Ruta por el Real Canal del Manzanares

De cuando Madrid quiso ser puerto de mar

ruta por el real canal del manzanares

En el siguiente capítulo de las rutas por el Real Canal del Manzanares, se describe la totalidad de la excursión haciendo el debido hincapié en cada hito o resto arqueológico. Para estar al corriente de esta ruta, no dejes de visitar las noticias del Parque Lineal del Manzanares relacionadas con el Real Canal.

El Real Canal del Manzanares

¿Madrid puerto de mar?

El Real Canal del Manzanares fue una enorme infraestructura hidráulica que la Corte española organizó y financió en el siglo XVIII para hacer navegable el río Manzanares. Aunque el proyecto data del siglo XVII, siendo regente el Borbón Carlos II, sería Carlos III quien ejecutaría la mayor parte del recorrido e instalaciones. Ya en el siglo XIX y tras la invasión francesa, el Canal quedaría en muy malas condiciones, por lo que Fernando VII lo reparó y lo mejoró, completándolo hasta la localidad de Rivas. La introducción del ferrocarril en el año 1851 acabó por cancelar una obra que desde el principio sufrió variadas dificultades.

El Real Canal del Manzanares partía bajo el Puente de Toledo, de donde captaba sus aguas, y bajaba paralelo a la margen izquierda del río hasta su desembocadura en el Jarama. Tras muchos esfuerzos, la navegación se hizo posible para pequeñas barcazas que partían o llegaban a Madrid desde toda la vega del Manzanares, todo ello posible gracias a un complejo sistema del que destacaban diez de sus esclusas. Aunque su uso fue destinado en un principio al transporte de materias primas y productos de cultivo, sería Fernando VII quien le añade un carácter lúdico. Para ello no dudó en embellecer el recorrido del Canal e incluso llegó a instalar una conocida residencia real en él, famosa por sus fiestas con todo tipo de personajes.

Tras el abandono del proyecto, los bienes del Canal fueron subastados y dejados a su suerte en diferentes manos, por lo que no se garantizó la continuidad de la infraestructura hidráulica.

En la actualidad el Real Canal del Manzanares se encuentra protegido como bien de nuestro Patrimonio Histórico. Desgraciadamente el tramo del canal más cerca del Puente de Toledo ha desaparecido por completo, conservándose la parte que transcurre por el tramo 2 del Parque Lineal y la que lo hace por el Parque Regional del Sureste, todo ello visitado por esta ruta que ahora os presentamos.

En muchos lugares, más conforme avanzamos aguas abajo, la estructura del Canal es evidente y se conservan todavía parte de sus instalaciones y esclusas. En esta ruta partiremos desde el primer punto conservado, e intentaremos recorrer el legado de cada una de estas infraestructuras, muchas veces desconocido y otras tantas veces maravilloso.

En todo momento haremos referencias a los artículos que el GIPL ha escrito sobre el Canal, en especial al del "Mapa e Instalaciones del Canal". Capítulos cuya lectura, por otro lado, recomendamos para una comprensión profunda de la ruta y de los tesoros arqueológicos que en ella encontraremos. Empecemos, pues, cuanto antes con ella.

Mapa de la ruta del Real Canal del Manzanares

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Nombre: Ruta del Real Canal del Manzanares

Medio: Andando / Bicicleta

Longitud: 12 / 20 kilómetros

Dureza: Baja / Media

Tipo: Histórica

Tiempo: 3-6 horas

Atajable: SI

Hasta la Casa de la Cuarta Esclusa

Patrimonio histórico de Madrid

Un instante de nuestra ruta pública por el Real Canal del Manzanares
Un instante de nuestra ruta pública por el Real Canal del Manzanares.
Foto: Rafael Jiménez.

Partimos bajo el antiguo puente del tren de Aranjuez, en terrenos del tramo 2 del Parque Lineal del Manzanares. Este puente de la primera línea férrea construida en Madrid, se encuentra todavía en servicio, ampliado en su parte norte por los modernos trenes de cercanías.

En el caso de estar haciendo la ruta guiada, partiremos de la estación de cercanías de VillaVerde Bajo y seguiremos la ruta marcada por la línea roja del mapa.

Inmediatamente después, pasamos a hacer nuestro recorrido por los caminos más alejados de la vera del río, cruzando por un puente peatonal a la margen izquierda del Manzanares. A continuación nos salimos de los populosos caminos asfaltados para circular por el camino del Malecón, que debe precisamente su nombre a su pasado como camino de sirga del Real Canal del Manzanares.

Nos encontramos por lo tanto en el lugar donde debió existir el Canal, sin embargo lo que hoy vemos son sólo un montón de pequeñas huertas apiñadas, protegiendo sus irregulares recintos con todo tipo de materiales. Desde pedazos de chatarra hasta puertas de madera que dejaron su uso original hace probablemente muchas décadas.

Sin mucho esfuerzo veremos un pequeño surco de agua que resulta ser el bisnieto de aquel Real Canal que fue gloria de Borbones. Sus aguas ya no vienen desde el Puente de Toledo, puesto que ese tramo se cegó hace más de un siglo. Ahora el Canal se nutre de los líquidos reciclados que aporta la depuradora de la China. Su uso tampoco es el que era, ya no navegan barcos por este triste cauce, ahora tan sólo son las aguas de riego que utilizarán estas y otras pequeñas huertas que veremos en todo nuestro recorrido. Tiempo habrá, a partir de este punto inicial, de reconocer en las huellas de la historia la grandeza de una infraestructura que hizo navegable al Manzanares.

Siguiendo por el camino del Malecón, dejamos a nuestra izquierda lo que poco a poco se va configurando como un ancho surco en la tierra. Salpicado de tierras de labor que ocuparon desde antiguo su cauce, no resulta difícil intuir el antiguo lecho del Canal. Esto se hace más evidente cuando nos acercamos a la primera de las esclusas de las que queda parte de su Patrimonio Histórico en pie. Hablamos de la Cuarta Esclusa.

Tras una marcada expansión del antiguo vaso del Canal, se esconde lo que antaño fuera el embarcadero de la esclusa, es decir, el lugar donde las aguas se remansaban justo antes de entrar, mediante procesos muy medidos por el peón conservador, dentro del vaso de la esclusa. Aquí paraban las pequeñas embarcaciones y esperaban su turno de acceso, e incluso se aprovechó el lugar para hacer las primeras pruebas con prototipos de pequeñas barcas a vapor.

El complejo de la Cuarta Esclusa es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del Parque Lineal. En este paraje funcionaba la esclusa número cuatro del Canal, junto a la cual se levantó la casa del peón conservador, también llamada Casa de la Cuarta Esclusa, y una pequeña caseta de compuertas, que repartía las aguas sobrantes de la navegación. No son las únicas construcciones relevantes desde el punto de vista histórico, ya que coexistieron antes o después con un pequeño palacete que usó Fernando VII como residencia de recreo y con un conocido molino que se utilizó, en la última etapa de uso del Canal, para fabricar pasta de papel. Hablamos del Molino de Cartón.

Parece obligada la parada en este lugar, puesto que los anteriores restos históricos siguen de alguna manera presentes en la zona, siendo muy relevante la Casa de la Cuarta Esclusa -o del peón conservador- que en la actualidad sigue en uso, arrendada a unos hortelanos de VillaVerde. El entorno es digno de ser visitado y si somos buenos observadores contemplaremos árboles centenarios. No hay vallas ni parapetos como en los huertos del comienzo, ni tampoco encontraremos dificultades en las personas que habitan la Casa, que son de amables costumbres. Por ello y porque nadie pone límites a nuestra mirada, seamos respetuosos con las zonas acotadas.

La Quinta Esclusa

Un superviviente en el Parque Lineal


Restos de la Quinta Esclusa

Sin salirnos del camino del Malecón, continuamos nuestra marcha hasta llegar a una subestación eléctrica que suministra energía a las líneas de alta velocidad que tenemos a la izquierda del trayecto. Justo pasada aquella, y oculta tras un pequeño bosquecillo de olmos negros, encontramos un gallipuente que prácticamente pasa desapercibido. Si lo cruzamos veremos los restos de la Quinta de las esclusas, de la que prácticamente sólo se salva el referido puente y una de las paredes de su vaso.

El conjunto ha sufrido mucho el paso del tiempo y probablemente se encuentre la mayoría de él semienterrado por los distintos movimientos de tierra que diferentes obras han efectuado en la zona. Dejamos al libre albedrío del excursionista indagar y encontrar abundantes sorpresas en esta zona que nos dirán mucho sobre la esclusa, sus peripecias a lo largo de la historia, y su funcionamiento.

La Quinta esclusa es un paraje mucho más importante de lo que puede parecer a simple vista. Bajo la sombra de sus olmos podemos aprender mucho sobre los métodos constructivos y el funcionamiento de estos ingenios de más de doscientos años.

Sexta Esclusa y Casa del Yeso

Patrimonio destruido


Lugar de la Sexta Esclusa

Seguimos ruta comprobando que la marca del Real Canal se va debilitando. Por momentos sólo se aprecia el canal de riego que ha logrado sobrevivir a los distintos usos que se la han dado a esta infraestructura hidráulica. No es casual, ya que el trazado original del Canal desapareció por estas zonas bajo las vías del AVE a Sevilla y bajo las del AVE a Barcelona, quedando visible a nuestros ojos un desvío muy descafeinado que poco tiene que ver con las dimensiones y formas del Real Canal original.

Tras cruzar las vías por el puente de servicio, cambiamos nuestro camino para viajar ahora pegado a los cerros. Llegando a una vistosa casa enlucida de color blanco, sabremos que hemos llegado a la Sexta Esclusa del Canal. Sobre los cerros, las ruinas de un lugar emblemático: La Casa del Yeso.

Junto a esta casa se alza con grandes dificultades lo que queda de la antigua casa del peón conservador, junto a la que debería existir la esclusa respectiva. No es así porque las mencionadas obras del AVE enterraron su infraestructura, dejando únicamente pequeñas pistas de su ubicación. Dejamos al viajero que las encuentre y que disfrute de un paisaje verdaderamente cautivador en este punto.

Séptima Esclusa

Patrimonio gravemente alterado

Recuperamos el camino que dejamos para visitar la Casa de la Sexta Esclusa, y continuamos hasta estar muy cerca del puente que cruza la M-50 por encima del Parque.

Estamos prácticamente en tierra de nadie. Acabamos de dejar atrás los confines del municipio de Madrid y entramos en los del de Getafe. Hasta aquí ya no llega el Parque Lineal del Manzanares, pero tampoco llega a empezar el Regional de Sureste. Son lenguas de tierra muerta, coordenadas condenadas por los caprichosos límites administrativos. Es precisamente aquí, junto a las ruinas reconstruidas de una vieja vaquería, donde se asientan los terrenos de lo que fue la magnífica Séptima Esclusa del Canal.

Poco o nada queda de la casa del peón conservador, encajada en los cerros y oculta tras toneladas de escombros de todo tipo y época. Pero menos aún queda de la esclusa, sepultada en este limbo administrativo y de desprotección arqueológica que acabamos de describir. Ya fuera por las obras de la M-50 o por las del colector municipal que pasa torpemente por su lado, de la esclusa tan sólo es visible un estribo del que fuera su largo gallipuente. No obstante, dejamos a la observación del viajero varias gratas sorpresas que no defraudarán al buen observador, si es que los años y el abandono no las devastan en este tiempo ingrato que se continúa viviendo en este paraje.

Aquí finalizaremos la primera parte de la ruta por el Real Canal del Manzanares. Daremos la vuelta por el mismo sitio por donde hemos venido, aunque hay posibilidades de cruzar el Manzanares y terminar en Perales del Río si se cree conveniente.
El siguiente tramo podrá ser ejecutado si se desea, desde Rivas-Vaciamadrid, en sentido inverso, aunque aquí sigamos el orden lineal sin ninguna interrupción.

La Octava en la Galiana

La mejor conservada de Carlos III


Gallipuente de la Octava Esclusa

Tras pasar bajo la M-50, cuya sombra podremos agradecer los soleados días de verano, nos adentramos en el Parque Regional del Sureste sin salirnos del camino. Dejando ahora a la derecha un surco muy clarificador de lo que fue el Canal, contemplaremos como el paisaje se vuelve mucho más duro, de naturaleza más sufrida, de tristes y grises cerros de yeso, salpicados por enormes especies arbóreas que hablan desde otros siglos muy diferentes al nuestro.

En general toda la ruta discurre por terrenos escasamente poblados de árboles y por lo tanto es complejo encontrar una sombra donde descansar. Este hecho, unido a la claridad de un terreno constituido básicamente por yeso, hace que el sol castigue con justicia nuestra piel. Aconsejamos cubrirse convenientemente y/o utilizar cremas protectoras adecuadas.


Vacas en el camino de la Novena

Gris y verde nos hacen un juego imposible a nuestra vista, sorprendiendo la retina y agudizando nuestros sentidos. La tierra, reseca por el fuego del sol sin sombras, hermanada con las líneas de vida que nacen de la humedad del río, acompañará desde este momento nuestro viaje por el Real Canal casi hasta su terminación.

Cuando nuestro camino se cruce, en una depresión de los cerros, con el de la Cañada Real Galiana, habremos llegado a la Octava Esclusa.

Desviándonos a la derecha de nuestro trayecto unos pocos metros por la Galiana, llegaremos a un magnífico puente que cruza el Canal. Es el gallipuente de la Octava. Podremos comprobar la solidez del mismo permaneciendo unos minutos en la zona, bajando con ciertas dificultades hasta tener a tiro de vista el arco de su ojo. Se trata de un puente construido en mampostería de piedra de yeso, de extraordinarias dimensiones para tratarse de un puente de esclusa.

La bajada hasta el surco del Canal en este punto es peligrosa. La zona ha sido desde viejo -y continúa siéndolo- un lugar de vertidos de todo tipo, por lo que podríamos introducir nuestro pie en lugares poco recomendables. Rogamos valorar este riesgo.

De robustez y perdurabilidad fuera de toda duda, hoy sirve de paso para el incesante tráfico de vehículos pesados que lo cruzan, muchos de ellos con origen o destino en la cercana depuradora del Sureste, otros pertenecientes al bullicioso trasiego que hoy caracteriza a la Galiana.

Desgraciadamente no podemos decir lo mismo de la esclusa, que aunque se halla aparentemente en relativo buen estado, resultará muy complejo para el visitante llegar a verla, pues se encuentra oculta con los parapetos interpuestos por los hortelanos de la zona.

No obstante, esta esclusa es, con gran diferencia, la mejor conservada de este primer tramo del Canal que aquí finaliza y que se ejecutó siendo rey Carlos III.

La Octava Esclusa ofrecería, de poderse ver al completo, un inmejorable testimonio de cómo fueron todas las esclusas construidas por Carlos III hasta este punto. Sus materiales, elementos, formas y especialmente su estado de conservación, son claves para interpretar la historia del Canal.

En este punto podemos abandonar la ruta y atajar por la Cañada Real Galiana hasta la vía ciclista de la carretera de San Martín de la Vega, pudiendo volver a recuperarla posteriormente en el mismo lugar si así lo deseamos.

Novena Esclusa

La más bella del Canal


Detalle de la escalera de la Novena Esclusa

Volviendo por nuestro camino y pasada la depuradora del Sureste, llegaremos a las inmediaciones de la Novena del Canal. Es frecuente notar un fuerte olor, que en esta zona derive más probablemente del inmenso secadero de lodos oculto a nuestra izquierda sobre los cerros, que por la propia depuradora que dejamos a la derecha.

En cualquier caso llegamos a la Octava. Desgraciadamente, e igual que en caso de antes, la esclusa se encuentra por completo en una zona vallada, por lo que intuimos sea de propiedad particular. Todo ello teniendo siempre en cuenta que en el municipio de Madrid el Canal es un BIC -Bien de Interés Cultural- protegido, mientras que en los municipios de Getafe y Rivas el surco del Canal está considerado en catastro como "Vía de comunicación de dominio público (datos)" o "Zona hidrográfica natural (datos)".

La zona es un auténtico laberinto de vallados, alambradas, cotos privados, parapetos, cercas y un sinfín de puertas al monte de legislación difusa. Pese al conocido refrán, recomendamos encarecidamente respetar estos límites, siendo muy recomendable dialogar con las personas que por allí encontremos.

Si tenemos la suerte de contemplar detenidamente esta esclusa, nos daremos cuenta de su belleza. Para nosotros sin duda la más majestuosa de lo que queda del Real Canal del Manzanares. Desgraciadamente su estructura está muy dañada pero conserva las esbeltas líneas, diseñadas en su día por los más modernos ingenieros de la Corte de Fernando VII. Su preciosa cantería berroqueña resalta especialmente con el resto de la construcción, hecho en granito.

En este punto el Canal lleva el agua que recibe desde las torrenteras de los cerros en las épocas lluviosas. El espectáculo natural combinado con la majestuosa infraestructura hidráulica, es impresionante.

El gallipuente está completamente conservado, así como el surco del Canal, que aquí parece no tener edad. Una amplia pradera salpicada de olmos y moreras descendientes de la historia, completan en este punto un paisaje evocador de otros tiempos.

Décima Esclusa

La mejor conservada

Sin salirnos del camino, vamos dejando atrás cerros coronados por cientos de pequeñas rapaces, las cuales no deben suponer una gran amenaza para los conejos que a cada paso se cruzarán en nuestro camino. El juego de río y montaña se conjuga en esta ruta comprimido en tan solo unos metros de anchura. A cada paso parece que nos adentramos en un mundo a escala del nuestro, donde las montañas son pequeños cerros y el río es aquel que deseó ser grande y navegable.


Arroyo de la Salmedina cruzando el camino

Lo notará el viajero o excursionista por una notable reducción del ancho de su calzada en varios puntos, donde muy posiblemente no exceda ésta de más de medio metro. Unido a estas pequeñas, pero siempre agradables dificultades, nos veremos obligados a vadear pequeños arroyos que normalmente no suelen llevar agua todo el año. El más importante es el de la Salmedina, cuyas aguas llegan a albergar anfibios durante ciertas épocas.


Casas del Canal

Así, entre cientos de estímulos para nuestros sentidos, habremos llegado casi sin sentirlo a la última de las esclusas del Canal, la Décima. En este caso, la instalación está pegada al camino y no hay valla ni parapeto que la oculte de los ojos del paseante. No por ello ha sufrido especialmente las agresiones del tiempo o de la curiosidad mal entendida, y es sin ningún lugar a dudas, la instalación del Canal en mejor estado de conservación.

En cuanto a su estructura es idéntica a la Octava, su hermana gemela, aunque en este caso el gallipuente haya sufrido algún moderno enfoscado de cemento.

Aquí, por fin, podremos contemplar sin ningún impedimento, una estructura hidráulica del Real Canal del Manzanares sin grandes problemas, al menos por el momento.

Puente del Congosto

El puente-acueducto más hermoso del canal


Puente del Congosto

Sin abandonar nuestro camino, dejaremos atrás y a nuestra izquierda un edificio que en su día debió servir a la última esclusa que acabamos de visitar y que en los mapas aparece señalado como "Casas del Canal", en donde podremos hacer una parada para descubrir ciertas sorpresas existentes en este lugar.

Más adelante, y siempre con el Canal a la derecha, veremos un impresionante puente de ladrillo y cantería caliza que cruza el cauce. Es el puente-acueducto del Congosto, que transportaba por encima personas y animales, junto con las aguas del arroyo del mismo nombre. Mientras que por debajo, por su único ojo, seguían camino las aguas del Real Canal.

Aún son apreciables las marcas que la sirga dejó en sus estribos.

Impresionante puente de indudable belleza. Parada más que obligatoria en nuestro camino.

El Puente de las Cambroneras

No es el que parece ser


Arroyo de las Cambroneras

Siguiendo ruta, llegaremos a un punto en el que el camino es literalmente cortado por el arroyo de las Cambroneras, con un importante caudal durante todo el año. Si seguimos su curso, en unos cien metros llegaremos al Real Canal, que habíamos dejado todo el recorrido a la derecha. En este punto las aguas del arroyo se embalsan a lo largo de todo el cauce de aquel, porque un muro de piedra en su borde derecho impide que sigan su curso hacia el Manzanares.


Instalación que se ha confundido con
el Puente de las Cambroneras.

Parece factible que el puente aquí proyectado -Puente de las Cambroneras- no se ejecutara nunca, porque esta parte del Canal desde la Décima Esclusa sólo fue una excavación de prospección que nunca llegó a ser navegable. En vez de una obra tan costosa, probablemente se optó por dejar que las aguas del arroyo alimentaran aquí las de un Canal sin grades exigencias, puesto que carecía de utilidad práctica. Para evitar que las puntuales avenidas del arroyo inundaran el cauce del Canal, se instaló una compuerta en el muro que hoy parece petrificada por la herrumbre. Unos metros más adelante se alzan unas casetas que son herederas de las del peón que operaba esta pequeña instalación.

Puente de los Migueles-Hundimiento

Un ejemplo de recuperación


Puente de los Migueles-Hundimiento

Al igual que el anterior puente, los equipos técnicos del rey Fernando VII diseñaron este que ahora podremos visitar. Partiendo desde el de las Cambroneras y con cuidado de no salirnos de la ruta, cambiaremos en unos minutos el camino de tierra, por el asfalto de una carretera de escaso tráfico que da acceso a unos viveros.

El municipio de Rivas tuvo a bien conservar el Puente de los Migueles por el que ahora cruza una carretera, pero no siempre fue así. Su utilidad original fue la de servir de paso al Canal sobre la confluencia de dos arroyos: el de los Migueles y el del Hundimiento, unidos aquí de manera artificiosa por la mano del hombre. Por lo tanto, cuando pasemos por él, lo estaremos haciendo por el mismo sitio por el que pasaban las aguas del Canal; un acueducto que funcionó hace más de ciento cincuenta años.

Los arroyos de los Migueles y del Hundimiento fueron desviados artificialmente para confluir en un solo cauce cuando se construyó el Real Canal. Ese cauce es el que hoy podemos contemplar, restaurado e integrado en un magnífico puente que ha sido reintegrado parcialmente en el entorno, que aquí ya parece urbano, de Rivas Vaciamadrid.

El embarcadero de Rivas

Un triste fin para un sueño ilustrado

Continuando por nuestro camino, vamos dejando a un lado la espectacular vega que forman los ríos Manzanares y Jarama en su sinuoso encuentro. Enmarcado por amplias planicies dedicadas al cultivo, el espolón de la Marañosa, en el fondo de cualquier fotografía que tomemos aquí, domina atemporalmente el lugar. Estamos en tierra de reyes.

Aproveche el viajero para hacer aquí sus fotos. El lugar desde luego lo merece.


La Marañosa vista desde nuestra ruta

Carlos II y después Carlos III intentaron terminar la obra que daría renombre europeo al Manzanares. Pero no sería hasta Fernando VII cuando el sueño de la navegabilidad madrileña pareció tocarse con los dedos en plena construcción del embarcadero que cerraría el proyecto: el Embarcadero de Rivas.

Nunca llegó a terminarse. Diferentes problemas de financiación y el posterior desinterés de la Corte en la utilidad del Canal, suspendieron las obras de este embarcadero cuando ya se llevaban adelantadas. De él sólo podremos encontrar un gran agujero en el suelo. Las ruinas de la casa probablemente desaparecieron bajo la modernización de la carretera de Valencia, y hoy sólo queda un edificio en ruinas, cuyos usos posteriores estuvieron más relacionados con la ganadería que con la navegación, pero que sin embargo nos dejará con la duda: ¿Sería este el lugar donde los barcos del Canal partirían su fantástico viaje hacia el Puente de Toledo?

Pistas las hay, pero deben ser analizadas por el viajero.

Llegamos a Rivas-Vaciamadrid

Nos espera la estación de Metro de esta localidad

Tras casi veinte kilómetros de recorrido, cabe la posibilidad, si los hemos hecho de una sola vez, que nuestros castigados huesos prefieran volver a su merecido descanso en transporte público. Nada más sencillo en este punto, puesto que la ruta hasta la estación de Metro de Rivas Vaciamadrid está puesta sobre nuestro mapa. Recordar que Metro permite la entrada con bicicleta si se cumplen unos requisitos. No obstante estos límites quedan muy reducidos si escogimos un fin de semana o un festivo para realizar esta maravillosa Ruta del Canal del Manzanares, que esperamos les haya gustado tanto como a nosotros nos impresionó en su momento.

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