Los espacios del campo de la ciudad cristiano

encina carrascal

Encinas y carrascales en el Parque Lineal del Manzanares. Testigos del Carrascal de Vallecas. Tramo 3 del Parque Lineal.

Tras la reconquista cristiana de la región de Madrid, la Salmedina árabe, la fahs al-Madina, quedaría dividida en grandes regiones que no está de más analizar para entender un poco más el Parque Lineal medieval.

Tres son los elegidos, aunque anejos a ellos existieron otros algo más reducidos o supletorios de aquellos. Todos ellos fueron previsiblemente en su mayoría, bienes de uso común por todos los madrileños durante la época árabe. Sin embargo, como ya vimos en los sistemas de propiedad en la Edad Media, sus dueños variarían tras la ocupación cristiana, pasando a manos particulares algunos y quedando otros en manos del Concejo madrileño.

Aquellos que quedaron en poder del Concejo también lo fueron en dos maneras. Los que eran bienes comunes, o de uso público para todos los madrileños, y los que eran bienes propios del Concejo, quien los podía arrendar, vender o cualquier otra actividad que le diera un rédito económico.

La Salmedina fue, al menos etimológicamente, la herencia directa de la fahs al-Madina árabe. De ella hemos hablado sobradamente en su periodo musulmán y en su periodo cristiano. Fue este precisamente un bien común, descrito oscuramente en los ejidos y abrevaderos del Fuero viejo de Madrid, quien evitó expresamente utilizar su nombre original, de evidentes resonancias aún del enemigo islámico. Un verdadero milagro lingüístico que la sabiduría popular lo haya traído hasta nuestros días.

Por encima de la Salmedina, un par de terrenos que debieron pertenecer a ella en tiempos pasados: La Heredad de Carrantona y el Carrascal de Vallecas. La primera de ella con un nombre que ya lo dice todo, un bien privado que formaba parte de la masa hereditaria de sus propietarios. La Carrantona ya no era un bien común en el siglo XII.

El Carrascal de Vallecas es, probablemente, el espacio más sorprendente de todos. Bien propio del Concejo madrileño, era un antiguo y vasto bosque de encinas del que no ha quedado ni rastro… ¿o sí? Lo veremos en breve.

campo de madrid medieval

Campo de Madrid medieval, siglos XII-XIII

El Carrascal de Vallecas

carrascal de vallecas

El Carrascal de Vallecas es hoy un espacio muy distinto al que tuvo en el siglo XIII

El Carrascal era un espacio boscoso donde existe carrasca o coscoja. Es, en definitiva, un monte de encinas de mayor o menor porte. En el Fuero de Madrid se nombra en el título LXXI:

LXXI.- El carrascal
El carrascal de Vallecas, tal y como lo adehesó el Concejo, los molinos, el canal y la renta entera de Rivas, que allí posee el Concejo, permanezca siempre para la obra de la muralla de Madrid con arreglo a fuero […]

Vemos como el Concejo “adehesa” el Carrascal. Adehesar viene etimológicamente del latín defessa, o defensa, lo que nos viene a representar que el Concejo lo cercó con un muro de piedra, ramas, etcétera, para delimitarlo claramente y permitir su explotación mediante arriendos del mismo. Estamos claramente ante un bien propio del Concejo madrileño.

De hecho los réditos obtenidos se dedican a la conservación de la muralla de Madrid. Réditos que no debieron ser pocos, puesto que de allí se sacó madera que abasteció un pequeño poblado denominado Carbonero junto a La Torrecilla. Rendimientos que debieron obtenerse también por la introducción de ganado porcino o por el aprovechamiento de sus pastos.

Además, aunque estaba prohibido introducir carros en el Carrascal, sí se podía hacer si se pagaba la renta oportuna al Concejo. De ahí que numerosos caminos y parajes al Norte del Manzanares se denominen “Vado de Carros”. También de ahí viene el popular y famoso nombre de Valdecarros, zona de ampliación urbanística que ocupará buena parte de lo que era el antiguo Carrascal de Vallecas.

Junto a la madera, que debió ser muy abundante, se arrendaban otros bienes propios del Concejo. Molinos, previsiblemente en el lado del Jarama, y la renta de Rivas, muy seguramente tierras de labranza entre el Carrascal y esta localidad, que el Concejo alquilaba a particulares. Rivas, fortificado desde el tiempo de las atalayas árabes, situado estratégicamente al Este del Carrascal, vigilaría la entrada a este espacio.

El arrendamiento de este lugar y las constantes apropiaciones de la tierra que se produjeron en la baja Edad Media, debieron esquilmar el monte, hasta el punto de que hoy no quede ni el más leve rastro de que sobre esos cerros existiera un frondoso bosque ¿Qué pasó?

Como ya hemos visto, la tala del bosque para su rotura y puesta en cultivo debió ser un hecho más frecuente de lo que creemos, a pesar de que el Concejo lo adehesara. También vimos que el Fuero llegaba a favorecer estas prácticas, ya que la presura colonizaba territorio y, lo que es igualmente importante, generaba una producción agrícola sobre la que imponer tributos. Los que practicaban la presura al final también serían hombres buenos pecheros. Todos contentos, menos el monte.

La necesidad de ingresos obligaría al Concejo a arrendar más y más tierras del Carrascal, sobre el que los arrendatarios probablemente ejercieran su santa voluntad. El resultado fue una explotación sistemática e insostenible del bosque que, a tenor por el silencio documental posterior, consumió por completo este enorme recurso de la Villa y Tierra de Madrid. Demasiadas coincidencias con la época contemporánea en el Parque Lineal del Manzanares ¿Hemos aprendido algo?

Aunque parezca imposible que crezca nada en el terreno aparentemente yermo del espacio que ocupara el Carrascal, no hace falta irse muy lejos para observar con sorpresa que quedan testimonios de ese bosque de coscoja y encina cruzando el río, unos metros más allá de la orilla derecha.

Los Migueles

En el borde Sur-Este del Carrascal de Vallecas existe el paraje conocido como Los Migueles.

Aunque hay versiones que apuntan a que el nombre responde a una familia de bandoleros que habitaba en el lugar, se cree que la raíz etimológica del mismo es otra palabra de origen árabe: Nagüeles, que significa pequeña cabaña.

La explotación del Carrascal de Vallecas bien pudo provocar el crecimiento de este tipo de tugurios, pero lo que sin duda podría apuntar a este étimo es el hecho de que el paraje ha estado intensamente habitado desde la prehistoria, repleto de yacimientos arqueológicos, por lo que el lugar donde confluyen el río Manzanares y el arroyo de los Migueles a buen seguro fue un valle agradable y provechoso para vivir. Un valle que habría estado poblado de chozas durante todos los tiempos.

El Porcal

el porcal

El Porcal en la actualidad, con el Jarama en medio de la imagen tras su confluencia con el Manzanares

Un poco más al sur y ya fuera del Carrascal, pasado el Soto de las Juntas, donde confluyen Manzanares y Jarama, se encuentra el Porcal a la izquierda de este último río.

Nombre insultante para la cultura musulmán, aunque también evidencia del rastro que debió dejar el ganado porcino paciendo en este Soto.

Este espacio fue un bien común del Concejo de Madrid, pero su complicada situación, a expensas de las constantes avenidas de ambos ríos, lo hicieron muy difícil de mantener, por lo que se terminó arrendando para poder sufragar sus costosas reparaciones. Mientras, el Concejo de Madrid alegaba no tener fondos para costear unas tierras que no les aportaban rédito alguno.

La heredad de Carrantona

mapa carrantona

Mapa del IGN principios siglo XX donde aparece el topónimo de Carrantona

En el espacio que ocupa Vallecas existió La Carrantona, un paraje con un nombre propio que se repite en el arroyo que lo cruza y que desemboca en el de la Gavia, nombre que también se repite en los topónimos de Fuente de Carrantona y camino de Carrantona. Carrantona es quizá un étimo musulmán de carretan, que significa “dos barrios”, probablemente porque existieron dos núcleos poblados en la zona.

Aunque también se piensa que la raíz etimológica de Carrantona es prerromana, quizá carraón -un tipo de trigo- o más probablemente por lo que veremos seguidamente, caranta, un pequeño barranco. No en balde, muy cerca existió el poblado Carpetano de La Gavia, quienes quizá fueron sus más antiguos ocupantes.

Este vasto espacio, fue ya heredad en los primeros momentos de la reconquista cristiana, es decir, fueron bienes de propiedad privada.

Los documentos que los historiadores han estudiado nos ponen en la pista del porqué de esa temprana privatización del común que el rey debió ceder al Concejo madrileño.

Muy cerca de la Villa de Madrid, la heredad de Carrantona era territorio difícil de pacificar. Víctima de incursiones árabes, que llegaron hasta el año 1197, y del terrorismo practicado por parte de la oligarquía cristiana, no debió ser sencillo colonizar y hacer productivas estas tierras.

Por ello, entre el siglo XII y XIII, se producen ventas y donaciones constantes de las tierras de la Carrantona, agrupándose y desagrupándose la heredad en diversas ocasiones. Protagonista de esas donaciones fue la orden religiosa de Santiago.

Los caballeros santiaguistas recibieron de los dueños privados, por propia voluntad o a instancia de la voluntad regia, fincas, montes, fuentes, prados y selvas. No serían ni mucho menos las únicas propiedades de la orden de Santiago en el Parque Linenal, destacando por su significación histórica el Vado de Santiago el Verde.

Se buscaba así militarizar el campo de Madrid con unas milicias religiosas que ofrecían cierta garantía ante  los constantes ataques y saqueos de los que eran víctima sus habitantes.

Cerro Almodovar

Al Este del pueblo de Vallecas, en medio de la Carrantona, existe un paraje denominado cerro Almodovar, de evidentes resonancias árabes, y que es étimo de al-Mudawwar, que significa redondo. En la misma zona varios cerros se han denominado “redondo” a lo largo de las series topográficas del Instituto Geográfico Nacional.

Allí debió asentarse un poblado musulmán, muy cerca de la Torre del Pedroso, que se levantaría muy cerca del cerro Almodovar.

La Gavia

cerro de la gavia

Cerro de La Gavia, al pie fluye el arroyo del mismo nombre

Al Sur de la Carrantona existe el conocido paraje de la Gavia. Ocupada por el famoso poblado carpetano, la raíz de esta palabra es precisamente prerromana y significa “barranco seco”.

El Sur de la Carrantona está plagado de toponimia que aduce a la existencia de barrancos, probablemente los que dejara el arroyo de la Gavia junto al Manzanares en su desagüe Cuaternario. Algunos de ellos tan imponentes como el que aloja las cuevas de la Magdalena, pese a estar hoy amputado por las vías del AVE.

Los Barrancos, Los Barranquillos o el tristemente conocido Las Barranquillas, son la herencia etimológica, superviviente por increíble que parezca, de aquellos primeros ocupantes de las tierras del Manzanares, de eso que hoy llamamos Parque Lineal del Manzanares.