El final de la Batalla del Jarama: resumen y consecuencias

trincheras batalla del jarama

Trincheras Batalla del Jarama tras la estabilización del frente. Estas están en el Tramo 3 del Parque Lineal, republicanas, retaguardia de las que se formaron frente a Coberteras

Pasada la Batalla del Jarama y tras los combates del Pingarrón, el Ejército Popular Republicano cesa en sus intentos de expulsar a las tres brigadas nacionalistas al otro lado del Jarama.

El ejército de Franco desea también, probablemente desde mediados del mes de febrero, el final de la Batalla. De esta manera no tendrían que ceder al enemigo posiciones que tantísima sangre había costado conseguir, y se daba así la oportunidad de avanzar al ejército italiano que en dirección contraria debería cercar Madrid en la Batalla de Guadalajara. Tampoco hubo éxito ni gloria alguna en esa acción nacionalista.

Tras la estabilización del frente, comienza la guerra propagandística. En las trincheras pululan los altavoces y panfletos con los más diversos textos, que exhalan patriotismo de ambos lados, y que son lanzados contra el adversario. Se busca la deserción que, a veces, se producirá por diferentes razones. Los militares profesionales del ejército nacionalista jamás lo harán, forma parte de su profesión. Sí se logrará algún abandono desde uno u otro bando, sería entre los enrolados a la fuerza o aquellos que tenían alguna causa pendiente en sus filas. No obstante no serán muchos, unos 200  soldados nacionalistas y unos 42 de las Brigadas Internacionales.

Uno de estos panfletos reza lo siguiente, por si había dudas sobre que el término “nacional” fuera también republicano:

El Ejército Nacional Republicano, compuesto por los mejores hijos de la gran España, avanza irresistiblemente hacia la victoria.
¡Viva la España Republicana! Closing Quote

Pero para los voluntarios internacionales, la Batalla del Jarama no acaba con el silencio de sus frentes. Extranjeros de sí mismos, cuando llega el ansiado y escaso descanso, no hay hogar al que acudir, no hay esposa, no hay padre ni madre que les acoja tras la dura batalla, tras la húmeda trinchera. Algunos, los más, ni siquiera tendrán patria a la que volver tras defender los ideales supremos de libertad e igualdad en otra tierra que no era la suya, de la que apenas conocían su nombre y que terminará desapareciendo tras sus propios pasos, cuando abandonen España y se derrumben tras de ellos montañas de sueños e ideales.

Muchos de ellos descansan en un olvidado cementerio, sin lápida ni texto alguno, de monumentos ultrajados, cerca de Morata, a escasísimos metros del frente que defendieron durante la Batalla del Jarama.

Cementerio brigadas internacionales cerca de Morata

Cementerio brigadas internacionales cerca de Morata

La Batalla del Jarama ¿un error estratégico de ambos bandos?

Lejos de afirmar quien ganó o perdió la Batalla del Jarama, podría decirse que estratégicamente no estuvo bien planteada. A la poca previsión nacionalista en cuanto a las reservas necesarias para tan amplio recorrido, se unió el hecho de que obviaron la capacidad de resistencia y ataque del enemigo y las durísimas dificultades de un campo cerrado de olivos que impediría cualquier maniobra o contacto de las masas atacantes.

Pero aún más allá, la concepción de la Batalla del Jarama, ideada desde un punto de vista rudo, elemental, sangriento, de corte falangista como diría Vicente Rojo, se limitaba a enfrentar hasta la extenuación dos masas de ejército destinadas a consumirse o vencer. Resistencias y ataques desesperados que aniquilaban hombres y reservas con la única bandera del patriotismo, del rey o de Dios. Pierde quien muera antes, gana quien aniquile al contrario. Poca o ninguna brillantez estratégica tuvieron tales planteamientos.

Dos frentes chocando, en una brutal fricción, sin ningún resultado. Sólo grietas, pequeños objetivos que se alcanzan y se pierden en un espacio limitado y, en fin, relevo incesante de unidades desgastadas, sin otro fruto que ganar unos metros de terrenoClosing Quote

Vicente Rojo. General republicano

Pero los republicanos pecaron del mismo defecto. Los ataques del Pingarrón o de la Marañosa están cortados por los mismos patrones de choque frontal, ilógico, tácticamente desastroso.

Sobre el día 12 de febrero el general Vicente Rojo propone su plan de rentabilizar el hecho de haber parado el ataque nacionalista en el Jarama. Las mejores unidades rebeldes están en una ratonera con los republicanos por delante de ellos y con el río Jarama a sus espaldas. Extenuados por un avance demoledor, moros y legionarios son incapaces de avanzar, pero tampoco se les hubiera permitido retroceder después de dejar sobre el campo de batalla miles de muertos.

Rojo propuso mover las reservas y pasarlas al flanco derecho del frente de Madrid, iniciar el ataque que los republicanos tenían preparado y que nunca ejecutaron. Rojo quería atacar con dirección Navalcarnero, ahora que la mayor parte de reservas rebeldes estaban en el Jarama, y profundizar para cerrar una pinza que dejara a lo mejor del ejército franquista entre dos fuegos. Una maniobra que de haber tenido éxito habría puesto un punto y aparte en la Guerra Civil Española.

El mando republicano desiste de esta idea y prefiere invertir sus reservas en el Jarama para rentabilizar el éxito parcial conseguido. Se recurre de nuevo al ataque frontal, extenuante, esperando que el enemigo abandone sus posiciones cuando vieran venir las masas enemigas o cuando las bajas fueran alarmantes.

Nada más alejado de la realidad. La Guerra Civil Española sería dura y muy larga, como vaticinaba lo acontecido en la Batalla del Jarama.