Restos materiales de la Guerra Civil en el Parque Lineal

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Son numerosos los restos que la contienda dejó en el Parque Lineal y alrededores. Restos de munición, alambradas, metralla, o de distintos elementos de metal o de vidrio, continúan aún en los alrededores del PL, alimentando su valor histórico.

El armamento usado por el EPR fue sin duda escaso en relación al de sus oponentes nacionalistas. La enorme variedad de fusiles y armas automáticas de los que se valían los soldados del Gobierno, fue algo también muy destacable, dificultando en buena manera la instrucción de unas tropas inexpertas y sin mandos que conocieran el uso de los ingenios que se les entregaban con plazos brevísimos para entrar en combate.

Los restos en el PL de los que hablamos parecen corroborar este dato histórico.

restos munición guerra civilAlgunos restos de la munición usada en el Parque Lineal por el EPR. Vainas, balas y metralla. Salvo la uniformidad de la metralla lanzada por las bombas franquistas, las vainas son de de infinidad de calibres, países, años y fusiles.

Vestigios del armamento del EPR en el Parque Lineal

No es difícil encontrar, en un simple paseo por los caminos del Parque Lineal, los restos del armamento de aquellos que defendieron Madrid desde sus trincheras. Peines de los fusiles, balas, metralla y sobre todo vainas, pueden encontrarse en toda la extensión del Parque, más aún si nos adentramos en el Parque Regional.

peine para 5 cartuchos mannlicher guerra civilPeine para 5 cartuchos de un fusil Mannlicher 8x52R del año 1.888-1.890, arma austriaca de la 1ª GM. Un ejemplar bastante raro. Estas obsoletas vainas vienen sin marcaje alguno, salvo una de ellas, fabricada en Hungría en el año 1.920.

Todos los autores coinciden en que el material bélico de la República fue, en resumen, deficiente. Si bien dispuso de los mejores tanques y aviones del momento importados directamente de la URSS, su cantidad siempre fue inferior al alud de material llegado de la Alemania Nazi o de la Italia fascista.

Así, el material usado por la infantería fue, en conjunto, por varias razones, inferior al usado por los rebeldes. El aislamiento político del Gobierno Republicano hizo que las importaciones de material fueran muchas veces parciales, de muy diversa procedencia, equipando la mayor parte de la veces con fusiles, ametralladoras y munición de diferente tipo a hombres de un mismo batallón. Eso unido a la inexperiencia en el manejo de las armas de los milicianos era un cóctel con difícil sabor. Organizar y combatir en esas condiciones fue terrible.

Eso no quiere decir que, pese a la antigüedad de muchos modelos, algunos anteriores a la Primera Guerra Mundial, el material fuera objetivamente peor. El problema fue su pertinaz escasez y su desordenada variedad, que complicaba el aprendizaje y sobre todo el suministro.

restos munición guerra civilVaina de un cartucho 7.62x54R del fusil soviético Mosin-Nagant, usado en la Guerra Civil por la infantería republicana. También fue usado por las ametralladoras de los Polikarpov I-15 e I-16. Éste parece que fue fabricado en Magdeburgo en el año 1.917. El ejemplar tiene recortado el gollete y además aparece disparado, por lo que suponemos sirvió para armar otro tipo de fusil o simplemente para otro cometido. La escasez muchas veces obligaba a reutilizar munición de diferente calibre al que estaba marcado para cada tipo de arma.

En muchos casos las vainas aparecen sin la típica marca del percutor en su base, lo que indica que se extrajo la bala para vaciar su contenido. Eso debió ser un uso común para emplear la pólvora como iniciador de un fuego. Lo peor que tuvieron que soportar los soldados que estuvieron en las cuevas, las galerías y las trincheras del Parque Lineal fue, sin duda, el frío y la humedad procedente del río. El hambre palidecía ante la terrorífica sensación gélida de una noche de invierno enterrado en el agujero de una trinchera.

restos munición guerra civilVaina procedente de Hungría y fabricada en el año 1.920 (época de los Soviets). El oído de esta vaina está intacto y no aparece perforado por el percutor. El soldado nunca la disparó, si bien la abrió deformando la boca y el gollete para extraer su pólvora.
303 britishCartucho de calibre .303 British, en este caso de fabricación americana del año 1916 para el ejército británico. Estos cartuchos se usaron para varias armas, entre las que destacan el fusil inglés Lee Enfield y las ametralladoras Lewis. Probablemente un resto de serie de la I GM importado desde la Unión Soviética junto con los fusiles Mannlicher o los Lebel. Son los vericuetos de gran parte del armamento republicano.
Las ametralladoras que recibimos eran soviéticas y los fusiles ametralladores ingleses, y nadie, salvo yo, conocía su funcionamiento. Durante toda la noche del 27 al 28, en la casa que había en el empalme de la carretera Madrid-Cádiz con la que subía al Cerro de los Ángeles, me dediqué a enseñar a equipos de los cuatro batallones el manejo de las armas. Muchas veces, luego, los que estuvieron allí aquella noche me recordaban la impresión que les había causado que yo las conociera [...] (Preparación de la Batalla de Seseña)Closing Quote

"Nuestra Guerra. Memorias de un luchador" Enrique Líster

tintero guerra civilUn tintero del puesto de mando de la 4 División en el Parque Lineal. Pese a ser pasto de un incendio y de estar en mal estado, aún puede leerse en la base la marca "Waterman" y la palabra "Ink"

Las balas de Standard Eléctrica.

Cuando llueve, las aguas que recorren las trincheras de la Gavia traen recuerdos de la guerra. En las torrenteras es posible encontrar restos de los milicianos del Ejército Popular Republicano (EPR) que hayan resistido el paso del tiempo. Entre esos objetos encontramos cartuchos de los miles de tiros que debieron salir de los intrincados puestos de vigilancia milicianos.

El siguiente ejemplo es sobre la vaina (popularmente conocido como casquillo) hallada en una trinchera del Parque Lineal. La vaina contendría en su día el fulminante y, embutida en el extremo superior, la bala, que en este caso fue disparada. La vaina en cuestión es del calibre 7x57 mm, de los populares fusiles mauser.

El marcaje de la vaina durante la guerra civil fue muy controvertido. Frecuentemente se violaba el embargo impuesto por la política de “No Intervención” y los países no querían dejar rastro de su quebranto. También era norma no dar pistas al enemigo de las fábricas que abastecían a la tropa, para evitar los bombardeos de las mismas.

En este caso, el marcaje es simple, sin detalles. Tan solo una “M” en la base de la vaina. La factura de la pieza es de gran calidad, superior a lo que se solía ver en el frente, lo que ha suscitado alguna duda sobre su fabricación.

Vaina del cartucho "M", abundantes en el Parque Lineal

El único país del mundo que ayudó a la República Española ante la involución militar, fue Méjico. El compromiso del Gobierno de Lázaro Cárdenas del Río fue valiente en tiempos de una política internacional muy complicada. Desde el comienzo hasta el último día de la guerra, Méjico apoyó con todos los medios de su ejército la defensa del Estado Republicano. Las vainas del 7x57 fueron importadas desde este país. Al menos eso debemos suponer, porque fue la violación flagrante de un embargo.

Ahora bien, el significado de la “M” nunca ha sido descubierto, pudiendo ser perfectamente “Méjico” o “Madrid”, lugar en el que fueron usadas. El montaje de la cartuchería se hizo a ciencia cierta según todas las fuentes consultadas, en Madrid, más concretamente en la fábrica de Standard Eléctrica SA, quien las fabricó, cargó y recargó, para las milicias que defendían la capital.

Los "Chatos" en el Parque Lineal

El 13 de octubre de 1.936, fueron desembarcados en el puerto de Cartagena 13 aviones "Polikarpov I-15" transportados por el buque soviético “Bolshevik”. El 15 de noviembre de ese mismo año los I-15 tuvieron su bautismo de fuego en la batalla de Madrid. El “aporte” soviético a la causa republicana no fue jamás a fondo perdido y las unidades se pagaron con el “Oro de Moscú”.

”Chato” del voluntario Estadounidense Harold Dhal
Fuente: http://usuarios.lycos.es/mrodval/GC77901.HTM

Los Polikarpov I-15 fueron apodados por los milicianos con el sobrenombre de “Chatos”, por el característico gran tamaño de su morro plano. Este tamaño era el resultado de un enorme motor en un avión relativamente más pequeño, lo que le daba una maniobrabilidad sorprendente, por encima de sus oponentes alemanes e italianos (Heinkel He-51 y Fiat CR-32).

Harold Dhal posando junto a su Polikarpov en febrero del 37, durante la Batalla del Jarama. Fuente: http://usuarios.lycos.es/mrodval/GC77901.HTM

Esta misma característica unida a su corta longitud y al diseño de su tren de aterrizaje, hizo que el principal enemigo del “Chato” fueran los accidentes en la maniobra de aterrizaje, muy frecuentes debido a la inexperiencia de sus tripulaciones.

La actuación de los “Chatos” en la batalla de Madrid fue más bien moralizante, al actuar en dos únicas escuadrillas, sin que probablemente decantarán el triunfo de la batalla al Ejército Popular Republicano.

La población de Madrid sale a las calles a recibir al nuevo combatiente republicano Fuente: http://lacucaracha.info/

La aparición de los “Chatos” en la ciudad sitiada fue una inyección de adrenalina a una población que empezaba a ser duramente castigada, por vez primera en la historia militar. La población vislumbró en los cielos de la capital otros aviones que hacían frente y derribaban a los rebeldes, tras lo que decidió hacer caso omiso de las sirenas antiaéreas para salir a la calle a disfrutar de este truculento espectáculo. Es importante decir aquí que los aparatos de los que disponía hasta entonces la República eran obsoletos y en buena medida inoperativos, por lo que la sorpresa fue enorme tanto para los vecinos de Madrid como para los aviadores rebeldes, que vieron como se perdía la superioridad aérea que hasta la fecha habían mantenido sin apenas esfuerzo.

Tal fue la sorpresa por la irrupción de los “Chatos” en los cielos de Madrid, que al ser derribado el piloto Sergei Tarkov en plena batalla, este salta en paracaídas y al llegar al suelo es apresado por la población civil, sin probablemente llegar a escuchar las explicaciones del piloto soviético. Muere en el hospital Gómez Hulla el 20 de noviembre.

Sin embargo la actuación más importante de los “Chatos” en el escenario bélico de la provincia de Madrid fue en la Batalla del Jarama, donde combatieron al menos cuatro escuadrillas.

Las trincheras y distintas fortificaciones republicanas de la vega del Manzanares, bordeando el Parque Lineal, fueron el nexo de unión entre los ejércitos que defendían el sur de Madrid (Batalla del Jarama) y los que lo hacían de la toma directa de la capital por la zona de la Casa de Campo y la Ciudad Universitaria.

No es extraño por lo tanto hoy, al pasear por el Parque Lineal encontrar objetos que recuerden el hecho de que un día, tal vez en la Batalla de Madrid o en la del Jarama, los “Chatos” gobernaron el cielo de VillaVerde con sus dos ametralladoras Nadashkevich PV-1 de 7,62 mm a ambos lados del fuselaje disparando a través de los cilindros del motor.

Eslabón de la cinta de las ametralladoras del “Chato”. Parque Lineal del Manzanares (Butarque)

La cinta de la ametralladora de estos aparatos era del tipo “desintegrable”, esto es, que era expulsada al hacer el disparo. La cadena formada por estos eslabones desechables tenía como bisagras a las propias balas.

La hallada en el Parque Lineal es un pedazo de la original, muy probablemente porque al alcanzar el suelo se partían, y es de las usadas por los “Chatos”.

Cinta original del aparato. Sobre ella superpuesta la del Parque Lineal
donde se aprecia en rojo la parte que le falta.
Fuente: http://www.municion.org/

El total de “Chatos” recibidos por la FARE (Fuerzas Aéreas de la República Española) procedentes de la URSS, fue de 186 aparatos. España llegó a fabricar el I-15 hasta alcanzar la cifra de 300 aviones en total, de los cuales 63 ni siquiera llegaron a entregarse, siendo utilizados por la aviación Franquista varios años después.

Grupo de Investigadores del Parque Lineal del Manzanares (GIPL)