El Puesto de Escuadra del Cerro de la Oliva

Vista lateral del fortín, unos meses después de su excavación

En Rivas-Vaciamadrid, junto al valle formado por el arroyo de Los Migueles y la carretera de Valencia, se conserva un conocido conjunto de construcciones bélicas de la Guerra Civil Española.

La rápida urbanización del municipio metropolitano madrileño, contenida por los límites del Parque Regional del Sureste, ha respetado dos cerros de suaves pendientes. El de mayor elevación nos sirve para dar nombre al conjunto defensivo que recorre ambos.

Esta posición también se conoce como Trincheras de los Migueles, Puesto de Escuadra de los Migueles o incluso restos del Cerro de los Migueles, siendo este último topónimo incorrecto.

Este es el primer trabajo del GIPL perteneciente a una serie que tratará de ilustrar las trincheras y elementos bélicos del Cerro de la Oliva, desde un punto de vista didáctico y divulgativo.

La información recopilada se basa en diferentes obras y autores citados al final del artículo y cuyo trabajo y puesta en común agradecemos. La reconstrucción fotogramétrica y el video presentación del fortín, dan a nuestro artículo un aspecto didáctico original y creemos que muy atractivo.

 

En este primer artículo de la serie, se describirá el único elemento del conjunto fortificado con hormigón. Un puesto para cinco soldados, una Escuadra, incrustado al pie del cerro más cercano a la probable zona de incursión enemiga.

 

Los antecedentes de las trincheras del Cerro de la Oliva

Frente tras la Batalla del Jarama y del intento de toma frontal de Madrid. El Cerro de la Oliva es la vanguardia del Cerro Redondo y Vértice Cumbres.

En febrero de 1937, hace ahora 80 años, tenía lugar la Batalla del Jarama. El amplio escenario de los combates, en campo abierto, suponía un punto y aparte desde los que se dieron en el intento de toma al asalto de la capital de la República.

El frente se extendería desde Vaciamadrid hasta Ciempozuelos, a lo largo de los ríos Manzanares y Jarama, que supusieron la primera y principal barrera geográfica que los atacantes debían salvar.

El arroyo de Los Migueles, un arroyo tributario del río Manzanares justo antes de su desembocadura en el Jarama, es una vía de acceso natural a Madrid por Vallecas. Por aquí transitaba un tramo de la carretera de Madrid a Castellón, actual autovía de Valencia, que sería batida por los nacionalistas en el transcurso de la Batalla.

La zona de Los Migueles formaba parte de la retaguardia republicana antes de la Batalla del Jarama. El frente estaba más al Oeste, a lo largo de la carretera de Andalucía, por donde las tropas nacionalistas, al final del año 36, se habían estirado en su fracasado intento para la toma frontal de Madrid.

Realmente la Batalla del Jarama no fue un acto absolutamente sorpresivo. Ambos bandos se prepararon durante las semanas que siguieron al intento de asalto de noviembre de 1936, preparando movimientos para cortar las retaguardias del contrario. La acumulación de tropas nacionalistas fue más eficaz, y el 6 de febrero inician el ataque.

La zona de Los Migueles, el Espolón de Vaciamadrid, Coberteras y la Marañosa está ocupado en esos momentos por la 19 Brigada Mixta, formada entonces por soldados de reemplazo que constituían un primer escalón del fallido despliegue republicano. Durante los primeros días, las tropas gubernamentales son prácticamente aniquiladas.

La base de la 19 Brigada se estableció al Norte de las trincheras y fortificaciones que analizamos en este artículo, concretamente en el Cerro Redondo y Vértice Cumbres. Más adelante y durante el transcurso de la Batalla del Jarama, se establecería aquí parte de la artillería republicana. Junto a ellos, en el Cerro Gordo, se fijaría el puesto de mando de la División. El triángulo de estas tres alturas serían la retaguardia de las fortificaciones defensivas del Cerro de la Oliva.

El final de la Batalla del Jarama, la fortificación de posiciones

Durante la Batalla del Jarama el sector de Los Migueles queda escorado al flanco derecho republicano. El desgaste bélico se produciría principalmente más al Sur, en la orilla izquierda del Jarama, tras la cabeza de puente nacionalista y su infructuoso avance hacia Arganda y Morata.

Durante la Batalla, los nacionalistas tomaron las cumbres de Coberteras y las instalaciones de la fábrica militar de La Marañosa, llegando hasta el Espolón de Vaciamadrid para batir desde allí con sus fusiles la carretera de Valencia.

Sucesivos contraataques republicanos, buscando castigar este flanco con el último objetivo de estrangular la bolsa del Jarama, cruzarán el río Manzanares para subir las lomas de la otra margen.

Se recupera parte del terreno perdido a pesar del elevado coste humano, instalándose trincheras a una mínima distancia de las rebeldes. El Espolón quedaría dividido entre ambos bandos, en un terreno con altísima concentración militar y de nula utilidad estratégica. Realmente los nacionalistas jamás abandonarán las alturas principales, por lo que el esfuerzo republicano se enmarcaría más en lo político y en cuestiones relativas a la moral de la tropa.

Finalizada la Batalla comienza la guerra de trincheras y la fortificación de lo ya conseguido. El ejército republicano, repartido en ambas márgenes del Manzanares, levanta varias líneas defensivas paralelas al río, desde las posiciones cuerpo a cuerpo con el adversario en el mismísimo extremo del Espolón de Vaciamadrid, hasta las que recorren los cerros de la margen izquierda, a retaguardia de las anteriores.

En estas últimas, que llegan hasta Madrid, estarán encuadradas las trincheras del Cerro de la Oliva y del Puesto de Escuadra, en la línea defensiva denominada en la terminología militar de la época como Línea de Sostenes. Hablaremos del dispositivo defensivo en siguientes artículos.

Durante los meses después de la Batalla, principalmente a lo largo del año 1938, se van construyendo las trincheras y los emplazamientos para ametralladoras de esta Línea de Sostenes. No hay evidencia exacta de ello, pero probablemente a finales de 1938 se proyecta y termina este Puesto de Escuadra, enmarcado en una serie de fortificaciones que se ejecutan en la zona del Espolón de Vaciamadrid.

Localización, estructura y funciones en el frente

Vista en perspectiva superior del Puesto de Escuadra. Al fondo el Puente de los Migueles. La llanura ha cambiado ligeramente por la presencia de un colector.

El fortín, ejecutado en hormigón y en un estado de conservación aceptable, está literalmente incrustado a media ladera del cerro más pequeño. De esta manera las obras quedaban mejor enmascaradas a la observación enemiga que posiciones más elevadas, también presentes en el Cerro de la Oliva.

Este fortín a media altura, embutido en el terreno y cubierto en parte con la tierra extraída para su vaciado, consigue mimetizarse con el entorno, ocultando su silueta. Es una obra proyectada y pensada con cierta dedicación. De hecho este tipo de construcciones fueron reglamentarias, conservándose documentación sobre su diseño y costes en materiales y horas de trabajo. Estamos pues ante un modelo estandarizado, del que a pesar de ello no se conservan ejemplares.

Plano de un Puesto de Escuadra sacado de los manuales del Ejército republicano. Nótese la presencia en este de 4 troneras y de dos nidos a barbeta. La trinchera de acceso y el refugio son coincidentes. Fuente: Ricardo Castellano.

Sus cinco troneras están dispuestas en línea para sus ocupantes, un cabo y cuatro soldados, en terminología militar una Escuadra. Realmente el fortín no está orientado al valle del Arroyo de los Migueles (que queda tapado tras un cerro), sino otra vaguada que sirve de acceso a cotas próximas al Vértice Cumbres, donde estaría alojada la artillería y observación republicana. De ahí probablemente su localización.

Ortofoto del fortín, pozo granadero y trinchera de acceso.

El puesto está a la entrada de esta vaguada, flanqueándola y propiciando el tiro de enfilada a un supuesto atacante que avanzara por él. En este tipo de construcciones defensivas se buscaba alcanzar al enemigo perpendicularmente a su avance, enfilándole por su flanco, provocando así el mayor daño posible.

Está orientado y con visibilidad a una amplia llanura que se extiende con dirección al Canal del Manzanares. El dispositivo defensivo debía disponer de un Plan de Fuegos, con la cobertura y alcance de cada posición y de cada arma. Probablemente no se ha conservado ese documento, pero el fortín apunta directamente a un punto sensible: el Puente de los Migueles, del mencionado Canal, batiendo con sus fuegos toda la llanura hasta ese punto.

El Canal del Manzanares fue usado como elemento defensivo por la Línea de Sostenes. Incidiremos en ello en siguientes artículos.

Muy probablemente el resto de elementos bélicos de este conjunto, perteneciente al 4º Centro de Resistencia, cruzaban sus fuegos en éste y otros puntos sensibles, pero hoy la mayoría de ellos han ido desapareciendo, por lo que resulta aventurado cualquier interpretación.

El habitáculo dispone de escalones a dos alturas para el apoyo de los tiradores y de sus fusiles. Se accede por una entrada trasera, a retaguardia, mediante una trinchera que hace las veces de ramal de comunicación con la línea principal.

Al lado derecho existe un nido a barbeta (pozo granadero). Su nombre proviene de la altura de su protección, que llegaba hasta la barba o barbilla. Se accede a él por la entrada lateral. El Puesto de Escuadra, cubierto y con reducidas troneras, carecía de visibilidad y disponía de ángulos de tiro limitados. Este nido a barbeta, protegido del tiro rasante mediante un parapeto de sacos terreros, ganaba visibilidad a costa de reducir su blindaje y aumentar su exposición, estando descubierto al tiro parabólico del contrario.

Se buscaba de esta manera combinar ambos sistemas, dotando a la posición de mayor versatilidad, bien preparada para efectuar el tiro de fusil, blindada a los fuegos rasantes y parabólicos, pero también con capacidad para la observación y para poder utilizar otro tipo de armamento.

El Puesto de Escuadra dispone además de un refugio en su parte trasera. Excavado a mayor profundidad, se accede a él a través de una entrada interior, por un túnel con bóveda de cañón actualmente clausurado.

Este y otros refugios también presentes en las trincheras del Cerro de la Oliva, solían servir de almacén a sus ocupantes y al armamento. Su interior propiciaba protección a hombres y material durante las duras preparaciones artilleras del enemigo. Hablaremos de ello en sucesivos capítulos.

Estado actual del Puesto de Escuadra

Durante los años 2008 y 2009 esta posición fue excavada por arqueólogos bajo la dirección de la Asociación “Espacios Para la Memoria”. En aquel momento se limpió y se acondicionó el Puesto de Escuadra, e incluso se colocaron sacos terreros en varias trincheras de los que aún queda alguna evidencia.

Las actuaciones estaban encuadradas en el proyecto del Parque Didáctico del Jarama, una antigua aspiración del Ayuntamiento de Rivas que no ha acabado de cuajar por distintos motivos. Esperamos que nuestro trabajo ayude ahora a este proyecto de recuperación histórica.

Las troneras de este fortín, estrechas y con forma de embudo, se encuentran bastante deterioradas, especialmente en su cara externa. Suele ser frecuente en restos de hormigón armado de la Guerra Civil, dinamitados o destruidos para conseguir su ferralla durante la posguerra.

No es este el caso, puesto que no se trata de una obra en hormigón armado, sino de hormigón en masa, carente de armadura interna o ferralla. Esta característica le resta consistencia, de ahí el derrumbe parcial de sus troneras.

Bunker republicano en el “frente del agua” en Paredes de Buitrago. Se aprecia la reutilización de varios elementos como ferralla del hormigón.

La inexistencia de armazón metálico no debía ser algo ocasional. La penuria de elementos básicos en el frente fue una constante durante toda la Guerra Civil, lo que forzaba muchas veces a suplirlos con imaginación. Cualquier elemento metálico como piquetas, somieres e incluso alambradas, fueron usados como sucedáneo de la ferralla por ambos bandos.

El blindaje de este Puesto de Escuadra debería corresponder con los generalmente usados por ambos bandos. Estas construcciones solían estar preparadas para resistir impactos del armamento de campaña, ya que durante la Guerra Civil Española sólo se usó puntualmente armamento pesado.

El modelo en 3D: la reconstrucción fotogramétrica

El vídeo de presentación del Puesto de Escuadra es un modelo digitalizado del resto real. Utilizando ese modelo en 3D hemos construído parte de la animación que presenta este elemento patrimonial.

La utilidad de la fotogrametría (técnica por la cual se obtiene un modelo en 3 dimensiones a partir de fotografías planas) es extensa. Al objetivo meramente didáctico, ilustrativo de un resto, se añade la posibilidad de poder visitarlo virtualmente. O incluso de poder reconstruirlo íntegramente, tal y como estaba cuando se hizo la fotogrametría, si el resto desapareciera.

Todo el proceso es posible hacerlo con Software Libre.

Actualmente, con una simple impresora 3D casera, se podría imprimir el Puesto de Escuadra a un tamaño reducido. Ya hay experiencias pioneras para imprimir modelos a escala 1:1.

Tenemos que advertir finalmente que tanto las trincheras como el Puesto de Escuadra, son bienes inventariados por el Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid y están sujetos a protección. No pueden ser alterados y su visita debe ser responsable. Señalamos desde estas líneas que no se trata de un lugar de juegos, ni apto para niños sin una vigilancia adecuada. Los restos entrañan un peligro de derrumbe cierto, por lo que no es conveniente aproximarse a sus paredes.

Este artículo se encuadra dentro la filosofía de trabajo del GIPL.

Bibliografía:

Arévalo Molina, Jacinto M. Historia de los Migueles. [Parque Didáctico del Jarama].

Castellano Ruiz de la Torre, Ricardo. Schnell Quiertant, Pablo. Arquitectura Militar de la Guerra Civil en la Comunidad de Madrid. CAM.

España. Ejército Popular de la República. Elementos de Fortificación. Grupo de Unidades de Fortificaciones y Obras. Barcelona, ca 1937. Archivo de la Ciudad de Arganda del Rey.

6 comentarios en “El Puesto de Escuadra del Cerro de la Oliva

  • Muy buen trabajo.
    Gracias a él, estos detalles no se perderán diluyéndose con el paso del tiempo y nos permitirán recordarlos siempre, para no repetirlos jamás.

    Reitero felicitaciones por el trabajo.

  • Hombre, qué bien, por fin quién escribe fortín y no búnker. Menos mal, qué bueno.
    Hay fortines soterrados, acorazados, blindados, etc.
    Pero es que cuando leo por ahí blogs dónde lo primero que veo es la palabra sajona “búnker” ya no sigo leyendo. Hasta podría admitir del italiano “casamata”; pero “búnker”, al igual que “tanke” en vez de carro de combate”, me pasa lo mismo.
    Y es que tenemos suficiente vocabulario aquí como para no emplear nada “alóctono”…en sentido figurado.

    Bueno fue que vinieran de fuera las Brigadas a unirse a los defensores de la República ante aquellos golpistas con en Innombrable a la cabeza; qué nos trajo de cabeza durante tantos años…Y que, por lo visto, parecía la cosa dormida durante los primeros años de la “Monarquía Parlamentaria” actual y está despertando en sus hijos y nietos. Una pena o un asco, según se vea.

    Un gran trabajo ése que tenéis en la recuperación de todos estos acontecimientos y sus vestigios.
    Excelente todo, lo leído, lo visto. Fantástico

    Saludos

  • Muy buen trabajo! Gracias por el esfuerzo riguroso por recuperar el patrimonio y su difusión! Y solo una duda, se habla de las fuerzas nacionalistas, y quizás no seria más apropiado, en este caso, citarlos por el nombre de “nacionales”, que es como se autodenominaban.
    Saludos desde Girona!
    Enric

    • Gracias a todos por vuestras observaciones y agradecimientos. Tomamos buena nota. Es agradable ver que nuestro esfuerzo sirve para divulgar el Patrimonio de esta zona de la región madrileña.
      Vaya por delante que nuestra labor responde a una afición que, convenientemente orientada, transforma nuestros ratos personales de ocio en útiles para todos y que, por lo tanto, tendrá las imprecisiones y vaivenes propios de esta naturaleza un tanto anárquica. No obstante trataremos de seguir escribiendo y organizando alguna que otra ruta por estos restos.
      Hablar de “nacionales” o “nacionalistas” siempre ha despertado recelos, lógicamente, al poner en el mismo plano semántico sentimientos nacionalistas legítimos, junto a otros marcadamente excluyentes y totalitarios.
      El Ejército vencedor redibujó un país a su antojo, conforme lo fue conquistando desde 1936, con el objetivo de adaptarlo al nuevo corsé que impondrían. Esa transformación pasó, como no podía ser de otra forma, por el lenguaje.
      La neolengua incluyó términos e ideas sin ninguna conexión con la realidad, cuyo único objetivo fue la manipulación y la reeducación del país, reescritura de la historia incluida. Huelga decir que su propósito nunca fue el de la comunicación, sino el de la denostación del contrario, y el de la apología y enaltecimiento del propio. Ambos bandos pecarían de esto, aunque en muy diferentes graduaciones y circunstancias.
      Nacionales” fue uno de esos términos viles. Es importante señalar que desde el punto de vista semántico “nacionales” eran todos. Todos lucharon por un modelo de su propio país, y todos cerraban discursos con vivas a España. En general, la prensa extranjera de la época hablaba de “nacionalistas” frente a “gubernamentales” o simplemente “republicanos“. Conferirse a sí mismo la “españolidad”, arrebatándosela al otro en el mismo acto, es un hecho que en sí mismo encierra infinita perversidad y extrema manipulación. No es ajeno a nuestro presente.
      Y ese es el quid de la cuestión. En la Guerra Civil Española se enfrentaron dos modelos de España, en lo económico, en lo social y en lo político. El modelo de unos era un Estado totalitario, ultranacionalista y centralizado. El de los otros era la otra cara de la moneda, liberal, de nacionalismos periféricos y federalista. Es decir un modelo (ultra)nacionalista español frente a otro representado por la República española. De ahí las denominaciones.
      La coincidencia en términos y la superación de estos conflictos, pienso que es una cuestión de madurez sobre la interpretación de nuestra propia histórica. De hecho no hay coincidencia real, porque hablamos de nacionalismos antagónicos.
      Pienso que interpretar correctamente nuestra Guerra Civil es una asignatura pendiente para todos (y me incluyo), entre otros motivos porque nunca se han superado sus terribles heridas.
      El lenguaje finalmente lo resume todo, como apuntaba acertadamente otro lector. De ahí la vital importancia de aplicar los términos correctos en cada momento.

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