l Parque Lineal del Manzanares es un espacio verde ribereño de reciente creación (1998-2003) y aún no completado, situado en el tramo bajo del río Manzanares a su paso por la ciudad de Madrid -barrio de San Fermín en el distrito de Usera y barrios de El Espinillo y Los Rosales en Villaverde Bajo-hasta llegar a la pedanía getafense de Perales del Río. Este tramo del río y sus aledaños sufren desde hace décadas un grave deterioro ambiental debido a los usos y actividades desarrolladas en el: carretera M-301 a San Martín de la Vega, carretera de enlace entre la M-30 y la M-40 con la N-IV, autovías de circunvalación (M-30, M-40, M-45, M-50), nudos viarios (sur y supersur), tramo ferroviario de la línea C-4, línea del AVE Madrid-Sevilla, aliviaderos de los colectores de aguas residuales de la márgenes izquierda y derecha del Manzanares, estaciones depuradoras de aguas residuales de “La China” y “Butarque”, estación eléctrica transformadora de Villaverde, tendidos eléctricos de alta y media tensión... A esta lista hay que sumar las ocupaciones ilegales del dominio público hidráulico con proliferación de casetas y huertos en ambos márgenes, los restos de unos antiguos vertidos de escorias inertes industriales cuyo testimonio visual domina el paisaje en forma de gran pirámide truncada o zigurat -la conocida como “montaña de San Fermín”-, además de los restos del ya desmantelado poblado de realojo de Torregrosa, aunque todavía quedan algunas chabolas aisladas a lo largo del primer tramo y el poblado del “Ventorro de la Puñalá” en el tramo final.
Esta confluencia de actividades y prácticas peligrosas o marginales le ha valido a este tramo del Manzanares –unos 10 kilómetros desde el nudo sur de la M-30 hasta Perales del Río- el calificativo de “el sobaco de Madrid”. De hecho, el mal olor ha sido, junto con el ruido, la principal queja que los vecinos afectados han mantenido históricamente con las administraciones competentes: Ayuntamiento y Comunidad de Madrid. Un vistazo al mapa callejero de esta zona puede terminar de ilustrar el permanente avispero- enjambre junto al que viven estos madrileños del sur, y el marco en el que el río Manzanares se despide de la ciudad de Madrid para entrar en tierras getafenses.
Nota del GIPL. Aunque el autor habla del Parque Lineal del Manzanares dentro de sus límites administrativos, la realidad del parque lineal o parque fluvial excede de estos límites. Por ello, aunque este capítulo se circunscriba a dichos linderos municipales, la historia, el ecosistema y en definitiva la realidad del Parque Lineal del Manzanares entra en el Parque Regional del Sureste hasta la desembocadura del Manzanares en el Jarama, en Rivas Vaciamadrid. Esto es: el Parque Lineal tiene, como ha tenido desde tiempos prehistóricos, al Río como eje y sentido de su existencia y así se debe entender para la correcta comprensión del entorno.

Para compensar este desalentador panorama, el Ayuntamiento de Madrid decide emprender en 1998 un proyecto de rehabilitación del Manzanares y sus cauces, tapizando los taludes del río con escolleras y creando un carril peatonal y un carril bici paralelos que ocupan unos 5-10 metros a cada lado de las orillas y poseen algo más de 5 kilómetros de longitud, yendo desde el nudo sur de la M-30 hasta casi llegar a la M-45.
El parque fluvial comprende en la actualidad un primer tramo (Tramo 1) desde el nudo sur hasta el nudo supersur, de unos 3 kilómetros de longitud, donde se han llevado a cabo diversas y costosas actuaciones siguiendo un proyecto del gabinete del arquitecto Ricardo Bofill –auditorio o plaza verde, atalaya panorámica, paseo de los sentidos, pérgola, estanques, praderas, instalaciones deportivas-, presupuestado en su día en 10.000 millones de pesetas. En este primer tramo se ha ejecutado la “Caja Mágica”, una instalación olímpica para Madrid 2012 (ahora para el Madrid 2016), encargada al arquitecto francés Dominique Perrault, con un presupuesto de 30 millones de euros. Este primer tramo del parque lineal supone una superficie total de 200 Has.
Un segundo tramo (Tramo 2), de unos 7 kms, desde el nudo supersur hasta Perales del Río, sólo cuenta en la actualidad con la prolongación del carril peatonal y ciclista antes mencionado hasta casi llegar a la M-45. De ahí hasta Perales no se han acometido todavía las proyectadas obras: recuperación de márgenes, revegetación de riberas, prolongación del carril peatón/bici... Afortunadamente parecen descartadas algunas propuestas del proyecto original del ayuntamiento: campo de golf, club hípico, macroauditorio de música al aire libre... Este segundo tramo poseerá al concluirse un total de 400 Has de superficie y contaba en el año 2000 con un presupuesto de 15.000 millones de pesetas.
Una vez presentada esta joven área verde y su problemática, parece oportuno realizar algunas observaciones y críticas constructivas para conseguir una mayor rentabilidad social de los importantes desembolsos económicos que se están realizando.
La apuesta por convertir esta zona tan castigada en un parque lineal –o mejor fluvial- es muy adecuada, destacando como gran fortaleza, a nuestro juicio, la instalación de equipamientos blandos y relativamente económicos como el carril peatonal y carril bici que ha propiciado una excelente acogida vecinal, habiéndose dado fenómenos de apropiación del espacio y vinculación con el entorno por parte de los visitantes, especialmente los deportistas (caminantes, ciclistas y corredores) y las familias. La construcción del parque ha satisfecho la gran demanda vecinal de áreas verdes de proximidad; para muchos vecinos aquello ya no es un “espacio vacío” sino un “lugar con sentido” (definición de Enric Pol de apropiación del espacio).
En cambio, estos son, a nuestro juicio, los aspectos más criticables del proyecto:

En resumen ¿por qué no comenzar a diseñar las áreas verdes tratando simplemente de satisfacer las generalmente “sencillas y blandas” demandas vecinales (paseos, zonas de juego infantil, carril bici, áreas deportivas)? ¿por qué no destinar más dinero a la educación en el entorno en detrimento de las macroinstalaciones? ¿no hubiera sido mejor abordar el proyecto del parque como una red de paseos y áreas temáticas (zonas infantiles, campos deportivos, plantaciones adaptadas) en vez de recurrir al oneroso y duro paisajismo de atalayas, puentes, praderas y auditorios?
Comprenderá el lector que a pesar del criticable panorama que hemos desplegado, el lugar bien merece una visita. Queremos invitar a los amantes de la naturaleza urbana a buscar en la ribera del Manzanares a la garza, la gaviota reidora e incluso al martín pescador, a deleitarse con la flora silvestre –es el reino de las plantas barrilleras (familia de las Quenopodiáceas)-, a descubrir al altísimo cardo del diablo (Onopordum nervosum), a avistar sorprendido desde estos arrabales el lejano cordal guadarrameño o a contemplar un atardecer urbano. En definitiva, invitamos a buscar la belleza, ¿por qué no?, en este rincón.
Como dijo Francis Bacon “la naturaleza está a menudo escondida, a veces dominada, pero raramente extinguida”. El Parque Fluvial del Manzanares, que lo de Lineal suena frío y geométrico, es una bella y estoica demostración.
GIPL (some rights reserved). Este capítulo ha sido posible gracias a:
Autor: Pablo Llovera Serra (pablo.llobera@madrid.org)
Documentación y fotografía: Pablo Llovera Serra y Vicente Núñez (vicente@parquelineal.es)
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