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Parque Lineal del Manzanares: Una integración histórico-natural sostenible

La integración es la acción por la cual las partes aisladas pasan a formar parte de un todo o cuerpo común, constituyendo la labor de integración un trabajo de reconstrucción de una realidad que por el paso del tiempo y la degradación se ha segmentado, aislado y atomizado en estados marginados y completamente abandonados por las administraciones públicas y la ciudadanía, quien desconoce su existencia.

La sostenibilidad, por otro lado, hace referencia al modo medioambiental, social y económico en la que una realidad es desarrollada de manera en que sea perdurable en el tiempo, sin sacrificar recursos en este triple ámbito por encima de su límite de renovación.

En el artículo que sigue, expuesto por el GIPL en las jornadas sobre experiencias de diseño y vida en parques y jardines públicos, organizadas por el Instituto Madrileño de Antropología (IMA) y tituladas Vivir el Parque, resumiremos la visión de la Asociación sobre este hecho, crucial y de suma importancia si queremos un parque de todos y para todos, un espacio que nunca más sufra el abandono que lo viene acompañando desde las últimas décadas. En este texto se incorporan las aportaciones y opiniones de los profesionales a los que acompañamos en la mesa, de quienes tuvimos el placer de aprender y entender otros puntos de vista.

La integración del Patrimonio histórico-natural del Parque Lineal. Su posterior conservación y protección. Experiencias en otros lugares.

El Parque Lineal del Manzanares es una despensa de incalculable valor que atesora un heterogéneo grupo de realidades históricas y naturales. La huella de la humanidad y de los ancestros del propio hombre, sobreviven, como en un gran libro de historia animado, en el espacio del Parque.

Restos históricos que abarcan desde el paleolítico y que llegan hasta nuestros tiempos, así como los más claros exponentes de los fenómenos geológicos que dieron lugar a las Terrazas del Manzanares -hoy protegidas- conviven junto a especies animales y vegetales de extraordinario valor en el Parque Lineal del Manzanares.

Que a nadie engañe el aspecto áspero y hostil de las tierras yesíferas que circundan al río Manzanares: son un tesoro de incalculable valor que espera el momento de ser integrado en una vasta realidad histórico-ambiental de grandes proporciones.

Por integración entendemos el proceso de recuperación de estas realidades, de inversión hablando en términos económicos, de puesta en valor hablando en términos urbanísticos. Esta integración tendría por objeto diferenciar cada una de estas realidades, hoy aisladas y abandonadas, para situarlas en un plano superior de conservación y protección, considerado como un «todo» con personalidad propia.

Hablamos de la triple actuación administrativa (Integración – Conservación – Protección) que ya exponía y obligaba el Plan Especial de Infraestructuras Manzanares Sur (PEIMANSUR), hoy pendiente de ejecución por el Ayuntamiento de Madrid.

Como veremos en este artículo, el Tramo 1 del Parque Lineal, pese a ser la única actuación real en terrenos del Parque, no parece quizá el mejor ejemplo de la integración histórico-natural que desde el GIPL defendemos.

No obstante, actualmente sí hay iniciativas que, desde las propias administraciones o con el consentimiento de ellas, participan de los valores de esta doble integración sostenible. Aunque sea sólo como mención, es muy destacable el caso de integración practicado por las diputaciones provinciales de Palencia, Burgos y Valladolid sobre 207 kilómetros del Canal de Castilla, no sólo logrando el uso heterogéneo, la conquista de un espacio por parte de toda la población, sino que además se ha logrado la vertebración de un espacio antes desconectado y por lo tanto más frágil y propenso a la marginación o desaparición.

En el propio Parque Lineal tenemos también una experiencia de integración, aunque a una escala infinítamente menor: la de una pequeña zona con restos históricos de la Guerra Civil Española. La actuación ha tenido como protagonistas a la Asociación de Espacios para la Memoria, a Gefrema y al Ayuntamiento de Rivas, poniendo en funcionamiento formas de trabajo novedosas y hasta ahora poco explotadas, logrando arrancar un proyecto con unos costes económicos mínimos y unos resultados realmente prometedores.

La degradación del Parque Lineal.

 

No deja de ser cierto que el Parque Lineal viene siempre acompañado de un termino que en nada le beneficia: la degradación de su espacio. Famosos núcleos de infravivienda, algunos ya históricos y erradicados, instalaciones insalubres y molestas, lugar para prácticas incívicas o ilegales de todo tipo, etcétera. Poco espacio queda entonces para el ciudadano que quiere disfrutar del Parque , de su espacio y de su impresionante Patrimonio.

Nosotros entendemos la degradación en una doble vertiente:

  • La degradación física. Es la degradación por antonomasia, la visible, la que todo el mundo puede sentir sin el menor esfuerzo. Es una degradación material que se traduce en barreras físicas que impiden el acercamiento al Parque. Ejemplos hay muchos: desde accesos muy deficientes o la falta de los mismos, hasta caminos públicos o cañadas cerradas o simplemente eliminadas. La falta de respeto al Dominio Público Hidráulico es un ejemplo de este tipo de barreras que, en el Parque Lineal, con un río y numerosos cursos de agua en su territorio, cobra especial importancia.

  • La degradación psicológica. Es la degradación invisible, la sensación de espacio contaminado que recae como una losa sobre el Parque Lineal del Manzanares. Mientras que la erradicación de la anterior no es un tema especialmente complejo, la que ahora nos ocupa es pertinaz y a veces imposible de eliminar. Realidades como ruidos, olores, montañas de artificiales de escombros o sobrantes, el simple abandono por parte de las administraciones públicas o la mera destrucción del paisaje, provocan en el Parque la pérdida de su identidad histórica y natural, ocasionando un grave perjuicio en la imagen que este espacio tiene en la mente del ciudadano.

Las concepciones históricas del espacio del Parque Lineal

Sólo podemos entender una ciudad donde sean las personas las que de una manera razonable diseñen el espacio urbano que usan. Son ellas, con sus gustos, sus necesidades o sus ambiciones, las que se apropian socialmente del espacio para darle un sentido. La participación ciudadana y la integración armónica de todas sus sensibilidades parecen hechos imprescindibles.

Históricamente podemos diferenciar tres grandes concepciones del espacio que ocupa lo que hoy llamamos Parque Lineal del Manzanares:

  • Concepción utilitarista. Presente hasta la Guerra Civil Española, usaba este espacio para multitud de actividades agropecuarias, industriales o incluso de ocio u ornamentación. Siempre se logró un equilibrio entre ellas, alcanzándose una sostenibilidad que ha legado el Parque hasta nuestros días.

  • Concepción espacial. Posterior a la anterior, es la que actualmente se tiene en cuenta para el Parque Lineal del Manzanares. El Parque es aquí un mero espacio, de alto valor económico por su posición incrustada en el núcleo urbano, pero vacío, carente de valor o personalidad propia. Los proyectos espaciales usan el espacio desglosándolo del Parque y son ajenos a su doble realidad histórico-natural.

  • Concepción integral. Novedosa y nunca aplicada, pero apuntada por proyectos municipales como el PEIMANSUR y otros de gran valor histórico-ambiental. Concibe el Parque como un fin, no como un medio, incorporando en él su Patrimonio, poniéndolo en valor y haciéndolo accesible para toda la ciudadanía, posibilitando múltiples usos del mismo. La integración supone la conexión de todo el espacio del Parque, vertebrando un territorio hoy fuertemente parcelado, desintegrado y marginado.

La sostenibilidad del Parque Lineal. La experiencia del Tramo 1.

Se suele entender la sostenibilidad desde un triple punto de vista social, económico e histórico-ambiental. Las dos últimas pueden entenderse como la explotación de un bien (económico o natural) sin hacer peligrar su futuro (gastos insostenibles o actuaciones que destruyan el medio). La primera, la sostenibilidad social, podemos definirla en este caso como aquella que logra potenciar las relaciones sociales frente a la individualización de comportamientos, es decir, la que crea tejido social, no la que lo destruye o la que lo desincentiva en realidades asiladas o que fomentan el uso individual y desligado del espacio. No sería así recomendable la actual concepción de los pocos lugares visitables del Parque Lineal, que potencian la idea de «como ir» a un sitio frente a la de «estar» en un sitio. Consumimos el espacio, no lo usamos de manera integrada.

Sólo desde esta perspectiva podemos analizar con destreza la única y pequeña experiencia llevada a cabo en la recuperación de un espacio perteneciente al Parque Lineal del Manzanares: el Tramo 1 o parque de Bofill.

Desde el punto de vista económico los números son meridianos. El Parque que diseñara Ricardo Bofill se lleva el 8% del presupuesto municipal para zonas verdes. Si se siguiera el mismo esquema de diseño para la totalidad del Tramo 2, juntos se llevarían el 30% del dinero público para este tipo de espacios, lo cual quiere decir que Madrid, con el presente esquema de financiación municipal, sólo podría tener otros dos parques además de una parte del Parque Lineal. Y todo ello sin contar el gasto que generan las estructuras en él enclavadas y restadas al Parque, como por ejemplo la Caja Mágica.

La parcelación a ultranza de este espacio, no sólo administrativamente, sino también de manera conceptual, no parece ayudar a esta clara insostenibilidad económica. La creación de “proyectos isla”, aislados unos de otros, vallados tras muros físicos y administrativos, desincentiva la generación de economías de escala, de sinergias económicas y sociales tan necesarias en proyectos de gran calado.

La “Caja Mágica” es el vivo ejemplo de esto, suponiendo una barrera más de acceso al Parque, desligada de él, con servicios de protección y conservación independientes de los del propio Tramo 1, sin un futuro común, poco puede aportar al difícil provenir económico de este tramo, salvo confiar en que ningún equipo de gobierno municipal termine por recortar este notable presupuesto económico en tiempos de estrecheces presupuestarias.

Social y ecológicamente la sostenibilidad tampoco parece ser la esperada, con un espacio completamente despoblado de personas los días laborables, amplias praderas que requieren riego intensivo o especies introducidas en un ecosistema que no es el suyo.

La sostenibilidad en estos tres vertientes se retroalimenta, ya que mantener económicamente un espacio natural o social insostenible es, a su vez, también insostenible. O al menos sostenible pero con una fecha de caducidad predecible.

Esta crítica no es en ningún caso destructiva y no pretende poner en entredicho unas actuaciones municipales que en el Tramo 1 que reconvirtieron un espacio altísimamente degradado en un parque urbano de reconocimiento internacional. Más bien se pretende encontrar los errores de una actuación que quizá no fuera la más adecuada al lugar y al entorno y, sobre todo, hacernos la pregunta de si sería lo más idóneo repetir esta misma filosofía en el Tramo 2 del Parque Lineal o, incluso en las áreas del Tramo 3 que el Gobierno Regional estimara pertinentes. Parece claro, no obstante, que la integración histórica y natural sobre la que versa este artículo, no coincide, o al menos no coincide plenamente, con el “modelo Bofill” del primer tramo del Parque.

El futuro del Parque Lineal para las administraciones madrileñas. La participación ciudadana.

Son varios los proyectos que desde los gobiernos municipales y regionales se han preparado para el vasto espacio que ocupa el Parque Lineal del Manzanares, algunos de ellos apoyados directa o indirectamente por el Estado central. Destacan entre todos ellos dos: el canal de remo olímpico Madrid2016 -que sería construido en el Tramo 2 con incidencia en el Tramo 3- y un gran campo de golf en el Tramo 3, cerca de Perales del Río.

En común tienen varios aspectos:

  • Su gran tamaño y el uso intensivo del espacio en una clarísima concepción espacial del Parque por parte de las administraciones públicas.

  • Su origen en aspectos totalmente ajenos al Parque, como podrían ser la reiterada candidatura olímpica de Madrid o aspectos urbanísticos de distinta índole.

  • Su completa desconexión con el entorno. Sólo así podría entenderse el remo o el golf en una zona con nula tradición en este deporte, o la destrucción del espacio que hoy contiene elementos de incalculable valor histórico, paleontológico o medioambiental.

  • Su insostenibilidad medioambiental. Datos como los que descarnadamente muestran que el canal de remo consumiría la misma agua que la ciudad de Madrid en todo un día -en una zona especialmente sensible al recurso hídrico- o la necesidad de cambiar el curso al río Manzanares, son elocuentes y desmontan razonadamente las supuestas bondades de estas obras sobre un Parque Lineal que simplemente sería destruido.

  • Insostenibilidad social y económica. El mismo COI advirtió a la candidatura Madrileña 2016 de las altísimas necesidades de financiación no resueltas en una obra probablemente planeada en el entorno inapropiado. Al ya desvío del curso del Manzanares habría que añadir el no despreciable presupuesto de soterrar un tramo importante de la M-45, por debajo del mismísimo río. La creación de nuevas barreras arquitectónicas en forma de instalaciones estancas para usos privativos, en un espacio claramente insuficiente para estas obras, sería una nueva empalizada para el ya desligado Parque Lineal del Manzanares. El uso minoritario de las mismas no creemos sea lo más adecuado para un espacio abierto y de infinitas posibilidades como es hoy el Parque Lineal.

No creemos, por tanto, que a día de hoy desde ninguna administración municipal, regional o estatal, se haya planteado seriamente una recuperación histórico y ambiental sostenible en el Parque Lineal, en la que el usuario -vecinos y ciudadanos- haya tenido alguna capacidad de decisión.

Frente a esta participación social se ha preferido, tanto en los proyectos desarrollados como en los que simplemente se han quedado en previsiones, el parque de autor o de despacho. No debemos confundir en este punto participación con reivindicación. La participación es la deseable colaboración directa y activa del ciudadano en el diseño del parque, siendo el usuario quien determine cómo será el espacio que finalmente se diseñe, quedando el profesional limitado a una importante labor técnica de asesoramiento. La reivindicación es, por el contrario, un medio sucio por el cual se influye o se modifica por simple oposición el comportamiento administrativo que realmente crea el espacio por medio de equipos técnicos de diseño. Los movimientos sociales han quedado relegados a este segundo medio en todas y cada una de las actuaciones que han rodeado al Parque Lineal del Manzanares, siendo su participación en ellas completamente nula.

La comprensión por parte del ciudadano de la realidad del Parque Lineal cobra enorme importancia para evitar la catástrofe que significaría su previsible destrucción. Sólo la ciudadanía, con el claro conocimiento del medio y sus enormes posibilidades, podría ejercer la adecuada presión para incorporarse a unas mesas de diseño hoy pobladas de ideas e intereses completamente ajenos al Parque y a sus usuarios.

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