Geología y paleontología de la cuenca baja del Manzanares y del Jarama

El tesoro de las Terrazas del Manzanares
Cerros Manzanares

Hace miles de años Madrid no estaba en Madrid, Madrid estaba en el Parque Lineal. Bullicioso como hoy lo es la Gran Vía, hervía de vida la cuenca baja del Manzanares…

Las Terrazas del Manzanares

El origen de todo

Para conocer la geología de la cuenca baja del Manzanares, tenemos que retroceder varios millones de años en el tiempo.

Así, hace unos 80 millones de años, a finales del Cretácico, se produjeron unos importantes movimientos orogénicos (la llamada orogenia alpina, debida a diversos choques entre las placas tectónicas) que hicieron elevarse el Sistema Central, la Cordillera Ibérica y los Montes de Toledo. La aparición de estas cordilleras sumada a los citados movimientos geológicos crearon un gigantesco vaso impermeable (fosa tectónica, en el argot geológico) que fue acumulando las aguas provenientes de las montañas que lo rodeaban. El desgaste de las cordilleras circundantes a lo que actualmente es la ciudad de Madrid, hizo que se disolvieran diferentes sustancias que terminaron por salinizar el gran lago creado. Estas sales fueron precipitando en el fondo, creando distintos sedimentos bajo el agua durante millones de años. Estos sedimentos son los que darán lugar hace 20 millones de años, en el Mioceno, por diversos procesos de evaporación y compactación, a las llamadas rocas sedimentarias, cuyo principales representantes en la zona son el yeso (sulfato cálcico dihidratado) y las calizas (carbonato cálcico), además de arcillas, limos y arenas.

Formación de las terrazas fluviales.

Formación de las terrazas fluviales. Ayuntamiento de Madrid.

Es cierto que unas rocas con una antigüedad de 20 millones de años nos pueden parecer muy antiguas. Sin embargo, a escala geológica no lo son tanto. En el norte de la Comunidad de Madrid nos podemos encontrar rocas muchísimo más antiguas (alrededor de 400 millones de años para los gneises, por ejemplo).

Ya en el Plioceno, hace tan sólo 5 millones de años -una época muy reciente en geología- esta orogenia alpina hizo que la Península Ibérica fuera inclinándose de forma gradual hacia el oeste, haciendo que el gran lago endorreico encontrara un escape hacia el Océano Atlántico a través de la cuenca del Tajo. Esto produjo un rápido desagüe de la zona, que generó una fuerte erosión en pleno drenaje, esculpiendo a su paso los cantiles (que forman parte de las “Terrazas del Manzanares”) y arrastrando las formaciones más blandas. Los cantiles están fundamentalmente compuestos por materiales yesíferos procedentes de la sedimentación de materiales de las sierras madrileñas circundantes, lo que los hacen especialmente frágiles y maleables, aspecto este que sin duda ha marcado su historia más reciente. Aproximadamente, dos tercios de la Comunidad de Madrid estaba ocupada por esta enorme cuenca (llamada la Cuenca de Madrid por los geólogos), que pasó de recibir todos los aportes acuíferos de sus ríos tributarios (cuenca endorreica) a verter al mar estos aportes, junto con grandes cantidades de sedimentos (cuenca exorreica), como se sigue haciendo en la actualidad.

Evolución cuenca de Madrid.

Evolución cuenca de Madrid (Asociación Ecologista del Jarama)

Hace 100.000 años la orografía de la zona sería parecida a la de una inmensa llanura aluvial cerrada por los escarpes yesíferos del margen izquierdo de las “Terrazas del Manzanares”. No es casualidad que los geólogos llamen llanura de inundación a la vega baja de los ríos. El Decreto 113/1993, de 25 de noviembre, del Gobierno de la Comunidad de Madrid, declaró todas las “Terrazas del Manzanares” como Bien de Interés Cultural, por lo que se hayan protegidas al nivel más alto dentro de la Comunidad. No debemos confundir los cantiles del Manzanares, que son los escarpes que hay a la izquierda del río desde el arroyo de la Gavia hasta su desembocadura en el Jarama, con las Terrazas del Manzanares, que es una denominación un tanto artificial del aterrazamiento a ambos márgenes del río desde El Pardo hasta Getafe. En muchos sitios, estas terrazas están ocultas, hoy en día, por la acción urbanística de Madrid. Un ejemplo es el famoso Alto de San Isidro, muy estudiado durante el siglo XIX y principios del XX por su enorme riqueza paleontológica, pero que hoy está ocupado por la calle del mismo nombre, cerca de la Glorieta del Marqués de Vadillo.

Cantiles del Manzanares

Cantiles del Manzanares

Tipos de rocas en el Parque Lineal

Rocas y minerales junto al Manzanares

Las rocas que nos podemos encontrar en nuestros paseos por el Parque Lineal del Manzanares las podríamos dividir en tres grandes grupos:

  • Depósitos fluviales: se trata de acumulaciones de fragmentos de rocas (principalmente cuarcitas) que nos podemos encontrar en las terrazas y en la vega del río Manzanares. Si estos fragmentos están sueltos, se denominan arenas y gravas. Si están unidos por una especie de cemento, como en un pudding, se llaman conglomerados o pudingas. Si los fragmentos son muy pequeños, estamos hablando de arcillas, muy abundantes en todo el sureste de la Comunidad de Madrid.
  • Rocas sedimentarias calcáreas: formadas por sedimentación de materiales calcáreos en el antiguo lago interior. Si están compuestas de carbonato cálcico se llaman calizas y si lo están de dolomía (carbonato cálcico y magnésico) se llaman dolomitas.
  • Rocas sedimentarias evaporíticas: formadas por sedimentación de materiales azufrados y posterior evaporación del lago que lo contiene (de ahí su nombre). El ejemplo más claro es el yeso, en sus distintas modalidades. A veces el yeso aparece unido con arcillas formando una roca sedimentaria llamada marga yesífera.

El yeso

El mineral más abundante del Parque Lineal

También llamado por los geólogos aljez, el yeso es uno de los materiales más antiguos utilizados en la construcción. Hay pruebas de que ya era usado en el Neolítico para sellar juntas en los muros.

Mineral de yeso

Mineral de yeso

En Egipto, en la Gran Pirámide de Gizeh las juntas de sus enormes bloques están reforzadas con yeso.

Vitrubio, en sus Diez libros sobre arquitectura, describe el yeso (gipsum), aunque no consta que fuera muy utilizado en el Imperio Romano. A pesar de eso, existía la profesión de yesaire. Así, en tiempos de Diocleciano, el edicto Maximis Pretus Rerum Venalius establece el salario mínimo de un yesaire en más de 50 denarios, el sueldo de un especialista.

Los musulmanes extendieron el uso del yeso en toda la Península Ibérica. Es muy probable que al asentarse a lo largo del Parque Lineal, en los distintos núcleos poblacionales que se fueron creando (las típicas torres de vigilancia: La Torrecilla, La Torre de Iván Crispín o Abén Crespín, La Algarrada, La Salmedina, etc.) comenzaran a explotar los imponentes yacimientos yesíferos de la zona. La propia palabra aljez viene del árabe hispano algiss, y éste del árabe clásico giss.

Ya en 1611, en el famoso diccionario de Covarrubias (El tesoro de la lengua castellana) aparece el término yeso (ieso) con la siguiente descripción:

“es cierta especie de piedra no dura; ay uno que reluce mucho como cristal y por eso le llaman espejuelo”.

Diccionario de Covarrubias

Como dijimos antes, el yeso es una roca sedimentaria, formada tras la evaporación total o parcial del lago en el cual se encontraban los sedimentos que habían precipitado. Por ello se llama roca evaporita. Es muy blando (2 en la escala de Mohs), por lo que se puede rayar con la uña.

Es abundantísimo en el Parque Lineal. Tanto que los cantiles que hay en el margen izquierdo del río Manzanares están formados casi en su totalidad por yesos (mucho en forma de margas yesíferas).

Corte de los cantiles

Corte de los cantiles

Químicamente está formado por sulfato cálcico dihidratado (CaSO4·2H2O). ¿Qué significa esto? Significa que durante la cristalización del mineral, se han introducido dos moléculas de agua por cada una de sulfato cálcico.

En la naturaleza aparecen multitud de variedades: alabastro, rosa del desierto, espejuelo, yeso nodular, espato, etc. En el Parque Lineal lo encontraremos como yeso laminar o espejuelo (incluso existe una cueva con este nombre) y un yeso transformado llamado detrítico.

Los fósiles

Tesoros paleontológicos de las Terrazas del Manzanares

Proceso de fosilización

Proceso de fosilización. Créditos: Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid (www.educa.madrid.org)

El mayor tesoro que guardan las Terrazas del Manzanares son los restos fósiles de animales y vegetales. Pero ¿qué son los fósiles y por qué están acumulados en las terrazas?

fósiles

Diversos ejemplos de fósiles.

Los fósiles no son más que los restos o señales de actividad de organismos pasados. Se dan casi siempre en rocas sedimentarias, como las que forman las Terrazas del Manzanares, que son las que están menos transformadas desde su creación. También es posible encontrar algún fósil en rocas metamórficas, como el mármol, pero es más raro, ya que normalmente, las enormes presiones y temperaturas que tienen lugar durante la formación de estas rocas destruyen todo vestigio fósil.

Para que un resto de un organismo merezca la consideración de fósil, se tiene que haber dado un proceso físico-químico llamado fosilización. Este es un proceso muy largo (varios millones de años) por el cual, las sustancias que formaban las partes duras del organismo (huesos, cuernos, conchas, etc.) se van sustituyendo por los minerales de los sedimentos o rocas que hay alrededor, principalmente carbonato cálcico (CaCO4), que es el compuesto más común en las rocas sedimentarias. Ni que decir tiene que las sustancias blandas desaparecen al descomponerse, por lo que animales que carecieran de caparazón o partes duras jamás fosilizarían y no formarían parte del registro fósil. Es una de las razones por las que el registro fósil es incompleto. Otra razón es que el propio proceso de fosilización es algo rarísimo, ya que normalmente los organismos, cuando mueren, se descomponen completamente.

El descubrimiento de restos fósiles de animales extintos en Madrid, no es un hecho reciente. Ya en la Edad Media, en el Mayrit o Magerit musulmán, el cronista Abd Almunia Al-Himyari, describe, en el 856 DC, el descubrimiento de un fósil en las obras de construcción de los cimientos de las murallas.

“Al cavar, se halló una tumba que contenía un cadáver gigantesco de 57 codos de largo, es decir, de 102 palmos, desde la almohada que contenía la cabeza hasta la punta de los pies”.

Abd Almunia Al-Himyari

Posiblemente se trataría de un mastodonte, aunque ellos pensaron que quizás fuese un gigante que habitó aquellas tierras varios siglos atrás.

Pero es en el siglo XIX, cuando las Terrazas del Manzanares comienzan a ser famosas por el hallazgo de multitud de fósiles del Terciario y del Cuaternario.

En 1850, el ingeniero de minas Casiano del Prado, tiene noticias del hallazgo de unos enormes huesos en el Tejar de las Animas, junto a la Ermita de San Isidro, en lo que era el Alto de San Isidro. Del Prado, junto con Mariano Graells, se desplaza al lugar, y entre ambos catalogan los huesos como pertenecientes a animales del género Elephas. Esto significaba que hace varios miles de años, había elefantes correteando por los alrededores del río Manzanares. Junto a los citados huesos, se encontraron restos líticos en sílex, que anunciaban la presencia del hombre primitivo.

Yacimiento de San Isidro en 1911

Yacimiento de San Isidro en 1911. Créditos: Paleontología: estudiar el pasado para entender el presente, de María Elena Nicolás Checa (obra encuadrada en El patrimonio arqueológico y paleontológico en las obras de ampliación del Metro. 2003-2007)

Lamentablemente, a pesar de ser un descubrimiento excepcional, los trabajos de Casiano del Prado y de Mariano Graells no fueron continuados, por lo que el rico yacimiento permaneció en el olvido y quedó como mera curiosidad para ilustres visitantes.

Yacimiento de San Isidro en 1927

Yacimiento de San Isidro en 1927. Créditos: Arqueología, América, Antropología. José Pérez de Barradas 1897-1981 (guía de la exposicíón que se celebró en el Museo de San Isidro en 2007)

No sería hasta el estallido de la I Guerra Mundial, cuando dos súbditos alemanes, al servicio de Institut de Paleontologie Humaine de París, el profesor Hugo Obermaier y su ayudante Paul Wernert, se establecieron en Madrid y se interesaron por el citado yacimiento. Fueron admitidos en la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, que presidía el Marqués de Cerralbo, recordado por su actual museo. Aparte del Alto de San Isidro, entre 1916 y 1917 se hicieron excavaciones en las inmediaciones de la Estación de Las Delicias y en Las Carolinas.

En breve, se uniría a ellos José Pérez de Barradas, por aquel entonces becario del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Wernert y Pérez de Barradas crearon un extenso catálogo de yacimientos a lo largo del río Manzanares, desde San Isidro hasta Villaverde.

Fueron años muy fructíferos en lo que a paleontología y arqueología se refiere. Se hicieron extraordinarios hallazgos que fueron perfectamente documentados y publicados.

En 1929 se creó el Museo de Prehistoria de Madrid y el Servicio de Investigaciones Prehistóricas, y Pérez de Barradas fue nombrado director. Sin embargo, la llegada de la Segunda República supuso una reducción presupuestaria para estos organismos. La actividad de Pérez de Barradas se fue paralizando hasta el estallido de la Guerra Civil, que acabó con toda investigación. No obstante, en los años 30 se descubrieron varios ejemplares de bisonte (Bos primigenius), ciervos (Cervus elaphus), caballos primitivos (Equus caballus), rinocerontes (Dicerorhinus mercki), elefantes de defensas rectas (Paleoloxodon antiquus) en unas cuantas canteras de áridos (areneros) que había esparcidos a lo largo de las Terrazas del Manzanares: Arenero del Barbas, Arenero de Lorenzo Criado, Arenero del Mayoral, Arenero del Almendro, etc.

José Pérez de Barradas

José Pérez de Barradas. Créditos: Arqueología, América, Antropología. José Pérez de Barradas 1897-1981 (guía de la exposicíón que se celebró en el Museo de San Isidro en 2007)

La investigación del Manzanares no se reactivaría hasta 1953, cuando se crea el Instituto Arqueológico Municipal. En 1955, durante unas obras de ampliación de la factoría que la Compañía Euskalduna de Construcción de Buques tenía en Villaverde (en la Carretera de Villaverde a Vallecas, a la altura de los actuales pisos de Vallehermoso), se descubrió el colmillo de un elefante antiguo (Elephas antiquus) y unos cuernos unidos a una testuz de un bisonte (Bos primigenius). Más tarde, en 1958, durante unas excavaciones en terrenos de la compañía Transfesa, situada al lado de la factoría Euskalduna, se descubren los restos de un elefante antiguo (Elephas antiquus), al que se llamará el elefante de Transfesa. Un año después, en 1959, en otra excavación se descubre el elefante de Orcasitas, que realmente fue encontrado en la actual Colonia del Ahorro, calle Menasalbas, a la entrada de la Ciudad de los Angeles a la derecha.

Elefante de Orcasitas

Elefante de Orcasitas. Créditos: Villaverde. Historia del distrito, de María Jesús Adán Poza.

Por los mismos años, se descubre otro elefante en La Salmedina, en pleno Parque Lineal.

Elefante de La Salmedina.

Elefante de La Salmedina. Créditos: Paleontología: estudiar el pasado para entender el presente, de María Elena Nicolás Checa (obra encuadrada en El patrimonio arqueológico y paleontológico en las obras de ampliación del Metro. 2003-2007)

La investigación paleontológica de las Terrazas del Manzanares no sigue una línea continua, sino que va a saltos. Así, nos tenemos que desplazar al año 1979 para hablar de otro descubrimiento importante. En el Arenero de Adrián Rosa se descubren restos fósiles de un rinoceronte lanudo (Coelodonta antiquitatis), típico de la era glaciar. En 1991 aparecen restos de otras faunas de carácter frío en el yacimiento del Arroyo Culebro: megaceros (Megaceros giganteus), ciervos (Cervus elaphus) e incluso un mamuth lanudo (Mamuthus primigenius).

Recreación del yacimiento de Butarque (VillaVerde)

Recreación del yacimiento de Butarque (VillaVerde). Créditos: Museo de San Isidro.

Recientemente, en 2007, en las obras de remodelación de la M30 y en las de ampliación de la línea 3 de Metro de Legazpi a San Cristóbal de los Angeles, se han encontrado bastantes restos fósiles interesantes, pertenecientes a las Terrazas del Manzanares.

Así, en la remodelación de la M30, han aparecido, entre otros muchos restos, unos molares de mastodonte (Gomphotherium angustidens) y de jabalí (Bunolistriodon lockhart) en el yacimiento de la Hidroeléctrica, a la altura de Virgen del Puerto, conocido desde 1920.

En la ampliación de la línea 3 de Metro, se han encontrado restos fósiles de pequeños mamíferos (lagomorfos) como liebres, ratoncillos, etc., todos del Pleistoceno. Incluso han aparecido restos vegetales en proceso de fosilización.

En resumen, todos estos hallazgos nos vienen a decir que Madrid no estaba en lo que actualmente conocemos como Madrid, Madrid estaba en el Parque Lineal, bullicioso como hoy lo es la Gran Vía. Hervía de vida la cuenca baja del Manzanares.