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uta en bicicleta por la ribera del río a lo largo del Parque Lineal del Manzanares y continuando un tramo por el Parque Regional del Sureste. El recorrido se extiende por unos 35 kilómetros aunque es posible acortarlo e incluso hacerlo a pie tomando alguno de sus rutas alternativas. En el trayecto es posible localizar algunos de los lugares históricos más importantes del lugar, así como singulares puntos naturales de indudable belleza. Diferentes momentos históricos pueden ser visitados: época prerromana (carpetanos), Canal del Manzanares y Guerra Civil Española, entre otros. Además, el entorno se caracteriza por una belleza y fisonomía singular que sobrevive dentro del municipio de Madrid: terrazas y ribera del Manzanares, especies, vegetación y arbolado.
RESPONSABILIDAD Y LICENCIA: La presente ruta no está exenta de peligros que deberán ser valorados por el excursionista/visitante, quien deberá tomar las medidas apropiadas de seguridad. Es de suma importancia que se respete el entorno histórico y natural y que no sea alterado. En cualquier caso se deberá respetar la legislación vigente en cada caso. Esta web no se hace responsable de las acciones que cada persona pudiera tomar, o de las obligaciones y/o precauciones que cada interesado debiera establecer y respetar, así como de sus posibles consecuencias. El GIPL no se hace responsable de la exactitud de la información suministrada en esta web, que deberá ser utilizada bajo la única responsabilidad del visitante. Así mismo, si vas a usar o citar el contenido de esta obra, es necesario que observes los contenidos de la licencia.
Mapa de la ruta:
En nuestro camino por el Parque Lineal del Manzanares y Regional del Sureste nos encontraremos con más obstáculos puestos por el hombre que los puestos por la naturaleza. Vallas, parapetos, alambradas, carteles y un largo etcétera de puertas al monte estarán condicionando nuestra ruta con o sin la ley tras ellas.
Es evidente que antes de cruzar una valla debemos preguntarnos si es legal lo que hacemos o incluso si puede ser peligroso, puesto que la valla está ahí por algo, quizá como aviso de un posible percance. Pero quizá también debamos pararnos y preguntarnos qué o quién puede tapiar un camino. Evidentemente un camino de titularidad pública (de todos) no puede ser vallado por un particular para su propio uso y disfrute. Esto no ocurre con los caminos dentro de las fincas cuya propiedad sea enteramente privada, puesto que el camino lo ha hecho el dueño para si.
Hay una página en internet que puede sernos de muchísima utilidad: Google Maps con la Oficina de Catastro. En ella podremos ver las fincas, los caminos públicos, los privados e incluso los nombres de los lugares que visitamos.
Es de destacar que todo nuestro trayecto pasará por caminos de dominio público hasta donde llegue nuestro entender. En caso contrario trataremos de informarlo. Resulta muy interesante destacar cierta información que no todo el mundo sabe y que puede venir bien en caso de diálogo con el que pone las puertas al monte. Muy interesante es el hecho de que el surco del Real Canal está catalogado por los municipios de Madrid y de Getafe (no así Rivas, en donde el Canal casi desaparece) como "VT Vía de comunicación de dominio público", quizá también por considerarse dominio público hidráulico. Esto quiere decir que podemos empezar a andar en un extremo del Canal y llegar hasta Rivas sin obstáculo alguno (puesto que el Canal no lleva aguas). Ni que decir que evidentemente las Cañadas Reales son el mejor ejemplo de camino público.
El dominio público hidráulico del Estado, que ya hemos comentado para el Canal, estará presente en nuestra excursión, al menos representado por el Río Manzanares, pero también en los numerosos arroyos que vamos a cruzar. Tales aguas públicas deben respetar una servidumbre de 5 metros a ambos lados, para, entre otras cosas, el paso del público, nosotros mismos. Real Decreto Legislativo 1/2001 y Real Decreto 849/1986.
Nada más lejos de la realidad. Vallas que se introducen en el río, caminos cortados por alambres de espino, servidumbres inexistentes, arroyos detrás de puertas enrejadas... y un caótico repertorio anárquico de un sinfín de inventos con forma de puertas para el monte. ¡¡ Algunas correctas y otras claramente ilegales !!
Seamos correctos y siempre que sea posible dialoguemos con alguien de la finca. No suele ser bueno hacer las cosas a las bravas. Normalmente no se ponen trabas cuando uno lleva la sana intención de pasear, aprender y contemplar el espectáculo natural e histórico que nos ofrece esta ruta. Por lo menos a nosotros nos ha funcionado y nunca hemos tenido el más mínimo problema. Si todo esto no funciona (que ya es difícil) y creemos que se infringe la ley, denunciémoslo en el municipio correspondiente.

Podemos empezar bajo el puente del Tren de Arajuez, una obra que tras las modificaciones sufridas para introducir los modernos trenes de cercanías, casi permanece intacta. Aunque no es el puente original, sí tiene prácticamente la misma antigüedad, ya que el primero data de 1851 y su sustituto, desasentado por las riadas del Manzanares, de 1861. Este es el puente que podemos contemplar casi inadvertidamente entre el amasijo de hormigón que lo acompaña bajo el feo nudo supersur.
Pincha para situar el mapa sobre el puenteEn cuanto podamos cruzamos el río, tal y como muestra la ruta, para circular por el camino del malecón. Este no es otro que el añejo camino se sirga del antiguo Real Canal del Manzanares, por donde circulaban los animales de tiro arrastrando las barcazas que por él circulaban. Este camino servía también para el trasiego de personas, animales y bienes en torno al Canal y solía estar decorado con árboles de cierto porte a sus lados, primado las moreras. Muchas de ellas han dejado testigos en sus nietos a lo largo del camino del malecón, árboles que al buen observador no deberían pasar inadvertidos.
Vamos aguas abajo y dejamos a la izquierda las huertas de la ribera, que hoy ocupan en parte el antiguo cauce del canal, reducido en estos lares a un modesto valladar para el riego de pequeños cultivos. No es extraño cruzarse por aquí con cabras, que viven con cierta parsimonia su estado de inmigración ilegal. A la derecha una importante morera nos invita a parar bajo su sombra, de hecho el camino se bifurca en este punto como invitando a cambiar el sentido del camino.
Imponente, un sauce inserto, clavado, desubicado en el camino, tras el que se esconden decenas de huertas, como en tiempos más antiguos.
Desde las anteriores moreras ya se puede vislumbrar un precioso olmo en medio del campo de cereal. Es un olmo centenario resistente a la enfermedad de la grafiosis.
Su impresionante porte, nutrido de las antaño ricas esencias de las tierras del Manzanares, destaca en un amplio horizonte sesgado por las planicies de los campos de cultivo. En su tronco se aprecian los avatares de una vida plagada de dificultades, incluso en los últimos tiempos la grafiosis ha podido, finalmente, vencer al abuelo.
Aún así, bajo su copa es posible descansar del injusto sol veraniego o de las heladas invernales, quedando a buen seguro bajo sus paternales ramas. Una escena que difícilmente vamos a contemplar en ningún otro lugar de la geografía madrileña. Todo un símbolo para el Parque Lineal, y que no cuesta dinero.

Siguiendo unos minutos más por el camino llegamos a un cruce habitado en su lado izquierdo por el conjunto histórico más importante de todo el recorrido. La Casa de la Cuarta Esclusa fue la residencia de los trabajadores de la esclusa número cuatro del Real Canal. Pero también sirvió, en una de sus múltiples construcciones, como residencia real del borbón Fernando VII, quien junto a su séquito más o menos respetable, pasó largas jornadas en un paraje que fue embellecido para tales menesteres. En su día la zona llegó a albergar un conocido palacete.
Pinchando... y mostrando el embarcadero de la Cuarta... Hoy semienterrado., estamos entrando en el complejo histórico de la Casa de la Cuarta Esclusa.Pero no fueron las únicas compañías del díscolo regente. El bandolero Luís Candelas tambień era conocido por frecuentar la zona cuando era lugar de bullicio y fiesta.
No queda gran cosa de la esclusa, bajo toneladas de tierra, desperdicios y la vegetación que aún guarda la humedad del Real Canal. Tampoco queda mucho del molino que se levantó junto a la esclusa, el llamado 'Molino de Cartón', del que sin embargo si quedan sus muelas desperdigadas por el entorno y que no pasarán desapercibidas al buen observador.
No es extraño. Por la casa han pasado los planes de Carlos III cuando diseñó el Real Canal, Fernando VII y sus fiestas, el abandono en favor del ferrocarril y una Guerra Civil que la tuvo casi en el mismísimo frente del Parque Lienal. Después de todos ellos han pasado décadas de decadencia y olvido que a duras penas nos entregan un legado apenas visible.
El Real Canal sale a colación siempre. En cualquier historia que uno oiga del Parque Lineal, está el Canal, como un fiel notario de lo que todo allí ocuure, quiere dar fe. De hecho, hasta hace una década aparecía dibujado en los mapas modernos de Madrid como una linea azul de cierta relevancia, casi tanta como el río, bajo la que solía poner "Canal del Manzanares". No es extraño encontrar mapas importantes de este mismo año donde el Canal aparece referenciado fielmente.

El Real Canal fue concebido antes del propio Carlos III como un medio de comunicación para la capital del reino del que disponían otras ciudades europeas pero que Madrid no tenía al carecer esta de puerto marítimo. No fue hasta tiempos de este monarca cuando la Casa Real se hizo cargo del ambicioso proyecto que serviría para hacer navegable el Manzanares a través de un ingenioso sistema de esclusas.
Sin embargo el proyecto nace gravemente enfermo por las conspiraciones palaciegas, y es orientado a una vertiente poco práctica destinada a alimentar la apariencia y presitigio internacional de una corte venida a menos. Por ello no sólo no se planifica qué se hará con la navegación a partir del Jarama, ni se si irá hacia Lisboa o hacia Cádiz. Tampoco se tiene en cuenta lo irregular del caudal del Manzanares, ni las importantísimas inversiones que habría que hacer en la obra.
El proyecto se paraliza en la octava esclusa y no es hasta que Fernando VII encuentra en el paraje una belleza que lo cautiva, cuando se completa el Canal, pero en este caso dándole una vertiente más lúdica, para uso exclusivo de los caprichos reales del monarca.
En todo este tiempo el Canal ha estado circulando junto a nuestro camino, por la izquierda. No queda gran cosa, tan sólo un socavón en el mejor de los casos que recuerda vagamente lo grandioso de un proyecto abandonado. En su lugar fluye un canal de riego, mucho más angosto y con menos agua, que es lo que realmente aparece dibujado en los mapas. En la casa de la Cuarta Esclusa es posible ver con bastante claridad el ancho y las formas del Canal y en breve, cuando hayamos circulado un poco más en nuestra ruta, podremos ver restos realmente importantes.
Junto a la estación eléctrica de ADIF, que da servicio al AVE, se encuentra el deteriorado resto de la Quinta Esclusa. Sin embargo aún es posible encontrar bajo la sombra de sus olmos, los sillares de la obra, restos de las paredes y el milagroso puente de la esclusa. Milagroso porque aún, tras soportar el ir y venir de los camiones que construyeron las LAV, ¡sigue funcionando!
Vemos la situación actual de la Quinta Esclusa del Canal.
Siguiendo por nuestro recorrido, serpenteando a izquierda y derecha junto al Real Canal, llegamos a una de las infraestructuras más agresivas que cruzan el Parque. Tanto la M-45, como las vías del AVE son claramente visibles en este lugar y han dejado profundas secuelas, como por ejemplo la destrucción parcial del poblado prerromano de La Gavia.

El poblado de La Gavia era una pequeña ciudad amurallada de origen carpetano (celta) que existió entre el siglo III a.C. y el siglo III d.C. La fortificación se situaba encima de los cerros que bordean el Manzanares y aunque hoy está vallada y parcialmente protegida, se puede llegar trepando por los cerros hasta su mismo borde. La subida no es sencilla y en el camino tendremos que sortear los restos de otros habitantes en estas estribaciones y de sus hogares durante tres años: las trincheras de la Guerra Civil Española.
Sitúa en el mapa el poblado.Recurrente como el propio Canal, la Guerra Civil Española aparece y desaparece de todas las historias del Parque Lineal como un recuerdo que, olvidado, parece querer reclamar su lugar en la historia.
Sobre los cerros que estamos dejando a mano izquierda se levantaba (y se levanta) una de las formaciones defensivas mejor conservadas de la Guerra Civil. Era segunda linea republicana, puesto que la primera pasaba más o menos paralela a la Carretera de San Martín de la Vega (actual Avenida de los Rosales).
La cantidad y calidad de las construcciones se puede seguir apreciando hoy. Sin usar prácticamente el escaso hormigón que adolecía la República, a base de martillo hidráulico, pico y pala, se excavaron galerías, trincheras, polvorines, casamatas y puestos de mando e intendencia de muchos tipos. Las lineas defensivas son claramente visibles en el mapa de google, no obstante es posible superponer también el dibujo pulsando en el menú correspondiente de nuestro mapa superior.
En el mapa citado, se puede observar claramente la linea republicana de defensa (en color rojo), levantada con premura en noviembre del 36, durante la batalla por Madrid. En su parte más occidental, más cerca de los nucleos de población, se ha visto muy agredida por obras y otras acciones humanas, legales e ilegales, pero según avanzamos en el recorrido ganamos en conservación de los restos. En algunos, incluso, se alzan tras vallados.
Más hacia el este, la defensa republicana se amontona - fundamentalmente por la proximidad al conflicto del Jarama - y empiezan a aparecer sobre los cerros del otro lado del río Manzanares, las fortificaciones nacionalistas (en azul). Son los restos más septentrionales de la Batalla del Jarama que transcurrió algo más abajo. En la primera fase se alcanzó el objetivo nacionalista del pico de Coberteras, también marcado en el mapa.

Hay muchos restos de relevancia, algunos marcados y fotografiados en el mapa. Muy destacable la fortificación recién pasado el Poblado de la Gavia. Una casamata a la que se puede acceder por unos túneles que se encuentran en perfecto estado. Encima todo un sistema de dos lineas de trincheras, aunque muy afectadas por las obras que se acometieron para instalar las torretas eléctricas.
Casamata batiendo una posible incursión nacionalista por el valle en este punto exactoContinuando por el camino trazado, llegamos a la Casa de la Sexta Esclusa - nombrada en algunos mapas como "Casa de la Sixta" - remodelada en el siglo pasado. No obstante quedan los restos del antiguo hogar que cobijó al peón conservador de la misma, aunque no los restos de la esclusa, probablemente destruidos en la construcción del puente sobre la lineal del AVE que pasa justo a su lado.
Casa de la sextaPasamos luego bajo la M-50, cuya construcción acabó hace años con un puesto de mando republicano junto con otro importante hallazgo paleontológico del hombre neardental: el yacimiento de Casas Murcia, y es que Casas Murcia ha sido un punto de inflexión en la historia del lugar. Ahora tan sólo queda la impresionante sombra de la carretera de cricunvalación.

A la derecha de nuestro camino, por la parte del río, podemos observar parte de lo que fue la Séptima Esclusa del Real Canal. Hoy sólo es visible su enorme gallipuente, con largos y elevados estribos que arrojan una gran sombra en las fotos aereas del 56. En la zona las obras del visible colector de saneamiento municipal y las de la M-50, han provocado el soterramiento de los restos, o quizá de su destrucción.
No obstante, con cierto cuidado y retirando la vegetación, es posible ver el estribo del lado derecho (dirección aguas abajo) y parte del puente de manpostería de piedra de yeso de la zona.
En el mismo lugar quedan los restos de una vaquería del siglo XX, siendo perceptibles todavía algunos elementos como corrales, abrevaderos, fuentes, estancias, etc. Esta zona es la que se denomina como "Casas de Murcia", por ser propiedad de una conocida familia de terratenientes. Sobre la zona de la vaquería se ha reedificado varias veces durante siglos, y es en ese enclave donde pegado al cerro se levanta la casa del peón conservador de la Séptima del Canal.
Casas MurciaAvanzamos una decena de metros y nos cobijamos bajo la sombra del primer ramal de la M-50. Mirando a la izquierda un montículo de tierra recuerda lo que un día fue un fortín republicano de la Guerra Civil Española. En las tareas de desmonte fue sacado a la luz, además, entre las trincheras de la 4º División, un importante hallazgo paleontológico: "El yacimiento de Casas de Murcia o Casas del Canal", un hábitat de la II Edad del Hierro que, pese a estar afectado por la guerra y por la inmediatez de las obras de la M-50, fue recuperado y desalojado del Parque Lineal del Manzanares.

Unos metros más y a la izquierda podremos ver una mágnifica estructura defensiva de la Guerra Civil, esta visible desde lejos. Existe controversia en el topónimo del lugar y por algunos es llamado Cuevas de la Magdalena (al igual que las que se encuentran junto a la Gavia) mientras que por otros es denominado Cueva de la Bruja.
La oquedad que ofrecía la gruta natural fue aprovechada por los milicianos de la República para desde el interior abrir dos grandes troneras en donde se instalaron armas automáticas o antitanque que debieron batir buena parte del valle del río, muy próximo en este lugar. Aunque el sitio es accesible, no es fácil trepar y, una vez allí las cuevas ofrecen poca seguridad, con tragaluces aquí y allá que en un descuido pueden hacernos descender varios metros contra el suelo. Precaución.

Aunque no hemos encontrado documentación sobre ellos, a la izquierda del camino aparecen dos pequeños areneros junto a la senda. La historia geológica del cauce sur del Manzanares es rica en las arenas cuaternarias que en su día el Manzanares, siendo prácticamente un mar interior, arrastró desde la sierra madrileña y depositó en el entorno de lo que hoy es el Parque Lineal del Manzanares y Parque Regional del Sureste. Tras la Guerra Civil y a mediados del siglo pasado, la expansión del núcleo urbano de Madrid exigió una gran cantidad de materia prima para la construcción. De entre todo este material, la arena y el yeso fue extraído de estos lugares. Sin duda alguna podemos decir que buena parte de la Castellana tiene tierra del Parque Lineal.
Por entre las trincheras, cortadas en estos puntos por las máquinas que debieron sacar el material, se extiende, perpendicularmente al camino, varias galerías de lo que un día fue cantera. Las formas casuales abandonadas por el hombre y los colores pálidos del yeso, contrastan con el verde de la primavera o el amarillo del verano. Parajes realmente sorprendentes.
Canteras de arena y yesoA tan solo unos minutos a ritmo tranquilo, pasado uno de los puntos con más vertederos de los límites del Parque Lineal, el hedor de la depuradora del sureste es bastante desagradable y marca con su olor una zona de unos quinientos metros alrededor de la instalación. Hace falta estar acostumbrado para que la sensación no se aproxime a la náusea.
Mapa de la Galiana y la Octava del CanalAsí lo atestigua la valentía de las gentes que tienen sus carpas, casetas y tenderetes en las proximidades. Precisamente una de estas propiedades contiene en su interior la última joya que Carlos III dejó legada al Parque Lineal: la Octava Esclusa del Canal.

Desviándonos ligeramente de nuestro recorrido y tomando la Galiana a la derecha, dejamos a la izquierda la depuradora y en la otra linde del camino pequeñas propiedades de comprometida procedencia histórica. En una de ellas está, como decimos, olvidada, la octava.
En un aparente muy mal estado de conservación, el vaso de la esclusa, tras indagar entre parapetos, vallas y tablones de maderas que intentan ahuyentar las miradas curiosas, uno puede comprobar que desde viejo ha podido tener un uso, digamos de reciclaje. Toda la construcción es de manpostería de piedra de yeso y se deja atisbar algún ladrillo.
Pese a todo, es con diferencia la mejor conservada de todas las esclusas, cosa curiosa sin duda, y no digamos ya nada del gallipuente, una fenomenal obra de manpostería de la misma piedra del lugar que antaño soportaba las ganaderías de bovino que hoy todavía se ven en los alrededores. Hoy la estructura soporta desde vehículos particulares, hasta camiones de muchos ejes que van y vienen de la depuradora.
Por lo tanto, impresionante superviviente de la primera fase del Real Canal del Manzanares, no sólo por la resistencia de las añejas estructuras y su grado de conservación, sino también porque es testimonio vivo, quizá una copia exacta de las esclusas que ya hemos pasado y de las que poco o nada quedaba.
La ruta aquí oferta la opción de continuar por la Galiana hasta la vía ciclista de la M-301 (la que será Avenida de los Rosales al entrar en Madrid) y acortar nuestro recorrido. Interesante saludar a las vacas de la antigua Casa de la Torrecilla, con cara de pocos amigos, actitud esta muy comprensible por el olor que antes comentábamos. Ellas tal vez no se han acostumbrado.

Dejamos atrás la Galiana y no recortamos nuestro recorrido, el cual nos guarda las mayores sorpresas todavía. Casi sin darnos cuenta hemos dejado el Parque Lineal y nos introducimos poco a poco en el Regional del Sureste.
Sin darnos tiempo al respiro, el buen observador no dejará pasar de largo unas casas pegadas al borde del cauce del Canal, junto a ellas lo que parece un puente. Es la Novena Esclusa del Real Canal.
La Novena, escondida del camino.Es muy destacable que la esclusa se encuentra al completo en una finca privada o al menos vallada por alambre de espino, por lo que quizá sea muy recomendable (obligatorio tal vez) pedir permiso para acceder. Una vez dentro, el panorama es dantesco. La esclusa, de clase distinta a las anteriores, construída con materiales enteramente foráneos y de formas más modernas, fue la primera que mando ejecutar Fernando VII. Su contemplación es impresionante.
Aunque con buena parte de su estructura intacta (es perfectamente visible el encaje de los portones delanteros y traseros), su muro se encuentra muy debilitado y amenza inminente ruina. Pese a ello una silla descansa despreocupada bajo la sombra del gallipuente.
Si seguimos sin apartarnos del camino pronto encontraremos un pequeño manantial que cruza nuestro trayecto. Es el antiguo camino de Salmedina, un pequeño vado irrigado por varios manantiales, de aguas aparentemente cristalinas, y defendido por un peñón de la Guerra Civil que conserva sus trincheras en un estado impecable.

Tras unos minutos al reemprender nuestra excursión el entorno se va apoderando de un extraño encanto haciendo patente que la civilización quedó mucho más lejos que lo que un puñado de kilómetros pudiera pretender. Riscos con rapaces, caminos tapizados de vegetación, lugares yermos de la hostilidad yesífera, trincheras vigilantes...
Uno parece que está saliendo de Sleepy Hollow y al alzar de nuevo la cabeza para otear el horizonte descubre la mejor de todas las sorpresas. Junto al camino, casi intacta, entera, valiente como no podía ser de otra manera en este lugar, la Décima y última Esclusa del Canal nos mira burlando el paso del tiempo.
Mueve el mapa a la Décima Esclusa del Canal.Todos los elementos de estas obras hidraúlicas son visibles aquí, ofreciendo esta esclusa un magnífico ejemplar para el estudioso del Real Canal del Manzanares. Hasta los enganches en el suelo para el mecanismo de apertura de los portones, están intactos en su lugar. Junto a esta construcción, un Porche que posiblemente es algo más moderno y se usó para el ganado. Hoy está completamente derruído.
La Casa de la Esclusa se levanta unos metros más adelante. Semidestruída, jalonada por trincheras y restos de la contienda española, aún es visible el hogar del operario de la esclusa número diez.
Casa de la Décima Esclusa
Continuando, durante unos minutos no veremos más rastro de la historia que el de las vainas y las balas que un aguacero haya podido arrastrar hasta el camino. Aunque en apariencia sólo estemos en una senda polvorienta, lejos del mundanal ruído, es aconsejable hacer de vez en cuando una parada y perderse por entre los cerros, sus formas y sus recovecos, porque hay sugerentes vistas esperándonos.
No será difícil divisar al cabo de un rato el puente del Congosto, a mano derecha. Es un puente-acueducto dividido en su parte transitable por un muro que separaba las aguas del arroyo del mismo nombre de el del paso de ganado y personas, las primeras a morir al Manzanares y los segundos a engordar a los pastos del valle, al menos la parte animal del tropel que cada día cruzaría en este punto el vado del Canal.
Puente del Congosto
A partir del Puente del Congosto, el camino se hace más predecible y la presión de la urbe de Rivas se deja notar. La herida del Canal casi desaparece y las trincheras se esconden bajo campos de vides.
Tras pasar el arroyo del Océano nos encaminamos hacia el puente que cruza el Manzanares, junto al que se haya una Olmeda Resistente a la grafiosisDejamos el puente sobre el Manzanares atrás y ante nuestros ojos se levanta una valla que tapia el camino de lado a lado. Además, por los flancos alguien (imagino que el dueño de las tierras) ha soldado hierros para que especialmente no pasen bicicletas. Aunque ningún cartel avise, parece que los paseantes no están bien vistos. Bienvenidos a lo más profundo del Parque Regional del Sureste.
Cuando nos encontramos con esta situación frente al lugar conocido como "Casa de Eulogio", preguntamos a un señor que nos abrió la puerta amablemente - "No se debe pasar, pero se puede" - dijo - "Sobre todo por los cazadores" - añadió. Es cierto que hay cazadores pero es realmente muy complicado llegar a toparse con alguno, de hecho el camino está lleno de ciclistas y paseantes. Pero ojeando catastro pude llegar a la conclusión de que el camino fuera efectivamente privado.
Casa Eulogio
Lo cierto es que en el camino sólo permanecemos unos segundos porque al llegar a "Casa Eulogio" (hoy un todo un chalet) nos incorporamos al camino público de Rivas-Vaciamadrid. A la izquierda hemos diseñado una ruta alternativa para subir a los cerros y conseguir así una magnífica panorámica de todo el Valle. Además, nos toparemos con las trincheras nacionalistas de la ofensiva del Jarama, el flanco izquierdo (Coberteras) que cubría el empuje sublevado de la famosa batalla. Hasta aquí llegaron los ejércitos rebeldes, más al sur sucedió lo más trágico de la escaramuza.
Es destacable que al tomar dirección izquierda nos volvemos a encontrar con una barrera, esta vez sobre camino público, lo cual nos hace desmontar y volver a montar... Todo sea por la preciosa vista que está en lo alto del cerro.
Volviendo sobre nuestros pasos, y aparcando frente a Casa de Eulogio, podemos disfrutar de una trepada no muy intensa entre los pinos. La recompensa no es otra que un curioso edificio abandonado, con apariencia de haber sido una pequeña iglesia o capilla. No será la única en nuestro recorrido, como recordándonos que aunque Casa Eulogio sea ahora un chalet, a partir de aquí el tiempo parece haberse detenido a principios del siglo pasado.
No recomiendo seguir por esta ruta si el sol es de justicia. La tierra yesífera, clara, refleja la luz solar casi como si fuera nieve, lo que nos provocará quemaduras si no llevamos la protección adecuada. Además, pasado el pinar de Casa de Eulogio, no volveremos a ver sombra abundante en kilómetros. Por todo ello, si decidimos seguir, sería buen momento de hacer parada y fonda.

Seguimos y el paisaje comienza a cambiar. Al otro lado del río tenemos los escarpes del Manzanares que, desde aquí, parecen tan verdes... Muy al contrario, el aspecto del lugar actual es un tanto desértico, encantador por otro lado. De hecho al poco de estar pedaleando, después de pasar por alguna choza que nos trae recuerdos de la Matanza de Texas, pensamos que mejor venir acompañado a estos sitios. Ya es tarde, y por otro lado la curiosidad nos puede.
A la izquierda aparece el primer gran arenero, similares a los encontrados en el sentido opuesto, pero mucho más grande. Un cartel rojo, retorcido por la soledad de los años, nos dice lo evidente: "CANTERA", suponemos que más como advertencia que como panel didáctico.

El paisaje es ahora mucho más monótono y los cambios son mínimos, por lo que cualquier detalle es de agredecer. Las escasas casas a los bordes del camino o bien son señoriales, o bien sacadas de una película de terror. Pasados los minutos aparece de nuevo otro arenero, esta vez algo maś moderno. Quizá ya no sea posible volver a verlo porque en nuestra última visita varios camiones estaban vertiendo arenas de otros lugares en su interior. Cuando uno anda por este lugar del Parque Regional, siente como estar fuera de la ley, como si todo fuera extrañamente ilegal. Vehículos desconocidos en actividades sorprendentes, vertidos aquí y allá, caminos tapiados, siniestros agujeros en cualquier parte y una colección de actividades que nunca sospecháramos que existieran. Tiempo al tiempo, porque ruta queda.
Aunque luego nos enteramos que, por ejemplo, la arena que las tuneladoras del metrosur extrajeron en las obras, fue depositada en estos parajes, de manera evidentemente legal, no creemos que todo lo que se haga aquí sea igualmente lícito. Máxime si tenemos en cuenta que la zona está protegida medioambientalmente por la CAM.

Ahora entramos en una finca profanada, con cierto aroma a la retranca latifundista de siglos pasados. Entramos en la Aldehuela. Hemos estado varias veces y sólo una logramos quedarnos parcialmente solos. Desde fiestas donde el alcohol corre como corrió la sangre de cristo, por cierto, en una capilla muy cuidada, hasta paramilitares con banderas en las mangas, reconquistando la Aldehuela.
No han debido ser los únicos. El día que España jugó un partido de la copa de europa aquello estaba de bote en bote, pero son preferibles a los que de vez en cuando se pasan a hacer rituales satánicos. Así que, precaución máxima.

La Aldehuela era una pequeña ciudad con varios edificios en estado ruinoso (volver a extremar la precaución) que debió ser el corazón de un latifundio propiedad de unos marqueses, que por cierto continúan siendo sus dueños legítimos. En su interior hay de todo, casas para los aparceros (con número y todo), pequeña iglesia (cuantos pueblos la quisieran), pozos, galerías subterraneas (ojo con meterse), bodega (como no) y por supuesto las estancias nobles. Amén de establos, corrales, patios, etcétera.
No nos vamos a extender aquí mucho más sobre la Aldehuela, no es el lugar. Pero es llamativa la sensación al entrar de que nunca estás completamente solo. La bodega, por ejemplo, es un inmenso nido de golondrinas que ni siquiera se asustan cuando entras. La capilla, salvando detalles, está en un estado arquitectónico muy bueno, quizá desorientada entre las pinturas satánicas de quien no ha querido respetar lo que no es suyo, y sin embargo sigue imponiendo el rito de la liturgia que parece acompañarla aún.
Curiso lugar y curiosas sensaciones. Espero que aprendamos a respetarlo, si no es ya tarde.

Pasamos el E.D.A.R. del arroyo culebro y nos enfrentamos a un polvoriento camino castigado por el trasiego constante de camiones. A los lados varias veces es posible encontrar antiguas torretas de distribución eléctrica y moreras y olmos de cierto porte, todo ello perteneciente a un tiempo ya muy pasado, pero que aquí aún resiste.

A la izquierda un nuevo arenero, este ya muy explotado y que se está usando como pista de motocros. Muy recomendable tomar la bifurcación de la ruta a la derecha para así acercarnos al río Manzanares y contemplar el incomparable espectáculo de las cigüeñas. Cientos de ellas, procedentes probablemente del Parque Lineal y Parque Regional, se encuentran a veces en la zona.
Desde aquí podemos tomar la Cañada Real Galiana para en unos minutos estar ya en el carril bici de la M-301. Siguiendo esta vía ciclista, pasaremos por Perales del Río y tras pasar el poblado chabolista del Ventorro de la Puñalá, estaremos de nuevo en Madrid.
Cambiamos así abruptamente de paisaje, pasando del los extraordinarios rincones del Parque Lineal y su historia, a los que permanecen clavados en la linea del tiempo del Parque Regional del Sureste. Evidentemente lo que nos queda hasta el punto de partida, aquel puente del siglo XIX por donde pasaba el primer tren madrileño, es bastante menos excitante que lo visto hasta ahora. La uniformidad del marrón rojizo del carril, nos dará al menos oportunidad para pensar en todo lo que hemos visto y por todo lo que hemos pasado en esta preciosa ruta que, por supuesto, podremos haber hecho en varias veces.
Es imposible dejar de decir que el entorno visitado debe permanecer inalterado, en la medida de lo posible, a nuestra visita. Hoy, desgraciadamente, son varias las amenazas al Parque Lineal, las más poderosas aquellas que lo quieren transformar en un vertedero, las que lo quieren simplemente olvidar, o las que pretenden usarlo para instalar enormes obras que destruirán su fauna, su paisaje y su legado histórico.
Ejemplos no faltarán nunca, como el proyecto para instalar un canal de remo que destruiría los restos del 75% del Real Canal del Manzanares y sus instalaciones en el Parque Lineal , o el del proyecto para la implantación de una nueva vía de alta velocidad en los terrenos del Parque Lineal , que seccionaría y destruiría también importantísimos restos arqueológicos e históricos.
Mientras esperamos que se recupere el valor histórico y ecológico de estas riberas sofocadas por el maltrato ancestral, manchadas como nada por el paso de la historia, mientras tanto, no seamos nosotros quienes destruyamos este entorno y ayudemos a conservarlo para poder repetir estas sensaciones. Sé Parque Lineal, vive el Parque Lineal.
GIPL (some rights reserved). Este capítulo ha sido posible gracias a:
Autor: D. Vicente Núñez (vicente@parquelineal.es)
Documentación: D. Gregorio Sierra (gregorio@parquelineal.es) y Vicente Núñez
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