El Tren de Arganda y Frente de Madrid reviven la historia al sur del Manzanares

Las Asociaciones Vapor Madrid y Frente de Madrid celebraron el pasado domingo 25 de abril la III recreación del Tren de Vapor Madrid, en el que se juntaron las máquinas del Tren de Arganda -ese que pita más que anda- y los soldados y milicianos que hace más de 70 años combatieron a la orilla del Jarama.

Un ejemplo más, al flanco derecho del Parque Lineal del Manzanares, de integración y recuperación histórica. Un evento cultural y divertido en un marco inmejorable.

Mapa del antiguo tren de Arganda. En rojo el recorrido de La Poveda [MAPTYPE=G_SATELLITE_MAP]

El Tren de la Poveda o Tren de Arganda

Treinta y cinco años después de quedar inaugurada la linea a Aranjuez, se inauguraba el tren de vía estrecha de Arganda. La nueva lineal partía de la estación del Niño Jesús -junto al retiro- y pasaba por los entonces pueblos de Vicálvaro y Vaciamadrid. Durante mucho tiempo sirvió para transportar viajeros y el yeso que hay en toda la zona y del que hemos hablado muchas veces.

A principios del siglo XX quedaría prologada la linea hasta Morata de Tajuña, momento en el cual se hacen dueños de la misma, los trenes pequeños, que llegaban a una multiplicidad de tierras. Es entonces cuando se construye la azucarera de La Poveda, que junto a la de Aranjuez eran las más importantes de Madrid. El tren fue intensamente utilizado entonces para el transporte de la remolacha.

La linea quedó tras las vanguardias republicanas en la Batalla del Jarama, por lo que está jalonada de búnkers que provecharon el talud de la vía. Tras la Guerra Civil se especializó en el transporte de cemento y para la reconstrucción de Madrid y poco a poco fue entrando en desuso tras la marcha de los viajeros. Hoy buena parte del tren ligero pasa exactamente por donde circulaba el Tren de Arganda.

(El tren de Arganda)

La recreación

Por un módico precio de 5 euros nos subimos al vagón escoltados por dos buenos mozos vestidos de Guardias de Asalto republicanos. El más joven, con la gorra ladeada, me recordaba a Líster, orgulloso, casi fanfarrón, representaba fino su papel. El mayor, erguido, serio, casi daba miedo. La uniformidad negra que inventaran los diseñadores republicanos, hace perfectamente su función e impone respeto hasta entre la chavalería que sube al furgón.

Detrás, los milicianos anarquistas, con mucho menos porte y menos estilo el del sastre que vistiera a los antecesores de los GEOS, pero orgullosos, con sus cabezas altas y mauser al hombro para hacerlo entender al precio que fuera.

En el otro convoy ondea la bandera bicolor, la monárquica. Cinco soldados de infantería van comandados por un sargento. Cuando el tren parte de la Estación de la Poveda -hoy reconstruida y casa del museo del ferrocarril- comienza la representación.

El de la UGT y el de la CNT se alían para hacer frente a los guardias de asalto, que piden unidad frente a los sublevados. Los anarquistas gritan consignas contra el Estado y contra el poder.

Tras unos minutos cruzamos sobre el Jarama y el tren se para. Una enorme cantidad de soldados de ambos bandos pone el pie en tierra firme para empuñar las armas. Unos frente a otros se gritan, se sorprenden de la reacción del contrario pensando que la propia es la adecuada. Hay familias en los dos lados:

¡Pero cuñado! Y si te mato, qué le digo yo a mi hermana -dice uno.

¡Pues tira el arma y ríndete! -dice otro.

Al final todo acaba muy distinto a como acabó realmente y todos se funden en un abrazo entre botas de vino que vuelan de mano en mano, como debe ser. Al fin y al cabo se trata de una bonita representación para diversión del personal, hoy un tanto desubicado como viajero del siglo XIX.

No hubo nunca tal batalla en el ferrocarril de la Poveda, pero tanto las máquinas, las instalaciones o las propias vías, son las de época. Los uniformes, el armamento, las banderas y las consignas, eran las que en 1.937 retumbaron a orillas del Jarama y del Manzanares. Los espectadores corríamos inquietos fotografiándonos con todos… no era para menos, la oportunidad lo merecía.

Otro ejemplo de la total falta de necesidad de inversiones multimillonarias para conseguir la recuperación de un entorno y su disfrute por la ciudadanía. Sin soterrar carreteras ni desviar ríos, sin necesidad de hormigonar el valle del Manzanares, aquí tenemos como unos pocos, no muchos, con poco o ningún dinero, sacan oro del lugar que otros piensan perdido.

Enhorabuena a los que lo hacéis posible ¡Os esperamos en el Parque Lineal!

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