Incendio y voladura de la Fábrica de Pólvora de la China en el Canal del Manzanares (10.dic.1849)

Gracias a la amable comunicación de un funcionario de la Biblioteca Histórica Municipal de  Madrid, hemos tenido noticia de la existencia de dos manuscritos en los que se relata la explosión acontecida en la Fábrica de la Pólvora instalada en la Primera Esclusa del Canal del Manzanares.

Ambos manuscritos transcriben el parte presentado por la Tenencia de Alcaldía del Distrito de Hospital, de Madrid, y son idénticos entre sí, si bien en uno de ellos se incluyen datos sobre las personas afectadas por la explosión así como de las que acudieron tras la misma a efectuar tareas de socorro.

El informe en primera persona, posiblemente redactado por algún responsable de esta fábrica, carece de firma, y expone el estado de cosas que encontró en el lugar tras la explosión, añadiendo que al día siguiente ordenó el traslado de la pólvora restante, cargada en seis galeras grandes, a la huerta de Carabanchel Alto (Polvorín).

Quitando los escombros apareció una máquina igual a la causante de la explosión, con 20 morteros cargados con 32 arrobas de pólvora.

Para evitar la rotación del volante, y a fin de evitar nuevas explosiones, lo atrancaron con tablas y maderas.

El día 12 (dos días después de la explosión, según el informe), se descargaron de madrugada los morteros, echando la pólvora al Canal, y se procedió al desarmar la máquina.

A resultas de la explosión murió un operario y cinco resultaron heridos de distinto grado, hospitalizándose a cuatro de ellos.

Aunque el documento especifica que el incendio y posterior explosión tuvieron lugar el día 10 a las  doce de la mañana, no consta ni el mes ni el año, si bien se cita como referencia otro accidente que tuvo lugar el 24 de diciembre de 1839, añadiendo que aquél fue comparativamente de un grado menor, cuando se inflamó uno de los morteros de la segunda máquina durante las tareas de encartuchado y almacenamiento general de la pólvora refinada y lustrada.

Se reseña igualmente que las campanas de San Lorenzo y las de los campos santos de los Sacramentales de San Nicolás y San Sebastián tocaron a rebato tras la explosión, a fin de dar la alarma. Algunas piedras y utensilios lanzados alcanzaron la Segunda Esclusa y el Portazgo llamado de Aranjuez, a las afueras de la carretera de Andalucía, además de la huerta de Santa María de la Cabeza.

Como colofón del informe, se añaden en la última hoja el nombre y dirección del operario fallecido, así como de los siete operarios heridos y de los siete primeros mangueros (sic) que ocuparon la fábrica tras el accidente.

Por otro documento más antiguo, también conservado en esta Biblioteca, sabemos que años antes (19 de octubre de 1816), ya existía un almacén de pólvora en Carabanchel, siendo por entonces Guarda almacén de la Real Hacienda del repuesto de Pólvora, D. Carlos Uber, Capitán retirado.

Ese documento es una Guía para el traslado de pólvora, autorizando a un tercero (Francisco de Aboranda) al traslado de dos libras de pólvora, con la firma de Juan de Castro como Interventor.

Pero como se decía anteriormente, estos manuscritos no recogen la fecha de la explosión, que en cualquier caso fue posterior a la acontecida el 24 de diciembre de 1839, citada como referencia.

Consultando varias obras y publicaciones de la época, hemos dado con la fecha exacta, que indicamos al principio de este artículo: 10 de diciembre de 1849.

 

 

 

 

ANTECEDENTES

A la búsqueda de más datos sobre la Primera Esclusa, nos dice Pascual Madoz (1849) que es de antigua construcción pero está en buen estado. Tiene dos edificios contiguos que en un principio sirvieron para serrar mármoles y para la molienda de estos, así como de otras piedras empleadas en la fabricación de china, ya que el molino aquí instalado perteneció a la Real Fábrica de Porcelana del Retiro hasta su destrucción en 1812.

Tras servir sucesivamente como molinos de harina y de papel, en 1838 lo tomó la Hacienda Nacional para establecer la Fábrica de la Pólvora, obras que dirigió Antonio Herrera de la Calle, ayudante de Manuel de Ynza, Director de obras del Canal, junto al holandés Juan Wanherben.

Según Madoz, el edificio del lado derecho, afectado por la anterior explosión de finales de 1839, ha sido rehabilitado y reinstaladas máquinas y cobertizos.

En el edificio del lado izquierdo se han colocado tres turbinas para moler mixtos de la elaboración de pólvora. El puente del Arroyo Abroñigal se encuentra a continuación del molino.

En otro apartado de su Diccionario, expone Madoz que la Fábrica de Pólvora ha sido edificada por la Empresa de Salitres, Azufre y Pólvora, que inició sus labores en junio de 1839 mediante dos molinos de 20 morteros y una máquina de 4 cilindros para dar el pavón a las pólvoras.

Tiene un espacioso almacén para conservarlas secas y los edificios son de madera a fin de que en caso de explosión no ofrezcan resistencia.

Los operarios han recibido una enseñanza muy estricta mediante instrucción graduada desde niños, y trabajan durante 9 meses suspendiendo las labores los 3 meses de calor y escasez de aguas. Su producción es de 6.600 arrobas anuales; 4.000 arrobas destinadas a la caza, y el resto, 2.600 arrobas, para la minería, además de la elaborada para las escopetas Reales.

Coetánea de la obra de Madoz es también la Guía de Madrid, escrita por Pedro Felipe Monlau (1850), en la que recoge los datos aportados por Madoz respecto a la Fábrica de Pólvora, a la vez que amplía la noticia sobre la voladura del polvorín de la fábrica acontecida el día 10 de diciembre de 1849, a las 12:00 del mediodía, añadiendo que afortunadamente no alcanzó al almacén principal.

Concluye que a pesar de faltar algunos trabajadores en razón de la hora (sic), hubo dos muertos y algunos heridos.

Al respecto de la Real Fábrica de Porcelana del Retiro, construida en 1760, comenta Madoz que cuando los franceses evacuaron Madrid el día 14 de agosto de 1812, el Parque del Retiro quedó enormemente destrozado, y entre otros edificios, la Fábrica de la China, -porcelana que competía con la sajona-, por lo que, -dicen las malas lenguas-, las tropas inglesas del Duque de Wellington la arruinaron al tiempo de destruir todos los baluartes construidos por los franceses en este parque de Madrid, un par de meses después (octubre de 1812).

En un óleo expuesto en el Museo de Historia de Madrid, representando una vista del Estanque Grande del Retiro, pueden observarse al fondo las ruinas de la Real Fábrica de Porcelanas además de la silueta del Observatorio Astronómico, obra también del rey Carlos III, más a la derecha.

Este estanque se alimentaba de varios viajes de agua y disponía de cuatro norias situadas en sus esquinas para su redistribución por los jardines.

El Embarcadero Real fue construido por Isidro Glez. Velázquez en 1817, dato que nos permite situar la pintura en torno a ese año o alguno posterior. El Monumento a Alfonso XII, construido en 1922, ocupa ahora ese mismo lugar.

En cualquier caso, y gracias a esta pintura, podemos comprobar que las ruinas del edificio se mantuvieron en pie y fueron visibles algunos años más, a pesar de las voladuras de 1812.

Siguiendo el relato, dice Madoz, que sobre el solar que antaño ocupara la fábrica, sólo existe una gran fuente monumental.

Esta gran plazoleta del Parque madrileño, hoy denominada Glorieta del Ángel Caído, está presidida por la singular escultura que Ricardo Bellver (1845-1924) dedicó al Arcángel Luzbel en 1877.

En 1816, por orden de Fernando VII, se creó la Real Fábrica de Porcelana de la Moncloa, a fin de proseguir con los trabajos que se realizaban en la fábrica destruida.

Continúa informándonos Madoz, que una empresa privada denominada Sociedad Cerámica, ha abierto sus talleres en 1845 junto al pueblo de Chamartín, calle de la Yedra nº 5; que su director se llama Francisco de Sales Mayo y  que utilizan un molino de viento a la holandesa (sic) para estas labores.

Al hilo de esta alusión, recordamos que “A la holandesa” era también el molino que aparece dibujado en el plano de Madrid de Pedro Texeira (1656) junto a la Puerta de Santa Bárbara.

Pascual Madoz sitúa en su monumental obra enciclopédica la Fábrica de Tapices en ese edificio que aparece dibujado junto al molino, comentando de paso, que antaño era utilizado para la fabricación de pólvora, dada su excepcional ubicación a extramuros de la ciudad; hasta que otra fuerte explosión, acontecida el 10 de agosto de 1640, recomendó alejar tal actividad lo más posible de áreas urbanas. Solo sabemos que en tiempos de Carlos III la pólvora era almacenada en el término de Carabanchel Bajo, más allá del recinto de la Casa de Campo.

Remontándonos al año 1900, hemos localizado en el detallado plano de Madrid, dibujado por Facundo Cañada, un edificio situado en Carabanchel, próximo a la calle del Gral.Ricardos, que parece destinado a Almacén de la Pólvora, y al que también pudieran referirse medio siglo antes los dos manuscritos de la Tenencia de Alcalde del Distrito de Hospital, motivo central de este artículo.

Finalmente, hay que aludir brevemente a la Real Fábrica de Salitres (1778-1785), elemento químico imprescindible para la fabricación de la pólvora junto a otros usos industriales y como fertilizante, que se instaló al final de la calle llamada por entonces, de San Bernardo, -Calle del Salitre desde 1835-, junto al Portillo de Valencia.

Constituida por grandes depósitos de sal y albercas de decantación o lixiviado, daba empleo a más de 1500 operarios que vivían en su entorno dando nombre también al barrio.

Ésta, a su vez, dependía de otra Real Fábrica; la de Filtraciones de Lejía, otro elemento químico (hipoclorito de sodio) necesario en el procesado de tierras para la obtención de estos nitratos de sodio y de potasio que genéricamente conocemos como salitre.

Hay un viajero inglés de la época, Joseph Townsend, que describió en su “Viaje por España” (1786-1787), tanto esta industria como otras muchas de la época que iba encontrando a su paso, recorriendo la Península.

Viajero ilustrado, con vastos conocimientos de Economía, Geología, Botánica; hace una lectura muy crítica de la producción del salitre en Madrid, poniendo el acento en su dudosa rentabilidad para la Corona.

El relato de su periplo por la Península está cargado de múltiples observaciones harto interesantes, de un tiempo en el que los hombres ilustrados de nuestro país pretendieron sacar de su secular atraso nuestra Economía, bajo el auspicio de Carlos III, rey ilustrado, emprendedor de las grandes obras públicas y otra serie de reformas singulares con un gran sentido de renovación y de progreso.

CONCLUSIONES

Retomando el origen de este artículo y por todo lo comentado,  los manuscritos analizados parecen describir el accidente producido el día 10 de diciembre de 1849, diez años después del otro terrible accidente que también citan, de fecha 24 de diciembre de 1839.

Una nota entresacada del Diario Oficial de Avisos de Madrid alude a una Subasta de obras anunciada con fecha 18 de junio de 1840, a fin de dotar de muros de protección perimetral las instalaciones de la Primera Esclusa, suponemos que a consecuencia de la primera explosión que se ha descrito, y como medida preventiva ante los accidentes que pudieran ocasionarse en un futuro.

No sabemos si estas obras se llevaron a cabo, y si paliaron de algún modo las consecuencias del segundo accidente, producido diez años más tarde.

 

A fin de confirmar la fecha exacta del accidente hemos revisado también las notas de prensa de la época, y es precisamente en una revista madrileña llamada “La Época”, donde aparece reflejada la noticia, publicada al día siguiente del suceso.

Un escritor de aquel entonces, Antonio de Trueba (1819-1889), cuando escribe “Madrid por fuera” (1878) no hace referencia alguna a la Primera Esclusa ni al Molino de la Pólvora, comentando únicamente que el Embarcadero de sus recuerdos ha desaparecido y que el Canal está cegado, refiriéndose a este tramo inicial.

Así mismo, recuerda con cierta añoranza la última etapa del Canal, cuando aún se podía llegar a la 4ª Esclusa y las gabarras cargadas de yeso navegaban desde Cerro Negro a las yeserías madrileñas ubicadas en el Paseo de igual nombre, a continuación del Paseo de la Chopera.

El Paseo y el Camino del Molino, referido al de la China, de la 1ª Esclusa,  también han perdurado hasta el día de hoy.

En esta memoria escrita queda el recorrido a pie que hicieron un domingo a inicios del mes de junio, cuando corría el año de 1839, como buenos aficionados a la caza, con un grupo de amigos.

En el molino harinero de la 3ª Esclusa, próximo a la Venta de Santa Catalina, -donde hoy se alza el Nudo Super Sur, de la M-40-, acabaron la jornada, con una merienda al estilo de la época, donde les fue servido medio cabrito asado y ensalada acompañados de un buen jarro de vino.

Hemos confirmado que reinando Isabel II, el Ayuntamiento de Madrid cegó unos 500 metros del primer tramo del Canal (1862), entre los puentes de Toledo y Santa Isabel, zona en la que se instaló el Matadero de Madrid, hacia 1910, con todo su complejo ferroviario auxiliar.

En el Museo de Historia de Madrid podemos hoy en día contemplar una aguada a plumilla sobre papel, de Luis Bellido y González, datada en 1910, que representa el Matadero y Mercado de Ganados recién inaugurados por entonces. Este arquitecto municipal, que vivió entre 1869 y 1955, fue autor de este impresionante complejo entre otras muchas obras de la ciudad de Madrid.

En el plano de Facundo Cañada (1900), aún se advierte la traza del Canal y algunas naves del entorno de la 1ª Esclusa, junto a la desembocadura del Arroyo Abroñigal.

En planos posteriores, como el de Núñez Granés (1910), el vaso del Canal ha desaparecido definitivamente de la zona. La nueva colonia de La China comenzaría en breve a implantarse en el lugar.

En definitiva, se cerraba un episodio más de cuantos acontecieron en torno a esta colosal y esperanzada obra.

PLANO DE SITUACIÓN 1ª ESCLUSA EN RELACIÓN TRAZADO M-30 ACTUAL

 

3 thoughts on “Incendio y voladura de la Fábrica de Pólvora de la China en el Canal del Manzanares (10.dic.1849)

  • Si, los ingleses no solo aprovecharon durante la contienda oara cargarse a su competidora la real fábrica de porcelana del Retiro, sino que lo mismo hicieron con los telares de toda Castilla, ARRASARON(España era un ferreo competidor)
    En el caso que nos ocupa, las tropas de Napoleón ya se habían retirado, con lo que la orden de Wellington no obedeció a nada estratégico.
    Asi que, la ayuda de los ingleses contra Napoleón nos salió cara….
    Un saludo!!

  • El Conde de Toreno (Oviedo,1786-París,1843), político e historiador español, miembro de las Cortes de Cádiz que aprobaron la Constitución de 1812, testigo de primera mano de la Guerra de Independencia y de aquella época tan convulsa, deja constancia en su obra: “Historia del levantamiento, guerra y revolución de España”, publicada en Madrid, 1837, de los hechos del Retiro que comentamos.
    En uno de los continuos vaivenes de la guerra, el rey José sale de Madrid el 11 de agosto de 1812, dejando una guarnición de 2000 hombres en el baluarte del Retiro cuidando de heridos y enfermos.
    El general Wellington entra en Madrid, descendiendo de la Sierra, por la Puerta de San Vicente, y tras cercar el Retiro, lo embiste el día 13 de agosto a las seis de la tarde.
    Los franceses habían creado tres recintos:
    Recinto 1º ó Exterior: Palacio-Museo-Tapias del Jardín, con algunas flechas avanzadas para flanquear los aproches.
    Recinto 2º: Línea de nueve frentes de obras de campaña con un revellín y una media luna o luneta.
    Recinto 3º: Estrella de ocho puntas o ángulos, ciñendo la Casa de la China.
    La misma tarde del ataque, el general Packenham desalojó el Prado y todo el recinto exterior, penetrando por las tapias del Jardín Botánico y por las que dan a la Puerta de Alcalá.
    En la mañana del día 14, cuando se iba a reiniciar el ataque, se rindió el coronel Lefond, cayendo 2.506 prisioneros, 189 piezas de artillería y 2.000 fusiles.
    Pero el 1º de septiembre, parte Wellington para Arévalo, volviendo el rey José con su ejército a progresar en su avance hacia Madrid, enfrentándose al coronel Skerret en la zona del Tajo, donde los ingleses han volado un vano del Puente Largo de Aranjuez.
    En la retirada general del 31 de octubre de 1812, el general Rowland Hill desocupa los almacenes de los franceses y hace volar la Casa de la China y demás obras del Retiro, retirándose las divisiones hacia Alba de Tormes. El resultado de la guerra sigue siendo muy incierto.
    El 2 de noviembre entra en Madrid el rey José, que abandonará definitivamente el 17 de marzo de 1813, dejando al general Leval con una división guarneciéndola. Hasta el 27 de mayo, con el general Hugo, no se evacuará definitivamente la ciudad.
    En resumen, parece que la destrucción del baluarte del Retiro respondió esencialmente a una necesidad táctica, pues el ejército francés volvía sobre Madrid.
    La guerra continuó con bastantes altibajos. Solo la derrota y retirada de Rusia (diciembre,1812) y la batalla de Leipzig (octubre,1813) dieron el golpe definitivo a la epopeya napoleónica, precipitando el desenlace de la guerra.

¿Quieres dejarnos tu opinión?

Introduce tus datos. Tu email nunca se mostrará. Los campos marcados con * son necesarios.