

Gabriel Ramonich Miró, fue el mayor de todos los hermanos, y del que tenemos más noticias.

Sabemos que nació en Barcelona (ca.1813) y ningún dato hay entremedias hasta su enlace con Petra Cano Bueno en torno a 1858, en Peñafiel (Valladolid).

Fruto de esta unión nacerán: M.ª Remedios (1859), Fabriciana (1861) y Justo Emilio Germán (1863).

Tras enviudar, se casará de segundas nupcias con María Gallardo Martínez, naciendo de este matrimonio: Luisa Micaela (1873), Juan Gualberto (1882) y Bernarda Leovigilda (1885).

Según datos que ofrece un artículo aparecido en la Revista de Folklore, nº.173, Año: 1995, titulado: “Un vallisoletano, soldado emérito en Filipinas y fabricante de loza”, cuyo autor es Luis Fernández Herrero, existió una fábrica de loza en la calle de Santa Lucía 48, del barrio de San Juan; casi limitando con el portillo de la Pólvora y cercana al río Esgueva.

Se dice que en 1884 viven trece familias, más de cincuenta personas, que trabajan en la fábrica como jornaleros. Y se añade que, junto con ellos, participa un catalán, Gabriel Ramonich, “fabricante de loza”, quizás contratado como maestro alfarero.

Dado que en el año 1863 se encontraba en Valladolid, desplazado desde Peñafiel, pasando una breve temporada en Salamanca (1873) y volviendo definitivamente a esta ciudad, podríamos pensar que pudo trabajar también en uno de los alfares anteriores previos a la construcción del de Santa Lucía, que existieron en la calle Espanta el Gato 2, hoy Don Pedro de Lagasca, y en la calle de Labradores 28, propiedad de esa misma familia.

Nos queda por determinar si llegaría a trabajar como sacristán de la iglesia de la Vera Cruz, en la calle de Platerías, de Valladolid, durante los últimos años de su vida, según se contaba en la familia.

En el padrón familiar de 1902, aparece registrado en el domicilio familiar de José Miguel Rabadán y Micaela Ramonich, de la calle del Conde Ansúrez 10, junto a la iglesia de la Cruz, como padre político, cesante, de 88 años.

Fallece ese mismo año, el 5 de junio de 1902, de uremia, según el acta de defunción, a los 89 años, siendo enterrado en el Campo Santo General (sic) de Valladolid.

Su yerno y cuatro de sus nietos se emplearon en la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España de esa ciudad, abriendo una continuada saga ferroviaria familiar.

Queda por saber qué fue del resto de los hijos de Antonio Ramonich, que padecieron tanto como sus padres aquellos avatares y desdichas.

CONCLUSIÓN

Como decíamos en la Introducción, hemos intentado rescatar del olvido a uno de los miles de funcionarios que sufrieron los cambios sobrevenidos tras la caída del régimen liberal al monárquico absolutista, mostrando su empeño por cambiar un mundo que a todas luces flotaba en la decadencia e iba en contra de todos los principios de la racionalidad humana que afloraba ya en la época.

Las familias de estas personas pagaron igualmente la penuria a que se vieron sometidos tras la pérdida de empleo o las penas de cárcel, cuando no a la muerte misma, viviendo escondidos o postergados, en contraposición a otras figuras de la misma época que se desvivieron por ocupar los huecos abandonados por la vieja nobleza y por el enriquecimiento a través de las desamortizaciones de las propiedades puestas en manos muertas.

Creemos que aquellos tiempos no han sido lo suficientemente estudiados como para que nos quede una clara idea de lo que fue nuestro pasado y de los mismos errores que una y otra vez se han ido repitiendo.

Nota final:

Los datos biográficos aquí recogidos proceden del Expediente de Clasificación de Jubilación de Antonio Ramonich, Oficial del Gobierno Político.

Archivo Histórico Nacional, 1843.

Signatura: FC-Mº_HACIENDA, 2635, Expediente 657.

Cuadros genealógicos anexos:

Carta a la Reina :

Ministerio de Cultura y Deporte, Archivo Histórico Nacional, FC-Mº HACIENDA, 2635, exp. 657

1 comentario en «Vida y vicisitudes de un funcionario liberal en la España de Fernando VII: El caso de Antonio Ramonich Barceló (1790-1848)»

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