
En el Parque Lineal del Manzanares, entre el siglo III a.C. y el III d.C. se asentó un poblado carpetano del que hoy queda aproximadamente el 70% de su estructura. No fue ni mucho menos el único, aunque sí el más conocido del Parque Lineal. Ahogado ahora por las lineas de los trenes de Alta Velocidad y salvado en el último momento de su completa destrucción, sobrevive un icono de indudable importancia en la historia madrileña. Pero ¿quienes eran los carpetanos? Veamos una modesta introducción histórica para entrar posteriormente a la realidad del Poblado Carpetano del Cerro de la Gavia.
Los habitantes de Carpetania se situaban en el centro de la península Ibérica, abarcando aproximadamente las zonas de la Comunidad de Madrid y de Castilla la Mancha. Sus principales centros de poder fueron Complutum (Alcalá de Henares), Toletum (Toledo), Segóbriga (en la provincia de Cuenca) y Lamino, cuya ubicación original es hoy un enigma.
Es a principios del siglo II a.C. cuando empiezan a aparecer en la meseta central núcleos de población suficientemente complejos como para tener y desarrollar una personalidad y un estilo de vida propio. No se trataba de simples tribus locales y desconectadas sino de una red de poblaciones con un devenir común.
Distribución de los pueblos celtas e íberos en la penísula antes de la llegada del Imperio Romano. Su identidad social se puede concretar dentro de la etnia celtíbera, de la cual recibieron la mayor influencia. Los carpetanos fueron pueblos prerromanos que vivieron del pastoreo o de los pequeños cultivos, en aldeas de dimensiones modestas. Sus ritos fueron fundamentalmente celtas y su religión druídica, con referencias a más de 320 dioses distintos entre divinidades, espíritus, genios y diversos entes protectores sobre las facetas más cotidianas de la vida de un carpetano. Desarrollaron la escritura y llegaron a acuñar moneda propia en sus contactos comerciales con cartagineses y romanos, lo que da una idea del cierto esplendor que llegó a alcanzar este pueblo.
Muchas de las descripciones sobre las gentes y lugares carpetanos nos llegan de los romanos en los primeros años de nuestra era, pueblo invasor que se hará con el control de Carpetania hacia el siglo II d.C. Plinio, el griego Plutarco o el historiador originario de Alejandría, Tolomeo, entre otros, nos describen lo que era sin duda el modo de vida de las gentes que habitaban en aquel tiempo la meseta central de la península ibérica.
Los asentamientos carpetanos se localizaron cerca de los ríos y en pequeños cerros amurallados que dominaban el entorno fluvial. Las casas solían ser de planta rectangular, construidas con una mezcla de adobe y piedra -materiales encontrados en el propio entorno- dispuestas irregularmente en torno a una calle o lugar central, que debía recoger la vida cotidiana de los carpetanos. Estos hogares estaban en semipenunbra y el único origen de luz exterior era la propia puerta de entrada. Era habitual que este hábitat se extendiera a las cuevas naturales del entorno de los cerros.
Casa carpetana en el centro de interpretación de la Laguna del Campillo, al final del ManzanaresLos hombres debían cubrirse con ropas ásperas y oscuras de lana. Enrolladas en las espinillas protecciones de piel. Cuando su oficio no era el del pastoreo o las labores agrícolas, la cabeza de cubría con un casco de bronce con cresta de color rojo, completado por escudo redondo y espada de doble filo. Aunque no eran un pueblo belicoso, la delicada estabilidad de la época hacía que la guerra fuera una actividad de relativa frecuencia, ya que los terrenos donde se asentaron estuvieron disputados por romanos, cartagineses y lusitanos.
La sociedad carpetana estaba estructurada por una persona de gran relevancia en el poblado, rodeado de algunos hombres más, que regían el destino de la tribu junto a un senado compuesto por los miembros más ancianos de su población. En este estatus, los guerreros solían tener un peso específico importante.
La capital de este pueblo era la Mantua Carpetana, hoy una leyenda más que un hecho histórico contrastado, aunque según los expertos podría encontrarse entre Madrid y Toledo. Leyenda o no, no parece casual el encabezado del famoso plano de Madrid del año 1.656 en el que Pedro Texeira elabora el mapa antiguo de la ciudad más importante de la época. Es evidente que Madrid, de fundación y origen árabe, no era la Mantua cuya leyenda desde tiempos de Felipe II se había fraguado con esmero. Se trata más bien de un intento de borrar la memoria islámica del verdadero origen de Mayrit, entonces capital de un imperio en guerra contra los turcos.

Los pactos y las alianzas de los carpetanos variaron de un bando a otro durante las guerras que enfrentaron al Imperio Romano contra Cartago en el siglo III a.C., formando parte primero de las tropas cartaginesas para después pasarse al bando romano, quizá para solventar problemas económicos que a buen seguro mitigaría en parte la población enrolada. Se desarrollaba la Segunda Guerra Púnica en la que Roma terminaría por controlar Hispania.
Posteriormente las tropas romanas hacen sus primeras incursiones en el territorio de lo que hoy es Madrid entre el 191 y el 179 a.C. Sin embargo esta actividad militar no trajo la guerra ya que, diferentes pactos con las tribus carpetanas conservarían la paz durante más de 30 años. Las relaciones con romanos y cartagineses fueron muy frecuentes y permitieron el enriquecimiento y la aceleración del desarrollo de la sociedad carpetana.
En el año 147 a.C. el lusitano Viriato penetra en Carpetania para inestabilizar un territorio controlado por los romanos. La guerra terminaría finalmente decantándose del lado romano quien terminaría por controlar casi por completo la península ibérica y acelerar el cambio en las formas de vida originales.
Poco a poco se fueron abandonando los recintos amurallados tras la paz conseguida por Roma, para dar sentido a otros yacimientos del Parque Lineal del Manzanares: las villas romanas. Los núcleos de población comenzaron entonces a hacerse mayores y a dar mayor importancia a actividades de manufactura, al comercio y a la moneda. Se estaba produciendo un cambio en la estructura social y económica de Carpetania que terminaría por ser más o menos pacíficamente absorbida por Roma.
Por el equipo de investigación del GIPL